Agricultura

La veteranía de Honorio en tiempos de siega y mies

La cosecha 2021 llega con mayor peso específico, menos cantidad y mejores contratos

Honorio Pinilla, cerealista de Ausejo

La máquina ya está engrasada y limpia de paja y polvo para evitar cualquier imprevisto que detenga la siega. Honorio Pinilla arranca una jornada más de cosecha después de mes y medio portando grano a su almacén en Ausejo, localidad donde reside. Ya apura las últimas fincas de cereal en el término de Ocón, pero asegura que podría aguantar con otras 200 hectáreas más. Este año ha sembrado unas 440, aunque él prefiere hablar de fanegas. Es decir, unas 2.200.

Lleva «desde chaval» en el campo y, aunque ya ha celebrado 69 cumpleaños, no se cansa de recorrer en su tractor viñedos y campos de trigo y cebada («porque lo que implica agacharse y andar ya lo he delegado en otros»). «Antes éramos más de viña, ni sé las que habré labrado desde entonces, mientras que apenas teníamos tres o cuatro fanegas de cereal. Con 18 años ya me puse por mi cuenta, empecé con mi primer tractor y también con una cosechadora sin cabina, que eso era criminal con el calor, y a partir de ahí fui haciéndome con más tierra a la vez que la viña iba quedándose en un segundo plano», recuerda.

Seis décadas después, Honorio se ha convertido en uno de los mayores cerealistas de La Rioja Baja y lo sorprendente es que no tiene ninguna intención de colgar el sombrero que le acompaña durante los meses de calor, ni tampoco el buzo ni las botas. «¿Te jubilas y qué haces? Trabajando para ti te mueve más la ilusión». Calcula que a este ritmo aguantará unos cinco o seis años más, «todo lo que me permita la salud, porque físicamente estoy muy bien, pero igual tengo que echar mano de alguien para la siembra».

Mientras tanto, cada año y desde hace ya 42, dos hermanos trasladan su pareja de cosechadoras desde Valluércanes (Burgos) a esta zona de La Rioja para afrontar varias semanas al sol. «Ya son como de la familia; han venido hasta a las bodas». Esta situación, sin embargo, cada vez es más singular.

Apenas diez minutos en el interior de la cabina de la máquina dan para conocer la perspectiva del porvenir agrícola de Ricardo, agricultor natural de El Redal y durante unas semanas también cosechador que ayuda a los jóvenes de Burgos. A paso lento, controla con el monitor que no se tire grano y reflexiona: «El problema es que no hay máquinas ni manos que las lleven. Pero como en la cosecha del cereal ocurre lo mismo en la vendimia, cada vez más mecanizada por la falta de mano de obra».

Mientras siega una finca de trigo de algo más de ocho hectáreas en Pipaona de Ocón, insiste en que «el campo es trabajo, trabajo y trabajo», pero los que ya están a punto de jubilarse no ven un buen horizonte próximo: «Ya no hay chavales que se animen a quedarse y los que hay se cuentan con los dedos de las manos».

Honorio tampoco tiene buenas sensaciones y alerta de la «gravedad» de los problemas que va a ocasionar esta falta de máquinas en época de cosecha: «Ahora nadie quiere invertir en una máquina de estas, que si es nueva puede rondar los 300.000 euros perfectamente y que apenas va a estar en funcionamiento un mes o mes y medio. Creo que esto solo puede ser atractivo para gente joven que siembre mucha tierra».

La buena nueva de este año ha sido la irrupción de unos precios, sobre todo en la cebada, desorbitados. Tal vez la sorpresa viene porque hacía varias décadas que no se veía nada parecido. «De las 24,5 pesetas a las que se pagó el kilo de cebada la campaña anterior, esta vez se han cerrado contratos a 33. Yo te lo digo en pesetas que es como se maneja aquí», apunta Honorio. Pues eso, de unos 15 céntimos el kilo en 2020 a los casi 20 registrados esta campaña.

«Este año han subido una barbaridad los precios. Pero claro, partíamos de una cosecha en 2020 en la que estuvieron regalados. Años atrás, rondaban las 27 o 28 pesetas para la cebada», añade el cerealista. En el caso del trigo, apenas ha habido variaciones de tres o cuatro pesetas. De vuelta a la moneda actual, los precios de las operaciones de este año se encuentran en torno a los 21 céntimos el kilo de trigo.

El motivo de esta fuerte subida, generalizada a nivel nacional, se relaciona sobre todo con la fuerte demanda internacional. China es uno de los países más importadores de estas materias primas ya que pretende recuperar los rebaños de porcino devastados durante la peste porcina africana. Además, también tiene que ver la reducción de la producción en países como Francia debido a las sequías.

«Pero esto de los precios es muy volátil e igual de aquí a tres meses vuelven a bajar, por eso los contratos que ya se han cerrado dan una garantía y seguridad al agricultor porque son buenas cifras», añade Honorio sin olvidar que aunque los precios hayan subido este año lo que no ha dejado de crecer campaña tras campaña son los costes de combustible y abonos, «así que esto es como un espejismo».

Esta campaña de la cosecha ya está en las últimas en la mitad oriental de la región y el balance que los agricultores hacen en términos generales es positivo: «La calidad este año es una maravilla frente a la del año pasado, con mayor peso específico, y me atrevo a decir que igual sacamos algún kilo más». Desde la Consejería de Agricultura, sin embargo, se estima una reducción de un 15 por ciento en la producción respecto a la «excepcional campaña de 2020».

En la otra mitad, la siega avanza a paso lento con solo un 15 o un 20 por ciento cosechado. «Entre que el tiempo no acompaña del todo y que las máquinas están tardando en llegar, la cosa este año va tardía. Eso sí, la calidad, buenísima con un grano con más proteína. De cantidad, en cambio, viene más mermada. Además, el granizo de junio se ha llevado por delante muchas fincas de cereal por la zona de Santo Domingo, San Torcuato y Bañares», apunta el gerente de la Cooperativa Garu, José Andrés Moneo.

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