La Rioja

El refugio espiritual del padre Pablo Yu, el primer cura chino de La Rioja

Los vecinos de Tricio y Camprovín cuentan con un nuevo párroco en sus iglesias desde hace escasas dos semanas. Su nombre es Pablo pero su apellido, Yu, deja a las claras su procedencia asiática. «Mi nombre real prefiero que no se conozca; la situación política en China es complicada, todavía no saben que soy sacerdote, entonces es mejor que se utilice mi nombre español», explica el nuevo cura de ambos municipios.

Pablo entró en el seminario de su país en 2004, finalizó los estudios en 2011 y fue ordenado sacerdote un año más tarde. Pero los inicios para él no fueron sencillos. Es el segundo de cuatro hermanos, todos ellos varones y a pesar de que en su familia veían difícil la posibilidad de casar a todos los hijos, en los planes de los padres de Pablo no entraba el que él fuera sacerdote. «Ellos creían que quien debía ir al seminario era mi hermano mayor. Él era más obediente y creyente. Su idea para mí es que me casara».

Los planes del sacerdote cambiaron cuando se encontraba estudiando bachillerato y conoció a un cura que acudió a la escuela de su pueblo. «Me gustó lo que hacía, quería ser sacerdote como él para, desde su lugar, atender a la gente y a la Iglesia». En cambio, a sus progenitores no les gustó la idea y no fue hasta años después, cuando su padre enfermó gravemente, cuando le dieron el visto bueno a la opción sacerdotal. «Me dijo que debíamos tener fe y confiar en Dios, que él no me lo iba a impedir».

Tras ser ordenado sacerdote hace una década trabajó durante más de cinco años ejerciendo para la diócesis de su país, hasta que en 2018 le enviaron a la Universidad de Navarra a estudiar Derecho Canónico. Cuando llegó a España su nivel de castellano era escaso, «sólo había dado algunas clases el año anterior. Pero tenía muchas cosas que hacer y aunque mi diócesis me mandó aprender español, no sabía mucho. Es un idioma difícil para nosotros».

Durante su etapa universitaria, el padre Yu asegura que se encontró con una gran mayoría de compañeros sacerdotes, «casi todos extranjeros». La fortuna se alió con él al encontrar otros alumnos que venían de Suramérica y «me ayudaron mucho. Yo no podía tomar apuntes y ellos me daban sus apuntes».

Tiene claro su objetivo en España: «Estoy aquí para aprender las cosas de la Iglesia porque en China no hay un lugar para aprender esto. Luego regresaré a mi país y les enseñaré todo lo que he aprendido estudiando Derecho Canónico y trabajando aquí».

Cuando comience el curso en la universidad le tocará compaginar su agenda de estudiante con la de sacerdote: «Necesito tiempo para estudiar, por eso me han nombrado párroco solo de estos dos municipios».

Pablo es el primer sacerdote chino que ejerce en La Rioja, si bien otros paisanos ya se habían formado en España, ya que «se han dado cuenta que aquí se forma bien a los sacerdotes y cuando vuelven a China continúan siendo buenos trabajadores», indica Yu.

Mejor Tricio que Pekín

En el cambio de culturas hay aspectos que siempre chocan al comparar el destino con el lugar de origen. Aunque nació en un municipio de 1.200 habitantes, el padre Yu no se explica la baja densidad de población en La Rioja: «Los pueblos de aquí son muy grandes para la gente que reside en ellos», declara.

A pesar de eso, asegura vivir encantado en Tricio: «No me gustan las ciudades grandes como Pekín, con mucho tráfico y mucha gente. Vivir en Pekín es horrible». «Las relaciones de las personas son cercanas, puedes hablar con las personas que te encuentras por la calle, te preguntan cómo estás, si necesito cualquier cosa… Hoy una vecina me ha regalado verdura», celebra. Además, «es sencillo llegar a los supermercados, las carreteras están muy bien con el coche y la comunicación es rápida», manifiesta.

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