La Rioja

«En La Rioja el 87 por ciento de las familias dicen ‘sí’ a las donaciones»

Bilbao acogió hace un par de semanas el Congreso Nacional de Coordinadores de Trasplantes donde se abordó la situación actual en cuanto a las donaciones. Los datos nacionales ofrecidos por el Ministerio marcan la tendencia a recuperar unas tasas que se perdieron con la crisis sanitaria a causa de la pandemia. Fernando Martínez Soba es el coordinador en La Rioja, una comunidad que, junto con Cantabria, antes del COVID-19 tenía unas tasas muy superiores a las del resto del país.

– ¿Cómo está la situación de los trasplantes en La Rioja?

– Con los datos anuales de 2021 ya vimos cierta recuperación en las tasas de donación y trasplantes en La Rioja tras la pandemia. Esta tendencia sigue siendo una realidad en estos primeros meses del año, tanto en el número de donaciones como en el de trasplantes. Los datos son muy buenos, pero preferimos esperar a completar el año para hacer balance. Poco a poco vamos alcanzando los niveles de antes de la pandemia, pero no es fácil por dos motivos: el primero es que en 2019 nos encontrábamos en las tasas más altas de la historia y el segundo es que el impacto de la pandemia fue muy grande. La necesidad de tener las UCIS ocupadas por los enfermos de COVID-19 hizo que las tasas se redujesen en un 20 por ciento y en 2021 se recupero un 8 por ciento. Vamos poco a poco, pero con paso firme.

– ¿En que sentido afectó la crisis sanitaria a los trasplantes?

– La presión en las UCI fue muy alta y afectó notablemente a las tasas de donación. Hay que tener en cuenta que un 85 por ciento de los coordinadores de trasplantes somos intensivistas y que las UCI son necesarias para poder llevar a cabo un trasplante. Durante 2020, especialmente, lo prioritario era tener las UCI preparadas para los enfermos de COVID y no se pudieron realizar tantos trasplantes como hubiésemos querido. Además, La Rioja fue una de las comunidades más azotadas por la pandemia y la ocupación media de COVID en las UCI fue tremenda. Ahora hay que volver a reactivar todos los programas que teníamos de donación y trasplantes. Tenemos que conseguir que La Rioja vuelva a ser un referente en trasplantes.

– ¿Qué datos manejaba La Rioja antes de la pandemia?

– En La Rioja desde 2006 la tendencia ha sido muy buena, también hay que tener en cuenta que al ser una comunidad pequeña cualquier cambio supone un impacto importante, por eso es mejor, ya no sólo saber lo que pasa en un año, si no ver la tendencia general. Los datos en La Rioja desde ese año han sido siempre muy superiores a la media nacional y cuando esos datos se dan año tras año no es algo puntual, no es una casualidad. Esta tendencia hace pensar que se están haciendo las cosas muy bien en La Rioja, no sólo que los riojanos seamos más solidarios que en el resto del país. Es algo que tiene mucho que ver con el fruto de los modelos de trabajo que tenemos.

– ¿Qué sistema de trabajo hace que La Rioja haya sido referente durante años en trasplantes?

– En el año 2007 desarrollamos un método diferente al que se estaba llevando a cabo hasta entonces. Vimos que era necesario empezar a detectar posibles donantes desde las urgencias y los departamentos de neurología. Había que estar al tanto de esas lesiones devastadoras a corto plazo y ponernos a trabajar con esos pacientes y sus familias. Ahora, cuando se da una circunstancia de esas, hablamos con la familia para que se nos permita ingresar al paciente en la UCI, no para salvar su vida sino para que pueda ser donante.

– Entonces, que una persona sea donante, depende en cierto modo de la familia.

– La ley de 1979 establece que todos somos donantes a no ser de que la persona se haya opuesto en vida a serlo. De cualquier otra forma se asume un presunto consentimiento pero siempre hay que hablar con las familias. Además hay personas que dejan instrucciones previas para ello, pero con que los familiares sepan nuestra decisión de ser donantes es suficiente.

– ¿Qué supone para las familias que están en pleno duelo tomar esa decisión?

– Con la experiencia de estos años hemos comprobado que la donación no sólo tiene la importancia de que los órganos de nuestro familiar puedan salvar una vida, que también; si no que además ayuda a superar de una manera menos traumática el duelo a los familiares. Es importante para ellos que en el final, la vida de nuestro familiar pueda tener otro objetivo y que se cumplan sus voluntades. Para ellos supone un apoyo emocional porque además se garantiza la ausencia de sufrimiento, un acompañamiento durante esos dos o tres días que dura el proceso y eso hace que la despedida sea menos dolorosa.

– En otras circunstancias la decisión final es del enfermo.

– Evidentemente, hay situaciones terminales en las que el enfermo aún está consciente, incluso en los casos de eutanasia está todo preparado para que la persona a la que se va a ayudar a morir pueda ser donante.

– ¿Esa reunión final con la familia o con el propio paciente es entonces la clave para que La Rioja registre unos datos mejores al del resto de comunidades?

– Tenemos que tener en cuenta que España realmente no es un país favorable a la donación. Sólo un 56 por cierto de la población se muestra a favor de ella y, sin embargo, tras la reunión que mantenemos con las familias en torno a un 85 por ciento de ellas nos dicen que sí. En La Rioja sólo tenemos un 17 por ciento de negativas, la tasa más baja de todas las comunidades. Es una reunión difícil y compleja en la que nos apoyamos en tres pilares: el respeto, la empatía y la autenticidad. La decisión de una familia hay que aceptarla sea cual sea la respuesta sin juzgar. Este modelo de entrevista que tenemos está siendo referente en el resto de España.

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