Agricultura

Almazara Camino de Santiago: tierras de antes, aceite de ahora

‘Cuando hay crisis, unos lloran y otros venden pañuelos», reza un dicho popular. Perfecto ejemplo para describir la situación de los hermanos Alonso, que con la llegada de la pandemia vieron cómo la empresa en la que trabajaban prescindió de sus servicios. Y así empezó todo, con el final de una etapa. «Nuestra familia ha tenido siempre viñas y tierras y la idea de plantar olivos rondaba en nuestras cabezas desde hace tiempo», explica Víctor Alonso, de la almazara Camino de Santiago.

La inquietud de comenzar un nuevo proyecto se vio impulsado por el ánimo del ‘patriarca’, «que siempre ha sido un hombre que se ha hecho a sí mismo, montando una empresa y empezando de cero. Él es el que más nos anima a comprar y plantar. Él nos aconseja y tira del carro». La vida en el campo siempre ha estado muy presente en esta familia. «Todavía recuerdo cuando íbamos a vendimiar las viñas de mi abuelo. Conocemos el tema del campo desde siempre y además mi mujer tiene bodegas, así que todo está vinculado».

El 99 por ciento de las tierras familiares se encuentran en Alesón, pero el centro neurálgico de la actividad está en Tricio. «Compramos allí un pabellón para otra empresa anterior con unos terrenos anexos, ¡qué mejor sitio que este, por donde pasa el Camino de Santiago y es vía de acceso hasta San Millán!». Además, Víctor señala que por la zona no hay prácticamente ninguna almazara, «a excepción de una muy pequeña en Badarán, y aprovechando que tenemos los olivos cerca…».

La sabiduría y la experiencia nunca son suficientes por lo que, antes de poner en marcha el nuevo proyecto, «hablamos con gente que se dedica al olivo y ellos nos aconsejaron optar por plantar royuela porque en invierno hace frío y la arbequina se hiela y puede no llegar a dar producción». Así que la royuela, también conocida en otros lugares como arróniz, fue y sigue siendo la elegida por los Alonso «ya que aguanta muy bien las temperaturas y es una variedad que conlleva una muy buena producción y rendimiento. Además, en tema de catas se comporta perfecto».

Víctor señala que con esto del cambio climático es muy difícil adelantar cómo vendrá el tiempo o la sequía, «por lo que nosotros metemos a todos los olivares riego por goteo, y de esta forma nos aseguramos una producción constante». La intención ahora es elaborar aceite ecológico, y de hecho «hemos empezado este año tras la pasada campaña, pero estamos esperando a que pase el tiempo necesario para poder calificarlo como tal».

Actualmente cuentan con diez hectáreas que llegan a producir en torno a los 60.000 kilos, «pero como en la zona no hay almazaras, algunos olivicultores traen su producto para que les hagamos aquí su aceite». Olivos jóvenes los de la almazara del Camino de Santiago que, tal y como define Víctor, «es una variedad autóctona que tiene sus peculiaridades y se antoja diferente. En boca tiene ciertos aspectos herbáceos y un toque picante porque se cosechó en verde». En definitiva, un aceite joven y afrutado acogido por la DOP Aceite de La Rioja.

Víctor destaca que trabajan con nuevas tecnologías. «El aceite lo elaboramos en frío. Después de la recogida y la limpieza, comienza el proceso de molturación, donde la aceituna se tritura para extraer su aceite. Tras este, el batido de la pasta, un paso fundamental donde se rompe la emulsión aceite-agua y se agrupan las pequeñas gotas de aceite que se forman. De ahí a la centrifugadora para más tarde mandarlo a depósitos con el fin de que termine su decantación».

La idea es continuar con la royuela, pero «la redondilla se comporta muy bien y para tema de cata es muy aromática, así que tenemos pensado probar con esa variedad. Es más, el Consejo Regulador nos ha animado a que lo hagamos». Y con el paso del tiempo, «iniciar una oferta de oleoturismo vinculada con Bodegas Pedro Martínez Alesanco, en Badarán, donde se comercializa nuestro aceite».

Y la venta es, precisamente, una de las claves de Camino de Santiago, ya que son la única almazara riojana que envasa su producto con el sistema ‘Bag in box’: una caja y una bolsa. La bolsa está formada por varias láminas que protegen el producto de la oxidación y la luz y una válvula de grifo o tapa que facilita la dosificación del producto.

De momento, Víctor tiene muy claro que mantiene la misma ilusión con la que empezó hace apenas un año y no se arrepiente de haber cambiado su rumbo. «Ahora eres tú el que tienes la materia prima y el que decide cómo quieres trabajar y cómo quieres que vaya tu negocio». Alonso lamenta que se haya interpuesto en el arranque de esta ilusionante proyecto la pandemia, «pero estamos muy contentos y seguiremos adelante, sobre todo con la idea de montar una tienda física».

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