CARTA AL DIRECTOR

‘¡Vivan los benzopirenos!’

En los últimos meses estamos cada vez más acostumbrados a la «doctrina de la revelación del borreguismo», la cual consiste en que algunos adelantados a nuestro tiempo y a nuestras ideas nos iluminan acerca de cómo no nos damos cuenta de hasta qué punto nos manejan y formamos parte de una conjura laica en la que la condición humana queda subvertida por el mecanicismo de unos cuantos políticos que lo que quieren es anular nuestra razón.

En Logroño, a propósito del debate ciudadano con ‘Calles Abiertas’ y la movilidad sostenible, lo que debe priorizarse es que estamos ante una crisis climática, y si una Filomena y dos olas de calor tan extremas en el último mes no han sido suficiente, esperaremos a ver todos nuestros bosques destruidos por los incendios o recibiremos con cuatro cerillas al largo invierno que nos asolará en nuestras (mal) climatizadas viviendas. A veces necesitamos las estéticas del apocalipsis para darnos cuenta de que algo está sucediendo.

Sin embargo, pese a todo ello, lo único que escuchamos es cómo la mentalidad de rebaño nos hace seguir a pies juntillas el paso elevado de la calle ‘Tal’ y la peatonalización de la calle ‘Cual’. El carril bici de la calle ‘Beee’ o la acera pintada azul de la calle ‘Muuu’. Se conoce que antes de todo esto la planificación urbana no era dirigista, y cuando íbamos con el coche por una calle de dos carriles sorteando dobles filas era un ejercicio pleno y autónomo de libertad, y cuando nos tiramos tres horas de una tarde de verano siguiendo flechitas por el Ikea estamos siendo dueños de nuestro propio destino.

Estos individuos que ejercen de predicadores son como el iluminado que en la película ‘2012’, de Roland Emmerich, anuncia el fin del mundo pero se queda delante del cataclismo para ver cómo lo arrolla en primera persona. No habrá suficiente pérdida de la biodiversidad, aumento de la temperatura global, contaminación del aire, pobreza energética, inseguridad alimentaria o destrucción de los recursos naturales para darnos cuenta de que estamos en un momento de desbordamiento del planeta.

Sí o sí nos toca redefinir el concepto de «habitabilidad» en las ciudades, sin embargo, algunos seguirán con el gorro de papel de plata quejándose por no poder aparcar en doble fila para tomarse un vino en un bar. Yo me pregunto, ¿cuándo abandonamos la concepción de la política por la que ésta consistía en racionalizar intereses para construir normas que definan nuestra vida en común? Usar menos el coche, circular a 30, que haya aceras más amplias y más autobuses no es un agravio para ti. Al igual que no dejarle a un niño comer chucherías todos los días tampoco lo es. Seguir las normas no te convierte en idiota.

Algunos quieren replicar lo que diría hoy si pudiera el General Millán Astray: «¡Vivan los benzopirenos!».

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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