El Rioja

Antonio Orce: «La vinificación en Rioja pasa por revalorizar viejas variedades»

Antonio Orce, director técnico de Bodegas Valdemar

Antonio Orce dio por inaugurada su quinta vendimia en Bodegas Valdemar hace poco más de una semana. Las lluvias de septiembre retrasaron el arranque y hoy la cuadrilla que cada año conduce de Jaén hasta Oyón vendimia en cajas el Sauvignon Blanc de una pequeña parcela de suelos pobres y calizos que luego mezclará con la viura para su blanco joven.

Este mañico de nacimiento se curtió como enólogo en la región del Penedès durante años antes de poner un pie en la familia Martínez Bujanda. Ahora, con más de dos décadas de experiencia en fermentación alcohólica, cubas y depósitos, fija su vista en un nuevo proyecto: las burbujas.

– ¿Cómo viene la vendimia 2021 respecto a sus predecesoras?

– Pues aunque ha habido sequía, también ha acompañado el tiempo fresco durante las noches. Un indicador muy claro son las propias plantas, que se muestran muy frondosas y de un verde vivo mientras que otros años ya tiene gran parte de las hojas secas para estas fechas. Esta va a ser una vendimia sin prisas, con una maduración en su tiempo, no como ocurría en años anteriores de mucho calor en los que no podíamos esperar dos días porque la uva se pasaba y perdía esa frescura. Así que la sensación es muy buena aunque parece que vienen menos kilos, pero es bueno porque no se ven racimos corridos. Con las primeras blancas ya en bodega, creo que esta puede ser una cosecha excelente.

– ¿Cómo crees que ha cambiado la vinificación en la DOCa Rioja?

– Ha cambiado bastante, sobre todo desde el punto de vista de las variedades porque ahora se está apostando mucho por diferentes uvas que cada vez cogen más valor y revalorizar viejas variedades. Aquí hace 40 años teníamos garnacha mayoritariamente, y lamentablemente, por muchos motivos, muchos de ellos infundados según mi opinión, cogió muy mala fama y ahora resulta que todos la quieren. Además de la poca producción, esta uva es muy sensible en los procesos de bodega. Pero la familia Martínez Bujanda logró elaborar un reserva cien por cien de garnacha a finales de los 80 para demostrar que era posible elaborar con esta variedad.

Vendimia en Bodegas Conde Valdemar | Foto: Leire Díez.

– ¿Y cómo ha adaptado Valdemar sus elaboraciones al cambio climático?

– Con estas altas temperaturas las maduraciones son mucho más rápidas y las vendimias se adelantan, dejando menos acidez en la uva, por lo que para los vinos de larga guarda no tiene la misma aptitud. En el caso de nuestros Grandes Reservas se ha usado históricamente la garnacha, pero ahora también hemos incorporado el graciano porque es muy resistente y de ciclo largo, por lo que se comporta muy bien. Además es una uva interesante, muy pequeña, con gran acidez y color. Se trata de buscar otras opciones, jugando con diferentes herramientas para, sobre todo, intentar mantener el estilo de los vinos más tradicionales de la firma.

– Dentro del ritmo pausado con el que se camina en el mundo del vino, Bodegas Valdemar no ha dejado de crear nuevas experiencias en boca.

– El espíritu de crear y hacer cosas diferentes viene de mucho antes. Lo cierto es que su apuesta por las variedades autóctonas es máxima, como cuando Jesús, tercera generación y abuelo de Jesús hijo, plantó más de siete hectáreas de viura por su amor a esta uva y a los vinos blancos franceses de Borgoña. Una época en la que a la gente le dio por arrancar todo lo blanco. También fuimos pioneros con la primera plantación de tempranillo blanco más grande de Rioja en el Monte Cantabria, mientras que seguimos manteniendo las garnachas viejas de la zona de Ausejo y Ocón y también participamos en un proyecto de recuperación de la maturana tinta.

Vendimia en Bodegas Conde Valdemar | Foto: Leire Díez.

– ¿Cómo definiría el estilo de sus vinos?

– Lo que he visto en estos cinco años es que los más de 130 años de trabajo familiar dejan un poso en todo su recorrido, por lo que evidentemente hay unos vinos de corte más clásico, muy implantados en el mercado que evidencian que es una bodega tradicional de Rioja. Pero a su vez las inquietudes y los diferentes tipos de uva que trabajamos dicen lo contrario, que no es una bodega tradicional sino dinámica. Estamos en constante renovación y con una pata en cada mundo, nunca mejor dicho, gracias a nuestra bodega en Walla Walla, Estados Unidos.

– ¿Cómo fueron los inicios en una bodega con cinco generaciones de historia y una filosofía de trabajo asentada?

– Gonzalo, el antiguo enólogo, había estado 30 años elaborando los vinos Conde Valdemar, por lo que me cedió el testigo después de un año de enseñanzas a su lado. Entiendo que es un paso difícil para la familia porque dejan todo su legado en manos de una persona que, además de hacer un buen vino, debe entender el concepto y el estilo de elaboración. La filosofía de las bodegas en Rioja siempre tiene un carácter muy marcado y es importante que eso se mantenga, pero he tenido siempre el apoyo de la familia porque, como me gusta decir, es una bodega pequeña dentro de las grandes o una grande dentro de las pequeñas, por lo que el contacto es directo.

Antonio Orce, director técnico de Bodegas Conde Valdemar | Foto: Leire Díez.

– ¿Qué toque o punto diferencial ha aportado a los vinos de Valdemar a su llegada?

– Es cierto que aunque queramos mantener un estilo cada uno tiene su forma de hacer, ni mejor ni peor, pero sí diferente. Creo que con mi llegada se ha trabajado en un proceso de selección y ampliación de algunas zonas de viñedos. También estamos con un proyecto de biodiversidad en nuestra Finca el Marquesado elaborando corredores naturales para potenciar diferentes ecosistemas y alcanzar un equilibrio con la fauna. Desde bodega estamos caracterizando mucho más los suelos de las parcelas para revalorizar cada zona. Pero todo son proyectos a largo plazo.

– ¿Y qué tiene ahora entre manos Antonio Orce?

– Bueno, yo soy un enamorado de las burbujas. He vivido durante muchos años el espumoso de una manera muy intensa y desde que llegué vi el potencial que había en Rioja. Así que le conté mi idea a la familia y quedó encantadísima. Cuando el Consejo Regulador publicó el nuevo pliego de condiciones en 2017 para elaborar estos vinos lo tuve claro. Así que este otoño habrá un nuevo miembro en la familia Valdemar y será su primer espumoso. Además, creo que es una rama por la que debe caminar esta denominación, en la proporción en la que pueda porque la superficie es la que es, pero estoy seguro de que pueden salir unas buenas burbujas de esta tierra.

– También ha formado parte de la expansión de Valdemar de Oyón a Washington. ¿Qué le sorprende más de su forma de trabajar?

– Allí es otro concepto, otra forma de relaciones entre empresas, pero tienen una mentalidad muy abierta y te tienden la mano desde el principio. Cuando viajamos allí a seleccionar el personal de campo y visitar la zona me sorprendió cómo han adaptado la filosofía más pura a su forma de trabajo, es decir, centrándose mucho en la tierra y la viña. Fíjate que incluso ponen el nombre del viticultor propietario del viñedo en la etiqueta de la botella. Hemos llegado a una zona desconocida en el sector pero con un gran potencial vitícola que, además, cuentan con la ventaja de una mayor flexibilidad reglamentaria.

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