Agricultura

Adiós a una campaña larga y mermada en el olivar riojano

El olivar riojano despide su temporada tras una cosecha larga y mermada

Julio Fernández, de la Almazara Hejul (Galilea)

Hace escasos días que los olivicultores han recogido mantas, palos, abanicos, vareadores eléctricos e incluso vendimiadoras para aquellas plantaciones en intensivo. Ahora la faena se cuece de puertas para adentro. Las almazaras de toda la región hacen girar sus engranajes a la perfección para molturar un año más los miles de kilos de oliva que se embotellarán bajo la Denominación de Origen Protegido Aceite de La Rioja.

Aunque de esta campaña de 2021 saldrán algunos litros menos que el año anterior. Ya se avecinaba una cosecha más mermada por eso de que el olivo es un cultivo vecero y porque ya en 2020 nos brindó “un cosechón”, pero lo cierto es que las lluvias de comienzos de diciembre truncaron muchas jornadas de trabajo en los olivares y provocó que algunos ni siquiera pusieran un pie en sus fincas enfangadas para recoger poco fruto. A ello se le suman las precipitaciones de junio en el momento de la floración y la sequía que protagonizó el resto del año agrícola.

Todo esto ha propiciado que la producción se vea notablemente reducida, en algunas zonas en hasta la mitad respecto al año anterior. Julio Fernández, gerente de la Almazara Hejul, arrancó la temporada el 5 de noviembre y este miércoles recibía en Galilea el último remolque cargado de olivas: «Ha sido una campaña muy larga porque otros años acabamos de coger la oliva a finales de diciembre, y además ha venido más escasa, casi diría que un 50 por ciento menos, con unos 870.000 kilos molturados y 180.000 litros sacados». En este trujal apuestan por el fruto poco maduro en busca de esos aromas más verdes, afrutados y con cierto picor, “porque es ahí donde se encuentran las propiedades del aceite aunque el rendimiento graso sea menor y es ahí donde reposa la gran calidad”.

A su padre le costó una campaña entender esto. “Estuvimos varios días sin hablarnos cuando vio que empezaba a coger las olivas en noviembre. Ese año me dieron el premio al mejor aceite en Borjas Blancas (Lérida) y después de aquello no volvió a cuestionarme más. Yo no quiero vender solo garrafas de cinco litros; estas son para la gente que viene a diario. Yo quiero sacar aceites muy buenos y venderlos en las botellas a buenos precios, y eso solo se hace saliendo del pueblo y buscando a tu público en otras regiones y países”, remarca este productor.

La Almazara Hejul cumple 18 años este 2022 y casi dos décadas después Julio hace balance del camino recorrido en un sector que en los últimos años parece que ha resurgido como si de una planta que florece por primavera se tratara: “Cada vez se está hablando más del AOVE, del Aceite de Oliva Virgen Extra, y la cultura social en torno a las propiedades que ofrece este alimento va mejorando porque la gente comienza a ser consciente del fruto que tenemos en estas tierras. Pero sin duda queda mucho por hacer todavía. La clave ahora mismo está en la comercialización. Ya no sirve con comprar las olivas y vender el aceite a la gente de tu entorno, ahora hay que salir y pelear por demostrar entre tantos otros productos que el tuyo es mejor. Y eso también conlleva trabajo y tiempo, porque ir a ferias no es sinónimo de estar dos días de vacaciones en otro país”.

Esa es la clave sobre la que se sostiene todo del negocio. “El mercado internacional será muy exigente, pero hay que estar ahí porque nadie va a venir a tu casa a comprar tu producto. Y lo mismo pasa con el mercado online, en el que llevamos apenas tres meses inmersos y ya tenemos sensaciones muy positivas. Está claro que por muy bueno que produzcas, si no sales a venderlo y lo vendes bien no tienes nada que hacer. Y si a eso le añades la labor de promoción con catas, visitas al trujal, colaboraciones con otras empresas y charlas formativas, tienes la combinación perfecta. Pero, claro, la renovación de acuerdo a los tiempos actuales, como en cualquier negocio, es básica”, incide.

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