Pilar Mazo.- Josep Roca, sumiller del triestrellado Celler de Can Roca (Girona), se muestra convencido de que el momento actual es el «mejor» para «hacer de sumiller», un profesional que también puede ser «refugio de futuro para los aficionados al vino».
Así lo ha explicado a Efe, antes de conducir este viernes la Cata del Barrio de La Estación de Haro, un evento organizado por sus bodegas para los amantes del vino y la gastronomía, y ante el que mostrará la sinergia entre vino y el tiempo.
«Es el mejor momento para hacer de sumiller porque es cuando están ocurriendo más cosas en el mundo del vino», dice este jefe de sala y copropietario del El Celler de Can Roca junto a sus hermanos Joan y Jordi. Añade que, en la actualidad, «existe curiosidad por parte del cliente hacia los vinos, se ha dinamizado el mundo de la viticultura y el comercio del vino en el mundo y hay un exceso de información», de manera que «la especialización» también «es algo absolutamente necesario».
El sumiller, desde su punto de vista, puede ser «ese filtro de comunicación con conocimiento para poder acompañar a la gente que, en un mundo excesivamente informado, necesita de reglas y refugios», contexto en el que se muestra convencido de que «puede ser un refugio de futuro para los aficionados al vino».

FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.
«Saber adaptarse, escuchar y aplicar discretamente el conocimiento» son algunas de las cualidades que debe tener un buen sumiller, desde la convicción de que «tenemos un gran reto y una gran responsabilidad como transmisores de un mensaje, de un relato, de la gente del vino, de sus paisajes y de las personas que están tras las viñas».
«Somos embajadores de la gente del vino», un producto que define como «vivo», frente a las bebidas carbonatadas; y «nos dedicamos a poder acompañar, con la máxima discreción, pero también con la máxima calidez, a un mundo fascinante, que tiene que ver con las emociones».
Vendedores de felicidad
También reconoce que, en la actualidad, «un sumiller ya no es un camarero de vinos», sino un profesional vinculado (al vino) desde otros sectores, como el enoturismo, el periodismo gastronómico, la formación, la divulgación en tiendas especializadas, el comercio on line y los contenidos audiovisuales.

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Él, sin embargo, se considera «un camarero de vinos» en el Celler de Can Roca, un restaurante, en el que reconoce llevar «su pasión de gestionar una bodega personalizada con 35 años de historia, que simboliza lo que hay en el mundo del vino y un resumen de vida, con 4.000 referencias distintas y más de 85.000 botellas en stock».
Josep Roca aprecia que el cliente «bebe menos vino en el restaurante, pero de más calidad»; y se ha perdido la mirada costumbrista de la generación anterior, que «tomaba un poco de vino cada día».
Actualmente, considera que el cliente que llega a un restaurante viene «muy preparado, con gran conocimiento y ganas de disfrutar del vino desde la mirada de la calidad y la excelencia».
Ello «nos hace estar mucho más atentos y perserverar en estudiar cada día para estar a su altura y preparados para acompañarle en este camino de disfrutar». «En definitiva -asegura- (los sumilleres) somos vendedores de felicidad también en el mundo del vino en un restaurante».
Grandes referentes femeninos
Josep Roca también valora el crecimiento de jóvenes profesionales del vino, quienes, desde su punto de vista, «tienen que ser los grandes conectores de esa mirada con la nueva generación». Igualmente, se muestra convencido de que en la sumillería hay «grandes referentes femeninos» y es algo que está «totalmente normalizado en la hostelería».

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Como en todo, añade, la profesión de sumiller se enfrenta a retos, como es el caso, en el ámbito profesional, de poder vivir de la profesión y que la empresa en la que trabaja le pueda acompañar en «su pasión» de ampliar conocimiento y la formación constante, que «necesitamos en el día a día».
Como Maquinista del Año de La Cata del Barrio de la Estación, Josep Roca ha definido este evento de «una trascendencia cultural, importante, desde Haro hacia el mundo», que muestra «la vitalidad» de las bodegas organizadoras y «la fuerza a la que está arraigada la cultura del vino en Rioja».
Rioja, una Denominación de Origen Calificada que comparten las comunidades riojana, vasca y navarra, engloba, según Josep Roca, «un peso histórico, un fondo de calidad y un gran reto para el futuro» sobre la idea de qué tiene que ser un vino y su calidad en el futuro.
El gran reto de Rioja para el futuro -concluye- es tener unos precios de salida más altos para incidir sobre la calidad de una tierra para proyectarse al mundo».


