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Barrios de Bodegas: históricos enclaves que conforman el presente y el futuro de La Rioja

Aprovechando las laderas y terrenos de los pueblos, siglos atrás se excavaron y construyeron bodegas en forma de cuevas destinadas a la elaboración y guarda del vino. Espacios que dieron lugar a los denominados «barrios de las bodegas». Y aquí y así empezó todo.

«Cada agricultor tenía su bodeguita donde elaboraba sus caldos, pero con el paso del tiempo se fueron convirtiendo en merenderos, perdiendo así su fin original, aunque conservando sus lagos y calados. Las bodegas se hundían y no queríamos que todo aquello se convirtiera en un recuerdo», explica Pedro Delgado, presidente de la Asociación Amigos del Barrio Bodegas de Quel.

Un pasado del que parte el proyecto Enorregión, porque en La Rioja, el vino no solo constituye el principal activo económico, sino que se ha convertido en su carta de presentación en el mundo. Además de vitivinicultura y todas las actividades ligadas a la misma, el negocio del vino es también cultura, patrimonio y turismo. Un tándem que Enorregión quiere impulsar de forma sostenible contribuyendo también a fijar la población en el ámbito rural.

Porque el proyecto afronta el sector desde una dimensión global y busca impulsar la industrialización, la tecnificación y la digitalización de toda la cadena de valor. Pero también revalorizar y museizar el patrimonio material e inmaterial del vino, para crear una oferta excepcional, combinada con gastronomía, naturaleza o cualquier otro atractivo turístico de la región, lo que contribuirá a dinamizar el territorio y crear nuevas oportunidades.

Y es que ya lo decía el escritor riojano Manuel Bretón de los Herreros al hablar de que, en Quel, había tantas bodegas como habitantes y es que «realmente eran consideradas el centro de encuentro social del municipio cuando nadie sabía qué era un bar». Por ello, desde hace algo más de dos años, la Asociación Amigos del Barrio Bodegas de Quel, con sus más de cien socios, se puso manos a la obra para recuperar aquello que sus antepasados habían creado y logrado.

Porque, aún convertidos en espacios sociales, seguían y siguen albergando cierto carácter mágico: poca luz, silencio subterráneo, olor y humedad. «Se estaba perdiendo la esencia y eso significaba renunciar a tus raíces. Un barrio que pierde su historia está destinado a morir». Y así comenzó Quel a recuperar su vida, esa que le daba siglos atrás las trescientas bodegas que hay en el municipio, el patrimonio histórico de la localidad.

Precisamente así define Pedro el Barrio de las Bodegas, como el santo y seña del pueblo que representa la historia y el patrimonio de Quel. Y como pasado, presente y futuro deben ir de la mano, la historia se conjuga ahora a la perfección con la modernidad y el enoturismo. «Es una muy buena opción para el pueblo. Que los turistas puedan venir a nuestras jornadas de puertas abiertas y las enoexperiencias que organizamos es un paso para seguir demostrando los tesoros escondidos con los que cuenta La Rioja, conviertiendo además en referente turístico a Rioja Oriental».

El pasado se reinventa

Donde el trabajo viene de serie y, lo que es más importante, se ha conseguido mantener la historia, es en Haro. El Barrio de la Estación empezó a dibujarse en la segunda mitad del siglo XIX como consecuencia de la sustitución de las caballerías como medio de transporte tradicional del vino por un novedoso ferrocarril. «El mundo vinícola, más concretamente las bodegas, comenzaron a crecer alrededor del ferrocarril con el fin de trasportar el vino, por aquel entonces en barricas, hasta los puertos cercanos para comercializarlos», explica María Urrutia, presidenta de la Asociación de Bodegas del Barrio de la Estación.

Un lugar lleno de simbolismo y que sin duda revolucionó todo el mundo del vino de la denominación de origen Rioja y que ha sabido conservar la historia a través de las bodegas y edificios que «no se han quedado atascados en el tiempo, sino que han evolucionado con espacios magníficos y espectaculares con los que ya se contaba pero que se han adecuado para recibir visitantes que puedan descubrir dónde hace la crianza el vino en sus barricas, cómo hace su fermentación…».

En Haro hay un grandísimo número de bodegas en torno al ferrocarril, «en su mayoría históricas y centenarias, algunas familiares, que han sobrevivido por su buena previsión». Y son precisamente ellas las que han dotado a la ciudad de un empaque económico gracias a «sus grandes producciones, la gran oferta de empleo y, por supuesto, la atracción del turismo. El Barrio de la Estación ha puesto a Haro en el mapa que, junto con el resto de sus virtudes, hacen del municipio un destino a tener en cuenta».

Urrutia destaca que, remontándonos 15 años atrás, «visitar el Barrio era muy complejo. Entrabas a una bodega si conocías a alguien o eras ‘amigo de’, sin embargo ahora todas estamos abiertas. El Barrio está abierto casi 365 días al año, no duerme. Es más, el enoturismo no interfiere con el trabajo diario de la ciudad, le ayuda».

Bodegas que se han empleado a fondo para que sus vinos tengan una calidad, un prestigio y un reconocimiento internacional, cada una a su manera y con su forma de trabajar porque, «todos somos vinos de Rioja, cada uno con su personalidad única y distinta, que competimos en el mercado pero no en el Barrio. Cada uno tenemos lo nuestro. Somos una familia de nueve hermanos, cada uno genuino, pero aprendemos de ello».

Y es que el pasado también puede ser presente y, por supuesto, futuro. Todo con las ganas de adaptarse a las nuevas tendencias y estar preparados para «lo que el tiempo nos vaya deparando», resume María Urrutia.

* Contenido especial para el Gobierno de La Rioja

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