Agricultura

Uvas abrasadas, cosecha mermada

Las altas temperaturas de los últimos días dejan racimos enteros abrasados

Un racimo de tempranillo abrasado por el calor junto a otro sano, en un viñedo en Haro

La agricultura riojana sufre una ola de calor sin precedentes. Más de cuarenta grados en numerosos puntos de la región durante varios días. Esta ya deja su huella en los frutos que se recogerán durante los próximos meses. Un paseo de domingo por las viñas y un poco de agudeza visual para encontrarlos es suficiente.

Granos mermados, abrasados, como si de pasas se tratasen. Brazos de racimos totalmente perdidos. Javier Aricuren ha hecho repaso de los efectos en sus viñas de Quel y alguna parcela registra un daño de hasta un 15 por ciento, calcula. Es una de graciano, concretamente, una variedad especialmente sensible a estos golpes de calor y plantada en 2017, por lo que ser tan joven tampoco le beneficia. Poco importa, además, que las cepas estén a 600 metros, porque este calor no da tregua a ninguna altitud y apenas se puede hablar de una diferencia de uno o dos grados.

«Es cierto que los granos abrasados son los que estaban más expuestos al sol y, aunque vengan más episodios de calor, esas bayas seguirán haciendo de muro de protección para el resto del racimo que se mantiene sano», explica el bodeguero riojano. Eso sí, la merma para esta próxima cosecha está asegurada tras estos episodios mientras el desarrollo vegetativo de la vid avanza como puede, con menos agonías en las plantaciones que cuentan con sistemas de riego.

Un racimo de graciano abrasado por el calor, en un viñedo de Quel.

Arizcuren asegura que se han dado las peores condiciones justo en un momento en el que el envero no ha llegado (apenas ha localizado alguna muestra en viña a unos 400 metros de altura): «Los tejidos todavía están verdes, por lo que están más débiles y sensibles. Si esta ola de calor llega a venir en quince días después, el problema hubiera sido menor». Las quemaduras también se extienden por alguna garnacha joven y mazuelo, pero de forma más puntual en aquellos racimos que han estado más expuestos.

«Poco podemos hacer ya, así que toca pensar a futuro porque quizás haya que trabajar para que los racimos queden más sombreados valorando los diferentes sistemas de conducción del viñedo y la orientación de las nuevas plantaciones», señala Arizcuren.

Para empezar, una de las primeras conclusiones que saca es que tal vez el año que viene maneje esta viña de graciano tan dañada «en un cordón libre y no en una espaldera estricta para que vegete de manera más abierta y los propios sarmientos den algo de sombra. Al final no podemos cambiar el clima, pero sí adaptarnos a sus episodios más extremos», valora.

Un racimo de graciano abrasado por el calor, en un viñedo en Villamediana de Iregua.

También en una viña de graciano de Villamediana de Iregua han aparecido granos completamente abrasados por encontrarse en la cara que reciben el sol del medio día y la tarde. «El daño percibido va desde algunas partes de racimos hasta otras cepas que están completamente quemadas, donde ningún racimo se ha salvado», explica María Santolaya, de Bodegas Roda, sobre esta parcela de uno de sus proveedores.

Estima que tendrá un 30 por ciento de daño en total, «algo que nunca han experimentado a causa del calor porque tampoco se habían dado estas temperaturas durante un periodo de tiempo tan prolongado». Y la preocupación se fija ahora en las próximas semanas ante la continuidad de esta ola de calor, «porque de seguir así, habrá más uvas quemadas, sobre todo en aquellos viñedos que han sido deshojados».

Las labores de identificación de la responsable de Viticultura de Roda, sin embargo, han destapado «bastantes daños también en cepas del entorno de Haro, y no solo en graciano y mazuelo, sino también en tempranillo y garnacha. Además, las condiciones son tan graves que los efectos del calor los estamos viendo en cualquier tipo de planta, no solo en las que están más expuestas al sol».

Una sequía continua

Eduardo Nestares también ha visto sufrir a sus cepas, pero no por esta reciente ola de calor , sino por la sequía que arrastra el campo desde hace meses: «No hay racimos quemados como tal, pero la planta está tan estresada que ya comienza a perder las hojas y, obviamente, estas últimas calores no favorecen nada»

Este viticultor e ingeniero repasa esta viña de tempranillo blanco plantada en el término del Monte Cantabria y aventura que «habrá entre un 40 y un 50 por ciento de daño seguro a día de hoy, así que se va a quedar una vendimia muy corta, sobre todo en el viñedo en secano».

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