El Rioja

Parón vegetativo y manos a las cepas

Álex Miralles, durante la poda en Pago de Larrea (Elciego) | Foto: Leire Díez

Tras unos días de cielos encapotados, Lorenzo vuelve a brillar en el paraje La Casilla, sobre tierras de Elciego y con el río Ebro arropando las fincas aledañas. Este pequeño viñedo, plantado en 1975 y con el que la bodega Pago de Larrea se estrenó en la categoría de ‘Viñedo Singular’ en 2020, disfruta estos días de su periodo de rejuvenecimiento para emprender en escasos meses su nueva brotación.

Por enésimo día consecutivo, Álex Miralles se carga sus tijeras eléctricas de podar a los hombros y, con la postura encorvada ya más que entrenada, afronta otra jornada de poda mañanera, esta vez, con el sol de su parte. Ha superado ya el ecuador de la campaña, que inició a finales de noviembre, y encara ahora las últimas semanas de una labor «entretenida» y determinante en viñedo que el encargado de campo de esta bodega aprovecha, asegura, «para reflexionar». Siempre, eso sí, que el astro no se interponga en su camino y en el del resto de viticultores.

Poda en Pago de Larrea (Elciego) | Foto: Leire Díez

Como sucedió hace ya un mes, aproximadamente, cuando el Ebro avanzó enfurecido cauce abajo, elevando el nivel del caudal varios metros en algunas zonas y llevándose consigo todo lo que encontró a su paso. Aunque si bien el mayor destrozo agrícola lo dejó en la Ribera, los viñedos limítrofes a la cuenca del río no tuvieron mucha mejor suerte. «Aquella viña la cubrió por completo, estropeó algunos postes y dejó al aire las raíces de varias cepas, y ya se puede ver cómo están los sarmientos llenos de la suciedad arrastrada por el río. ¡El otro día incluso me encontré en medio del renque con una carpa!», recuerda Álex señalando desde La Casilla una finca que de lejos parece como si estuviera abandonada.

«Afortunadamente, son sucesos puntuales. Al final sabes que el río está ahí mismo y puede ocurrir una faena cuando sube. Más potente fue aquella crecida de 2016 que tocó por primavera, aquella que destrozó pámpanos afectando de lleno a la cosecha. Porque ahora en invierno la avería que provoca es solo el trabajo extra. Cuando me toque podarla tardaré el doble de tiempo entre despejar y limpiar la madera antes de cortar los sarmientos», apunta el agricultor, que esperará unos días para confirmar que el astro se ha tranquilizado para ponerse manos a la obra.

Poda en Pago de Larrea (Elciego) | Foto: Leire Díez

Mientras tanto, Álex apura la tarea en las cepas plantadas al vaso de La Casilla. «Aquí dejamos unos cuatro pulgares, cinco como máximo, aunque con los problemas de madera que tenemos dejamos varios para luego hacer los rebajes y renovar los brazos comidos por la polilla». Espera acabar a mediados de febrero para tener cierto margen de tiempo antes de la brotación y dejar las viñas a punto, «arreglar algún alambre, quitar sarmientos…», aunque las lluvias ininterrumpidas y el trabajo en bodega, reconoce, ha retrasado el trabajo.

Lejos quedaron esas prácticas como el «amaestrao», señala Luis Larrea, gerente y director comercial de la bodega familiar. «Como una doble poda. Primero, en invierno en lugar de dejar dos pulgares en el sarmiento se dejaban, por ejemplo, cinco para luego en primavera volver a recorrer esas viñas y recortarlos dejando ya los pulgares definitivos. Esto permitía asegurarte que una helada tardía no fastidiara la cepa porque primero se helaban los brotes de arriba a los que llega antes la savia». Tampoco es ya común ver a viticultores podar las viñas una vez brotadas, «sobre todo en aquellas que tienen problemas de corrimiento a la hora de florecer y que gracias a esa poda tardía, en torno a abril, le resta fuerza y vigor a la planta».

Poda en Pago de Larrea (Elciego) | Foto: Leire Díez

Poda en Pago de Larrea (Elciego) | Foto: Leire Díez

Poda en Pago de Larrea (Elciego) | Foto: Leire Díez

Poda en Pago de Larrea (Elciego) | Foto: Leire Díez

Poda en Pago de Larrea (Elciego) | Foto: Leire Díez

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