Especial Enoturismo

Las 111 cúpulas que guardan el tesoro de Olarra a orillas del Ebro

Las tres naves que componen Bodegas Olarra, que el próximo año celebrará su medio siglo de vida, son un ejemplo de «arquitectura icónica, única en Rioja» que el arquitecto Juan Antonio Ridruejo supo adaptar al trabajo propio de este tipo de empresas para crear un entorno funcional, pero bello al mismo tiempo. Cuando el visitante da un paso adelante y se adentra en esta bodega logroñesa ubicada a escasos metros del río Ebro lo hace con una copa del blanco Añares para empaparse de la historia formada a lo largo de todos estos años involucrando a todos los sentidos.

Maite Soria, directora de Marketing y Enoturismo, coge las riendas de la visita y asciende escaleras arriba para vislumbrar lo que parece ser el interior de una iglesia o catedral con esos altos techos en forma de cúpula. «Incluso con los tonos rosados de las cristaleras recuerdan como si de vidrieras de un lugar religioso se trataran», apunta.

Continúa el recorrido por otro de los elementos icónicos de Olarra, las escaleras de hormigón de caracol «revestidas con tablas de madera colocadas una a una como hacían antaño», dirige al que es sin duda la joya de la corona de la que todo el equipo presume: la sala de barricas. «Son un total de 111 pequeñas cúpulas que también reflejan la pasión del arquitecto por las formas geométricas con esas construcciones hexagonales. Y entre ese techo interior y el tejado exterior existe una cámara de aire que funciona como un perfecto aislante térmico para asegurar la temperatura de nuestros vinos», describe Soria, mientras recorre este laberinto de barricas.

Un recorrido subterráneo por el botellero con jaulones también de madera y en el que no falta una visita al cementerio, donde reposan tras unas puerta de hierro aquellas primeras añadas de la bodega, que comenzó a elaborar en 1970, o las que mayores alegrías le han dado a Olarra. Y de ahí, salida directa al recién reformado «domicilio social», como le suelen llamar, por ser este un lugar encuentro entre amigos y clientes donde el disfrute de un buen vino y la gastronomía más selecta está asegurado.

Con una estructura también hexagonal, el espacio se distribuye en varias alturas con seis salones en cada una y una gran chimenea con asador que cuelga desde lo alto del techo. «Es, sin duda, un espacio muy polivalente porque aquí se puede realizar cualquier tipo de evento privado para empresas, reuniones, comidas, cursos de cata para hasta 25 personas en nuestra sala de catas habilitada y, por supuesto, venir a degustar cualquiera de nuestros vinos en el wine bar con vistas y salida directa al viñedo que rodea la bodega», concreta la responsable.

Actividades que habilitan, eso sí, bajo petición y en horario de martes, jueves y sábado. La visita habitual, con recorrido guiado por las instalaciones de la bodega y cata final en el wine bar se puede reservar a través de la página web, mientras que el resto de opciones dentro de la amplia oferta enoturística de Olarra se deben solicitar por teléfono: «Antes de la pandemia organizábamos visitas cada fin de semana de hasta 60 personas, pero eso ya se acabó. Ahora buscamos un turista que verdaderamente le interese el mundo del vino, así que el status de la visita también ha variado con un precio más elevado pero un servicio a la vez más personalizado y de gran contenido para que quienes nos visitan se conviertan en embajadores de Olarra y creen ese beneficio a posteriori».

Y de nuevo, vuelta a la realidad tras cruzar la puerta y dejar atrás ese espacio de reunión. Los rayos del sol se meten por cada rincón de los jardines de Olarra, con el olivo milenario como guardián, y es ahí cuando el turista es consciente que lo que esconde esta bodega es mucho más de lo que se podía imaginar desde fuera, observando esa construcción de tres alas que hace magia en su interior.

Bodegas Olarra

– Avenida Mendavia 30, Logroño
– 941 235 299
Página web

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