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El jardín más espectacular de La Rioja para recorrer descalzo

*Artículo realizado en colaboración La Rioja Turismo

A diferencia de hace un par de años, los riojanos ya han descubierto la joya que es el Jardín Botánico de La Rioja, en Hormilla. Se mantiene dieciséis años después gracias a la Fundación El Botánico y es uno de esos dos jardines botánicos, de los catorce que hay en España.

La idea de crear algo tan grande como un jardín botánico en La Rioja va de la mano del «gen agrícola» de Antonio Bartolomé. En vez de plantar viña prefirió hacer algo diferente. Es por ello que en 1985 decidió crear un jardín en un pequeño terreno de Hormilla, que tuvo que esperar 20 años a la apertura del público y que ha ido aumentando con el paso del tiempo.

«Ha sido un año excelente. Mejor que ningún otro porque han venido los riojanos a vernos. La gente se puso a buscar qué visitar por el cierre perimetral y fue un antes y un después. Por fin han venido mis paisanos», comenta Bartolomé. Hasta ese momento, la gente que más lo visitaba era del País Vasco, Cataluña y Madrid, así como del extranjero.

Establecieron unos protocolos COVID-19 en la zona de recepción (depende de lo que marquen las autoridades), pero la visita es algo más «libre». Se camina por el exterior, sin demasiada gente, y el uso de la mascarilla es algo que dejan «al sentido común».

Podría decirse que la «marca de la casa» es la posibilidad de recorrer el jardín descalzo, siendo así el único del mundo que lo permite. Cada jardín tiene una personalidad diferente y esta es su característica más destacada. «La gente disfruta mucho pudiendo quitarse los zapatos durante un tiempo».

No hay una edad concreta que sobresalga en cuanto a personas que visitan el Jardín Botánico, pero es cierto que una de cada tres visitas va con niños. Bartolomé señala que eso es lo mejor que le ha podido pasar al jardín porque mejora las expectativas de las generaciones que vienen detrás.

Es por ello que los talleres infantiles son algo muy común en su programación de actividades. «Todo está pensado en los niños». Creen que la educación medioambiental es algo fundamental y tratan de reforzar siempre la parte didáctica de los colegios con sus talleres. Incluso el banco de semillas, la joya de la corona del jardín, está pensando para ellos.

Este verano cuentan con una exposición científica y naturalista creada por un joven voluntario de Santo Domingo de la Calzada. Ha diseñado una exposición mezclando su pasión por la biología y la ilustración, acercándonos a cómo se hacían antiguamente las expediciones cuando no había cámaras para documentar lo descubierto.

Hay una opinión común entre las 2.000 personas que pasan parte de su tarde o de su día en el Jardín Botánico a lo largo de un mes. «Lo bien cuidado que está y el gran tamaño que tiene». También sorprende que las personas que hacen que todo sea posible y mantienen la belleza del lugar sean voluntarios.

Cuentan con un libro de expresiones y testimonios, como un diario de visitas, que recoge la opinión de los visitantes. «Ahí se ve lo que significa para la gente». Bartolomé añade que cada persona tiene un gusto diferente y cada uno se fija en pequeños detalles diferentes. Ya sea una escultura o un bonsái.

Lo que antes era la parada final de la visita, donde se encontraba el bar y los servicios, pasó a ser un laboratorio. Al final se convirtió en una cabaña en la que las visitas pueden vivir una experiencia diferente hospedándose dentro del jardín durante un par de noches.

Algo que miran mucho, explica Bartolomé, es si la gente repite su visita. «Es curioso ver que hay personas que vuelven cada año. El boca a boca y la repetición es el mayor éxito de esta casa. Aunque vengan más personas durante el periodo vacacional, en cada estación del año hay algo diferente que ver y algo diferente de lo que disfrutar».

Pese a que las vacaciones de Semana Santa y de verano son esas fechas clave en las que reciben a más visitantes, desde el punto de vista botánico las mejores estaciones para disfrutar de la flora del lugar son la primavera y el otoño. «Siempre hay posibilidades de traer alguna planta nueva en el futuro. Tenemos planificados algunos cambios y alguna siembra. Una renovación. Ahora lo que importa es mantener lo que ya tenemos, pero más ampliaciones no vamos a hacer», puntualiza Bartolomé.

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