La Rioja

Del uso al abuso hay un paso: las pantallas, la nueva droga entre jóvenes

¿En qué momento el uso de un dispositivo móvil o un ordenador puede convertirse en una adicción? El paso de ser una conducta habitual a hablar de un abuso es muy estrecho y la línea que los separa, a veces, difusa. La necesidad que se ha generado a estar siempre conectados y con los ojos mirando fijamente una pantalla ha provocado que muchos jóvenes no sean conscientes de la gravedad de esa dependencia.

Más allá del tiempo dedicado a usar estos dispositivos (la Organización Mundial de la Salud fija el máximo en dos horas diarias), la clave está en valorar otro tipo de indicadores que indican que se ha cruzado el límite: un cambio de humor repentino cuando se le retira el aparato, derivando incluso en una conducta agresiva, un menor rendimiento escolar, trastornos del sueño, preferencia a quedarse en casa con el móvil antes que salir a la calle con los amigos…

La coordinadora del programa Reconecta de Proyecto Hombre La Rioja y psicóloga, Esther Aguilera, incide en la importancia de prestar atención a este tipo de comportamientos en los jóvenes porque a ellos «les cuesta mucho» darse cuenta del problema que existe: «Lo consideran una forma de ocio y de relacionarse con la gente, no ven la gravedad del asunto ni entienden que eso pueda convertirse en algo abusivo».

El punto de inflexión a partir del cual estas conductas comenzaron a proliferar, señala Aguilera, fue tras los primeros confinamientos. «Durante la pandemia se vieron obligados a interactuar a través de las pantallas y ahora que hemos vuelto a la normalidad, estos jóvenes han descubierto un espacio en el que se sienten cómodos, menos inseguros, menos expuestos. Así que el objetivo no es alejarlos completamente de las tecnologías, porque es imposible y es una realidad, sino mostrarles que hay algo más fuera de las pantallas que les puede gustar», señala la psicóloga.

Y ahí el entorno familiar juegan un papel clave. El programa Reconecta, que atiende a usuarios de entre 13 y 21 años, trabaja actualmente con una veintena familias que han llegado hasta sus instalaciones en busca de ayuda para sus hijos, que muestran una clara «y preocupante» adicción a las tecnologías.

Estas demandas se han acrecentado tras la pandemia y este año la tendencia es la misma «Padres que ven a sus hijos continuamente con el móvil, jugando a videojuegos o pendientes de las redes sociales. Padres a los que, sin embargo, les cuesta mucho supervisar ese uso y poner límites a esta utilización porque los chavales han llegado a generar una dependencia total que les provoca malestar si se despegan de estos dispositivos por unas horas», señala Aguilera.

Un «uso descontrolado de las pantallas», define la coordinadora de Proyecto Hombre, que se ha de atajar con un «posicionamiento firme» por parte de los padres: «Deben dejar claro que en casa no van a permitir esas conductas pero al mismo tiempo gestionar la parte más emocional. Es importante trabajar con ellos el autocontrol y las estrategias para que después sean ellos mismos quienes tomen el control del tiempo que pasan frente a la pantalla y conozcan que hay opciones de ocio en el exterior».

Además, los padres o tutores tienen que mostrar interés por conocer cómo funciona este mundo digital de las redes sociales en el que navegan sus hijos, «porque si no saben qué es Instagram o Tik-Tok, difícilmente van a acompañar a sus hijos en este proceso, ya que es evidente que en e te aspecto los jóvenes están más adelantados que las familias».

El centro recibe casi a diario llamadas sobre cuadros de adicciones a las tecnologías en el público joven, «siendo este problema el que mayor rapidez de crecimiento está experimentando en este sector de la población», advierte Esther. Son tendencias, además, que apuntan a ir ‘in crescendo’ en los próximos años.

«Es una adicción que cada vez se vuelve más atractiva para los jóvenes. Al fin y al cabo, detrás de las redes sociales y videojuegos hay grandes campañas de marketing que trabajan para saber cómo hacer estos productos algo atractivo, por lo que es lógico que los chavales quieran estar ahí».

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