La Rioja

Poca regulación y geopolítica: desafíos para el control de la basura espacial

Eduardo Palacios

La multiplicación en los últimos años de redes de satélites y la previsión de que esa tendencia continúe obligan a los gobiernos a tener un control cada vez más preciso de la basura espacial para evitar accidentes, pero la falta de regulación en este campo y las tensiones geopolíticas entre potencias cada vez complican más esta tarea.

Así lo ha explicado el profesor de Bioingeniería e Ingeniería Aeronáutica de la Universidad Carlos III, Manuel Sanjurjo, que participa en Logroño en el que Congreso Internacional KePASSA sobre la «gestión segura del espacio», al que asisten algunas de las principales autoridades mundiales de la computación aplicada a la gestión de la basura espacial.

El congreso, organizado por el Centro de Computación Científica e Innovación Tecnológica de la Universidad de La Rioja (SCoTIC), aborda los últimos avances en la predicción eficiente de posibles colisiones de satélites espaciales, bien entre sí o con otros objetos, que son los denominados «basura espacial».

Durante tres jornadas, se ha debatido la necesidad de alertar a las agencias internacionales que controlan la posición de los satélites artificiales para que tomen las medidas necesarias que eviten su posible destrucción por choque.

Sobre todo, porque los alrededor de 1.500 satélites en órbita baja, tan solo para facilitar el acceso a internet, «pasarán a ser más de 40.000 en los próximos años», lo que implicará aumentar también de forma exponencial el riesgo de colisión, entre sí o con otro tipo de instalaciones espaciales, como la Estación Espacial Internacional.

Pero, más allá del servicio de internet, «en órbitas bajas puede llegar a haber ya 5.000 satélites, pero, con el lanzamiento de constelaciones que está previsto, en una década podemos llegar a 100.000 y gestionar eso es complicado», ha alertado.

Alrededor de la tierra, ha detallado Sanjurjo «hay un verdadero cinturón de basura», con alrededor de 30.000 objetos que miden diez centímetros o más, «aunque si se piensa en los que miden un centímetro, la cantidad se multiplica por diez».

Las principales agencias espaciales del mundo cuentan con telescopios y radares dedicados de forma específica a realizar «un catálogo» de esos objetos, con el fin de fijar su posición en el espacio y, así, evitar colisiones que «podrían llevar a la caída de un satélite», ha reconocido, «y si pasa, hay que saber dónde van a caer».

Para cumplir este trabajo, ha dicho, «es muy importante que todo el mundo que trabaja en esto comparta datos» y «hasta ahora se estaba haciendo, parecía que hablábamos de un trabajo colaborativo, pero, con la situación política internacional, todo se ha complicado».

Ello se debe a que los datos obtenidos por científicos rusos se comunican menos y tampoco China tiene un flujo de información totalmente abierta, ha detallado.

EFE/Raquel Manzanares

No obstante, sí que a nivel internacional «el objetivo es llegar a tener un sistema totalmente automatizado de seguimiento de la basura espacial».

Quin más apuesta por ello es Estados Unidos, que solo entre 2015 y 2020 invirtió 1.000 millones de dólares en crear este tipo de tecnología, en la que también se trabaja desde la Unión Europea, ha explicado Sanjurjo.

«La pregunta ahora, además de avanzar en el control de la basura espacial, es saber si llegará un momento que habrá tanta que no se podrán lanzar más satélites» y, por eso, «se tiende a reciclar los satélites al final de su vida útil», ha asegurado.

Pero a la vez que los científicos y los gobiernos avanzan, surge otro problema, el de que «este es un campo en el que no hay regulación» y eso depara situaciones como la sucedida hace meses, cuando Rusia probó un misil antisatélite y la basura que eso generó «provocó muchas alertas de posible colisión durante mucho tiempo».

«Me gustaría pensar que no tenemos que esperar a un accidente grave para que haya conciencia de que esta es una cuestión que debe regularse», afirma este profesor español, quien admite que «es poco probable que un satélite ‘gordo’ caiga».

Sin embargo, «es más factible que ocurra algo que impida utilizar órbitas bajas y eso sería catastrófico» porque «el mundo entero es dependiente de los servicios que se dan desde ahí y no existe una alternativa», por ejemplo, para compartir datos de internet a una determinada velocidad.

Por ello, los especialistas inciden en que «los políticos deben ser conscientes de que esta es una cuestión que debe estar regulada» y «se debe potenciar la colaboración entre los países» para «organizar algo que es vital para el mundo como lo conocemos y para el progreso», ha concluido.

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