La Rioja

«Clima de confianza» en la residencia de mayores Emera Monte Rincón

Bancales adaptados para llevar a cabo talleres de hortiterapia con personas en silla de ruedas.

La Residencia de mayores Emera Monte Rincón apuesta por crear las condiciones óptimas de un «clima de confianza» entre residentes, familiares y equipo profesional esencial. Su directora, Natalia Enrech Larrea, explica en qué consiste el modelo de atención de Emera.

– ¿Qué define a su centro?

– La residencia de mayores Emera Monte Rincón, ubicada en un entorno privilegiado en la carretera El Cortijo a menos de cinco minutos del centro de Logroño, cuenta con 62 plazas. La organización del centro en espacios diferenciados nos permite atender de forma segura a personas tanto válidas como dependientes que necesiten cuidados para una estancia permanente como temporal. La residencia se caracteriza por su ambiente muy familiar, así como por la profesionalidad y las cualidades humanas de su equipo profesional, compuesto por el departamento médico y de enfermería, trabajo social, fisioterapia, terapia ocupacional teleconsultas de psicología y animación sociocultural, sin olvidar los servicios hosteleros y, en particular, el de restauración. Los menús están supervisados por el médico e íntegramente elaborados en el centro.

Natalia Enrech, directora del centro.

– Cuando se piensa en el sector geriátrico, se habla mucho de atención centrada en la persona. ¿Qué se debe entender por ello?

– Efectivamente, la atención centrada en la persona suele ser la base del modelo de atención a los residentes. En Emera Monte Rincón es mucho más que un eslogan. Es una realidad contrastada. Se reconoce la singularidad y la unicidad de cada persona y se pone el foco en su autonomía y su capacidad para tomar sus propias decisiones en la medida de sus facultades. Los recursos implantados por el centro y todas las acciones que lleva a cabo nuestro equipo profesional en el marco de esta atención individualizada tienen un eje común: atender tanto las necesidades derivadas de la dependencia física o cognitiva como los deseos y preferencias del residente dentro de una vida en comunidad.

Y estamos procurando ir un paso más allá para crear las condiciones óptimas de un clima de confianza entre el futuro residente, sus familiares y el equipo de la residencia. Eso ha implicado la puesta en marcha de un sistema de gestión de calidad exigente y ambicioso, evaluado periódicamente por auditores externos.

También pasa por la implantación continua del modelo de atención centrada en la persona propio de Emera, el “Modelo de cuidados en acompañamiento”, con la figura clave del acompañante de vida, que será el garante de que la atención y los cuidados que recibe la persona mayor siempre contemplen “quién fue”, “quién es” y también “quién quiere ser”. Igualmente requiere que el equipo humano contratado en el centro disponga de un plan de formación continuo acorde con los objetivos asistenciales y la filosofía general de Emera. Y, además, supone el desarrollo de programas complementarios que sean representativos de nuestro modelo de cuidados en acompañamiento, como podría ser la reconstitución de un bodegón típico de la Rioja en las instalaciones del centro para trabajar la reminiscencia y fomentar las relaciones sociales, o la creación de nuestro jardín terapéutico.

– ¿Por qué han optado por la creación de un jardín terapéutico y cuáles son los beneficios esperados para los residentes?

Al crear este espacio queríamos conciliar dos elementos claves de la residencia: su entorno natural único (el centro dispone de un jardín de más de 2.000 metros cuadrados, rodeado de huertas, olivos y viñedos) con uno de los pilares fundamentales del modelo asistencial de Emera que consiste en potenciar la estimulación de los sentidos.

Desde hace mucho tiempo, los residentes pueden disfrutar de un jardín ornamental, especialmente diseñado para favorecer la contemplación, fomentar los paseos y potenciar el bienestar emocional. Totalmente seguro y accesible a todos los perfiles de residentes que sean autónomos o más dependientes físicamente, es un lugar muy apreciado por las personas mayores, así como sus familiares para gozar del aire libre y de tardes de tertulia muy entretenidas.

Por supuesto, un jardín terapéutico no sólo es un espacio donde “se está”, sino también un espacio donde “se hace”. Por ese motivo, desarrollamos un abanico muy amplio de actividades terapéuticas que estimulan y potencian aspectos físicos, psicológicos y socioemocionales de los residentes. Aprovechamos cualquier ocasión para realizar en el jardín sesiones de fisioterapia grupales o individuales.

Y, desde terapia ocupacional, se han definido talleres en función de las necesidades de cada uno: hortiterapia mediante la huerta propia del centro y bancales en altura adaptados a las personas en silla de ruedas para trabajar, por ejemplo, la motricidad fina y gruesa o la ubicación en el espacio y el tiempo; talleres de sensibilización al entorno exterior para ejercitar la memoria y mejorar la capacidad de concentración y meditación.

Las terapias de estimulación sensorial son también muy beneficiosas para personas con demencias para trabajar la reminiscencia. La creación del espacio multisensorial es la culminación de este proyecto. Los colores, texturas y olores de las plantas, en especial de las plantas aromáticas, así como los sonidos del agua o de animales son fuentes naturales de estimulación cognitiva que conectan la persona con el entorno.

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