CARTA AL DIRECTOR

‘El gol que no nos esperábamos’

Lo reconozco, soy futbolero. Desde pequeño vivo con pasión este deporte y lo intento romantizar hasta que se convierte algo obsesivo en mi vida, integrándose con la familia, el trabajo y, por supuesto, los amigos.

En mi caso, el idilio con este deporte nació dando patadas a un balón, continuó formando parte de un equipo y terminó por engancharme cuando se competía en un torneo o liga. Me enamoré de sus valores (esos famosos códigos de vestuario dónde el respeto, el compañerismo y el liderazgo son los pilares fundamentales), de sus enseñanzas (superación a la derrota o fracaso, la perseverancia, la resiliencia, el trabajo de cada entrenamiento, las suplencias por las decisiones del «mister») pero sobre todo me cautivó el gol que no te esperas. Ese momento mágico que hace pasar de una derrota dolorosa a una posibilidad de remontada, de un cambio de estado de ánimo para convertirnos en los gobernantes del partido y tener opciones para vencer a tu rival.

Foto: Primera RFEF.

Lo que aprendes en el fútbol, es que hay goles de todos los colores, pero ese gol que no esperas es lo que te vuelve adicto a este espectáculo deportivo. Da igual que los 90 minutos que dura el partido hayan sido terribles e inaguantables, ese gol, te hará regresar a ver a tu equipo. Y sin que te hayas dado cuenta, ya serás un nuevo acólito de esta ‘secta’.

Ese gol que no esperábamos sucedió en A Malata. Frente a un rival mejor, en un estadio que nos recordaba a los años del confinamiento, te pones por delante contra todo pronóstico, y empiezas a creer. Ese gol que no esperábamos nos devolvía la ilusión y arrojaba luz sobre una temporada oscura. Ese gol que no esperábamos aplicaba la lógica, a las más de 5.000 personas que copaban el Palacio de los Deportes, de que, si nos empeñamos en que las cosas salgan bien, salen bien. Ese gol que no esperábamos nos hacía volver a recordar el aroma a Segunda División.

Tras el descanso, esta vez, el gol que sí esperábamos se presentó liquidando las ilusiones y propósitos que había engendrado su hermano mayor. Después del pitido final: la resignación, que da paso a una nueva ilusión renovada, para afrontar la temporada que viene. Lo bueno del fútbol es que siempre habrá un partido después de la derrota, para volver competir y ponernos, de nuevo, en el momento preciso para disfrutar del gol inesperado.

Puto fútbol.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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