La Rioja Alimenta

Tres zonas para una misma calidad bajo la IGP Pimiento Riojano

Jesús Martínez, presidente de la IGP Pimiento Riojano | Leire Díez

La campaña de recogida del pimiento najerano ya se acerca a la línea de meta con buenas perspectivas de cifras a falta de concluir las últimas semanas de recolección (el año pasado se cogieron un total de 200.000), para vender en fresco o bien en conserva, entre los tres municipios que cuentan con este cultivo: Leiva, Villar de Torre y Tricio. En este último Jesús Martínez cultiva once hectáreas de un producto que desde 2002 ya comercializa sus 30 hectáreas bajo la Indicación Geográfica Protegida Pimiento Riojano y de la que a su vez es presidente.

Este agricultor riojalteño ha duplicado la superficie cultivada de pimiento en el último año: «El público nos lo demanda». Pero aún con todo y con ello toda la producción de la IGP no sirve para cubrir la creciente demanda que hay, principalmente en La Rioja y País Vasco. «La marca de calidad, con sus seis productores y cinco empresas elaboradoras, también ha crecido un 20 por ciento en hectáreas plantadas, pero si sembrásemos más también se vendería todo el pimiento. Hemos pasado los tres últimos meses antes de comenzar la campaña vendiendo a cuentagotas porque no nos quedaba casi nada y no podíamos ampliar el número de clientes».

Qué tendrá el pimiento riojano que gusta tanto. «Pues sobre todo mucho sabor. Es finísimo, sin nada de acidez, como sí se puede apreciar en los pimientos del piquillo. Y, además, la zona en la que se cría es la idónea para ello, con temperaturas suaves por el día sin golpes de calor notables, a excepción de algunos días durante este verano que sí se han alcanzado los 40 grados, pero no es lo habitual. El fresco de las noches también favorece la conservación de la planta», explica Martínez.

Selección del pimiento riojano en una finca de Tricio | Foto: Leire Díez

Esta campaña ha estado marcada por la piedra que cayó en el mes de junio y se llevó por delante el 30 por ciento de la cosecha de toda la IGP: «Hizo bastante daño a la planta justo en el momento de la primera flor y no vamos a poder coger todo el pimiento que esperábamos, pero para mantener la calidad de nuestro producto hay que seleccionar en campo y solo meter en fábrica aquellos que están perfectos», asegura el presidente. Pero mientras en Tricio y Leiva ya hace semanas que cruzaron el ecuador de la cosecha, los pimientos que nacen en Villar de Torre van más tardíos y ya están en plena temporada alta de recolección.

Sergio Rubio se lanzó a la aventura de este producto con sello de calidad hace escasos dos años y es el único que cultiva pimientos en este municipio, a casi 700 metros de altitud. «Una aventura de locos», define, pero se siente a gusto en su pueblo y dedicándose a lo que siempre le ha gustado: el campo. Este pequeño operador, último en incorporarse a la IGP, comercializa los cerca de 30.000 botes que fabrica cada año.

Además de la riqueza que se genera en el entorno, ya que se produce y se elabora en el mismo territorio, también es importante destacar los puestos de trabajo que se generan de este cultivo, tanto directos como indirectos (en el caso de los viveristas que siembran la planta). «Es un cultivo rentable pero lo importante es que estamos creando empleo, sobre todo durante la campaña. Aunque sea un trabajo temporal, desde mayo ya hay que estar preparando las fincas y limpiándolas de malas hierbas», apunta Martínez. Por su parte, el productor y transformador de Villar de Torre atisba futuro en este sector y considera que en los próximos años «seguramente no sea el único agricultor de pimiento en esta zona porque hay hueco en el mercado».

Fábrica de transformación del pimiento najerano en Tricio | Foto: Leire Díez

Un trabajo que requiere una labor minuciosa que obligatoriamente se ha de desarrollar de forma manual, aunque los nuevos tiempos con sus nuevas tecnologías hayan llegado también a este cultivo, como son los plásticos de goteo para reducir el consumo de agua en el riego. «Cuando llega abril o mayo y ya no hay riesgo de heladas, comenzamos a trasplantar la planta de los viveros a nuestras fincas, preparando el terreno con abono y dejando la tierra bien labrada como si de arena se tratara. Luego ya no queda más que regar y quitar las malas hierbas a diario, desde que acabamos de plantar hasta que empezamos a recoger el pimiento», indica Martínez.

Jesús Martínez en su fábrica de Tricio | Foto: Leire Díez

Siempre velando por la calidad que año tras año perdura. «Ahora creo que lo que le falta a este producto es aspirar a ser Denominación de Origen para que el reconocimiento sea a nivel europeo y tenga mayor promoción. En La Rioja, además del vino, tenemos muchos alimentos de gran calidad y, en el caso del pimiento basta con ver que los distribuidores nos los quitan de las manos para comprender su valor», apunta Rubio.

En Leiva, Bárbara Pérez lleva unos 13 años dedicándose al pimiento y se atreve a decir que a día de hoy este cultivo «es la principal fuente de ingresos del municipio». Asegura, además, que lo que diferencia a las empresas asociadas a la IGP de otras conserveras es sobre todo la forma de trabajar: «Mantenemos unas normas de calidad impuestas por nosotros como es el asado a leña y la utilización de determinados fitosanitarios en la planta para que el sabor y la calidad del fruto no sufran alteraciones». Afrontando una campaña más, estos tres socios trabajan a diario para revalorizar un producto y un sector tradicional que da pasos de gigante cada año sobre el terreno.

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