Agricultura

Cambios en la regulación de los temporeros tras la reforma laboral

La reforma laboral pactada la semana pasada entre el Gobierno de España y los agentes sociales introduce cambios a la contratación y la negociación colectiva en el sector primario. A la espera de su tramitación parlamentaria y de posibles cambios, destaca la reducción de los tipos de contratos, ya que el indefinido pasa a ser el ordinario y los temporales se limitan a circunstancias de la producción (hasta seis meses, ampliables por otros seis) o para cubrir una excedencia.

Para situaciones previsibles y de duración reducida y delimitada, el contrato temporal podrá utilizarse durante un total de 90 días, nunca de manera continuada. En cuanto a la negociación colectiva, los convenios que hayan caducado seguirán aplicándose sin límite de un año hasta que sean renegociados, entre otras novedades.

Unas condiciones que no han sido bien recibidas en el sindicato agrario ARAG-ASAJA, desde donde señalan que “la reforma laboral se ha presentado sin conocer, y lo que es aún peor, sin importar las necesidades del sector”. La organización defiende la “diversidad enorme de producciones que existe en La Rioja, nada comparables al resto de Europa. Esta diversidad unida a la variabilidad de la climatología y el propio mercado, hace imposible que el sector pueda acogerse a una regla fija en la contratación de trabajadores para campañas agrarias”.

“Lejos de tratar de ayudar al trabajador, con la propuesta de la ministra de Trabajo se va a acelerar aún más el ritmo de mecanización de muchas tareas agrarias, provocando así que muchos trabajadores se encuentren sin posibilidad de empleo en el futuro. Es una lástima que la ministra no dedique una pequeña parte del tiempo que dedica a perseguir y a estigmatizar al sector en conocer la realidad y las necesidades del agricultor y ganadero de nuestro país”, recalca su secretario general, Igor Fonseca.

Desde la dirección nacional, ASAJA asegura que al reducirse las posibilidades de contratación temporal, “se complica mucho la gestión de las campañas agrícolas” y “las empresas del sector no están en situación de hacer fijos discontinuos a todos los trabajadores que necesitan” para esos momentos. El único contrato que les puede servir es el de un máximo de 90 días al año en “campañas muy cortas y programadas”, y la organización descarta que se puedan aplicar a las campañas de tres meses, que deberían cubrirse con la figura del fijo discontinuo, lo que supone un “encarecimiento de la contratación laboral”.

Por su parte, desde UPA La Rioja consideran que “no habrá problemas porque el trabajo de campaña agrario quedará enmarcado en los contratos de temporada principalmente”. El problema, sin embargo, indican que se encuentra en “la falta de mano de obra que hay en muchas zonas, aunque las explotaciones agrarias que pueden fidelizar la misma ya lo están haciendo”.

“UPA siempre ha defendido la necesidad de tener una ley que garantice que el incremento de los costes se puedan repercutir y esa es la ley de la cadena. Si esta ley se cumple, la subida de costes laborales será una dificultad pero no el problema. Nos parece más relevante que desde el Ministerio de Trabajo hayan tenido en cuenta la realidad del trabajo en el campo y a su dependencia de factores climáticos. Costará al principio adaptarse a los cambios pero pensamos que no tendrá efectos negativos para las explotaciones familiares agrarias”, añade la organización agraria.

Además, defiende que “el trabajo en el sector agrario es un trabajo con derechos y obligaciones, somos los más interesados en hacer las cosas bien y entendemos que se persiga a quien no lo hace, pero no que se generalice”. Por eso UPA La Rioja reclama a Trabajo “que se escuche más a los agricultores y ganaderos y que se conozca mejor el trabajo en el sector agrario que, en el caso de las explotaciones familiares, se desarrolla por los trabajadores al lado de los propios titulares”.

La organización de COAG considera que esas limitaciones “pueden ser un problema” y esperan que la reforma tenga en cuenta las particularidades del sector primario, como sus campañas y otras situaciones que “solo se pueden cubrir con contratos temporales”. Esta organización advierte de que la limitación de los contratos temporales puede beneficiar la subcontratación a través de las empresas de trabajo temporal, que están implantándose con mucha fuerza en el mundo rural, a pesar de que “no deben predominar en las relaciones laborales porque rompen la vinculación directa con el agricultor”.

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