El Rioja

Pluma en el tintero y uva en la bodega: adiós a una cosecha larga pero exitosa

Un nuevo número de Diario de Vendimia calienta motores tras el fin de la vendimia en Rioja

Para San Simón y San Judas, dulces son las uvas. Por Todos los Santos, frío en los campos. Y ya sabes, antes de noviembre, tu viña sin fruto quede. Pues eso, que con el cambio de mes ponemos un punto y aparte a esa peculiar campaña de corquetes, barcas, cestos y vendimiadoras que han mantenido firme el timón durante varios meses, sorteando las lluvias que amenzaban con entorpecer el trabajo y midiendo a ojo de buen cubero el momento idóneo para llenar los remolques de uvas.

Una tarea ardua que no pilla de nuevas a la mayoría, pero que siempre se afronta con nervios y cierta incertidumbre, más si cabe cuando esta es ya la segunda vendimia del COVID-19, aunque nada que ver este escenario con el del año pasado. Una vendimia, además, a la que le ha costado aprender a andar, avanzando al ralentí durante las primeras semanas, cogiendo una viña por aquí y otra más allá mientras que los viticultores de Rioja revolucionaban las calles de la capital para pelear por unos buenos precios para la uva.

La campaña fue cogiendo forma y para el puente del Pilar toda la denominación estaba vendimiando. Larga pero exitosa, coinciden la mayoría de operadores del sector. De las útimas parcelas en despedirse de la cosecha 2021 han sido ‘La Pasada’ y ‘La María’, en Quel, donde Gabriel Pérez selecciona «solo los mejores racimos» durante los últimos días de octubre, o ‘La Hontanilla’ al otro lado de La Rioja, en el término de Villaseca. Allí Berta Valgañón desnudaba a mano las cepas centenarias hace apenas una semana. Labores de alta costura donde es la tierra y no el hombre quien marca los tiempos.

Que se lo digan sino a Tasio Fernández, que a sus 90 años ha visto trabajar la viña con mulos y después con zancudos hasta que llegó la espaldera. Y él, como figura que refleja la experiencia, recalca que desde siempre le ha gustado «producir bien y bueno para sacar buen género». Pero si queríamos hablar de la evolución vitivinícola de Rioja no podíamos obviar el papel de Manuel Ruiz Hernández en esta historia. Un referente auténtico para la memoria de la denominación que revolucionó con sus enseñanzas la formación de las generaciones que iban a trabajar con sus manos una Rioja que se avecinaba próspera.

Larga trayectoria también la de Florentino Martínez. Sus rudas manos relatan aquel viaje que hizo de chaval de San Vicente de la Sonsierra a Elciego para construir décadas después su propia historia de nombre Luberri. Sin soltar la copa de vino, todavía recuerda lo mucho que se trabajaba entonces. Otros tiempos… Como cuando Jesús Galilea dio con un racimo blanco en una viña de tempranillo tinto en Murillo de Río Leza. Aquel sería el comienzo de un nuevo capítulo de gran trascendencia para la DOCa.

Y después de dar pie a tantas voces expertas en el sector, también hemos querido descender hasta el primer eslabón de la cadena. El epicentro del que emerge este entramado de manos y mentes que amasan e imaginan Rioja a su manera. Porque siempre hay un comienzo en toda historia y un lugar donde esos arroyos y riachuelos se encauzan para convertirse en auténticos ríos. El IES La Laboral, con sus particulares viticultores y bodegueros, algunos incluso menores de edad, nos ha abierto las puertas para comprobar que estos adolescentes sienten especial atracción por la viña y el vino.

Estudiantes del Ciclo de Vinos y Aceites del IES La Laboral.

Para algunos ya no tan jóvenes han pasado varios años desde aquellas asignaturas de vendimias y fermentaciones y ahora el resultado deja un buen sabor de boca en los paladares. Son muchos los que han posado para este especial de Diario de Vendimia y que dieron sus primeros pasos en el mundo de la vinificación a raíz de este ciclo de Formación Profesional. Desde la inquieta pareja formada por José Gil y Vicky Fernández en San Vicente de la Sonsierra hasta el proyecto de Víctor Ausejo en su bodega garaje en Alberite, haciendo parada también en una viña de Labastida para conocer la emocionante historia que nos contaba hace escasos días Álvaro Loza. Y sin olvidarnos tampoco de Javier San Pedro Ortega que, aunque ya juega en otra liga de la vinificación, también fue uno de aquellos estudiantes que fichó por esta denominación. Todos ellos jóvenes visionarios con toda una Rioja por crear.

Tal vez sea esta la esencia que más me ha gustado descubrir en este viaje de escasos dos meses por las tres Riojas, con sus más de 1.500 kilómetros rodados por carreteras manchadas de mosto, con mucha tierra en las botas y también mucho baile de copas. Son auténticas almas que ponen sobre la mesa una nueva forma de ver y catar este paisaje, cada una a su manera, pero todas ellas apuntando hacia la diana del terruño, la variedad, la sostenibilidad y el pueblo. Básicamente, hacia la diana del origen.

Una denominación variopinta que se fortalece con personajes como Chefe Paniego, Juan Valdelana, Luis Jiménez, Carmen Enciso, Luis Valentín, Pablo Ruiz Jiménez, Antonio Orce, Carlos Bujanda, Alberto Saldón, Rosana Lisa, Mathieu Barrault, Luis Güemes, Marta Ortiz-Arce, Ricardo Leza, Raúl Tamayo, Clara Espinosa, Francisco Rubio, Saioa Goitia, Luis Manuel Cárcar, Clara Herrero, David Inchaurraga y otros muchos más que han tenido a bien contarnos sus proyectos de vida.

Como ven, una nueva cosecha de NueveCuatroUno que no se ha querido dejar ninguna zona, sector ni visión en el tintero. Todos los protagonistas del cuarto número de Diario de Vendimia forman parte del pasado, presente y futuro de una Rioja que ha dado y dará que hablar. Y con una vendimia más en nuestra bodega, bajamos el telón para levantarlo con más fuerza en la próxima añada. ¡Hasta pronto, nos seguimos leyendo!

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