La Rioja

El fielato de la discordia: “Eran las viviendas de los camineros”

Hay dos edificaciones en el puente de Piedra de Logroño que dan la bienvenida a la ciudad a cuantos peregrinos se adentran en la zona riojana del Camino de Santiago. De planta baja y construcción sencilla, todo el mundo los conoce como los fielatos, pero la realidad pude ser bien distinta.

La teoría dice que se conoce como fielato a las antiguas casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías. Además de su función recaudatoria, servían para ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos que entraban en las ciudades.

Además, el caso de Logroño es especial porque la función del fielato iba mucho más allá. Esa entrada a la ciudad era frontera natural entre dos zonas diferenciadas, pues una disfrutaba de fueros y la otra no, por lo que además de cobrar las tasas por entrar mercancía en la ciudad se pagaban los impuestos por pasar de una zona a la otra.

Y si esas dos construcciones no eran fielatos, ¿qué eran? Miguel Angel Resa cuenta la historia de estas dos edificaciones que vivió en primera persona. Su padre ya vivió allí siendo un niño cuando su abuelo era caminero, antes de coger el testigo de la profesión e instalarse junto a su familia en una de ellas hasta principios de los años setenta.

“Recuerdo que fue por esa fecha cuando nos fuimos porque me acababa de sacar el carnet de conducir. Realmente, ninguna de las dos edificaciones era el fielato sino las viviendas de los camineros, que eran los que se encargaban del mantenimiento de las carreteras de la región”, cuenta, cansado de que se nombre como fielato lo que nunca lo fue.

“El fielato estaba justo en la esquina, recuerdo de niño jugar mucho por allí y ver cómo los que se encargaban de hacer los cobros pinchaban los carros de paja para ver si llevaban algo más en los carromatos porque había que pagar una tasa u otra dependiendo de los materiales que se transportasen”, explica.

Tanto su abuelo como su padre trabajaron como camineros para el Ministerio y éste les proporcionaba una vivienda para toda la familia, como en otras localidades riojanas. “En Calahorra también hay una barriada de casas de camineros. Recuerdo que en una época nos plantearon que nos trasladásemos allí, pero mi padre decidió seguir viviendo en la de Logroño”.

Nos acercamos hasta el puente de Piedra con él. Miguel Ángel aún vive cerca de la zona. Mira las edificaciones y las compara con las fotos de antaño que aún guarda. “Eran cuatro viviendas, dos en cada una de las edificaciones. En la mía vivíamos cinco personas y aún recuerdo que cuando nació mi hermana, como era chica, mis padres tuvieron que hacer una habitación anexa en el corral del que disponíamos para que tuviese una habitación para ella sola. Además tenía una especie de altillo, se bajaba una escalera y se accedía a él, allí guardábamos de todo”.

Dos camineros más, además de su padre, vivían con sus familias en las otras dos viviendas. La cuarta estaba destinada al encargado. Miguel Ángel vivía en la que se encuentra en la que está más cerca de la carretera, que ahora está cerrada. “Ahora la puerta está en el lateral, pero antes estaba en la zona frontal; además, teníamos un corral en la parte de atrás de cada vivienda: nosotros teníamos gallinas y conejos”, recuerda.

Incluso aún conserva una foto en la que se ve el verdadero fielato. Una caseta muy pequeña de tejado de ladrillo que se encontraba justo al lado de su casa. Recuerda cómo los niños jugaban por la zona mientras los carromatos paraban para pagar las tasas correspondientes. “El barrio ha cambiado mucho, antes había en la zona una serrería y otros negocios, recuerdo que hacíamos hogueras en la calle y que los chavales nos pasábamos el día jugando por la zona”, cuenta.

No entiende por qué el malentendido de confundir lo que eran las casas de los camineros con el fielato. “Cada vez que lo leo en algún sitio o se lo oigo decir a alguien me enfado bastante porque la realidad no es esa”. Él, que tuvo la oportunidad de vivir en un lugar tan especial, lo sabe de primera mano.

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