La Rioja

El «lujo» de volver a abrazar: el centro Gonzalo de Berceo recupera la ‘normalidad’

El centro de día Gonzalo de Berceo recupera la ‘normalidad’ gracias a la inmunidad de la vacuna

«Los centros de día estamos empezando a ver la luz». Con una sonrisa en la cara escondida tras una mascarilla FFP2 y un gesto que se acerca a la tranquilidad, Elena García, directora del centro Gonzalo de Berceo de Logroño, afirma con orgullo que desde febrero «estamos con un cero por ciento de contagios y eso nos está dando la vida».

Durante la pandemia no tuvieron demasiados casos en el centro, pero los que hubo «fueron horrorosos, porque perdimos a gente por el camino y los que superaron el virus tuvieron pérdidas importantes a nivel físico y cognitivo». Los afectados en centros de día se han quedado en un 0,1 por ciento en la región, pero la escasa población afectada «ha tenido muchas secuelas».

El 17 de febrero los trabajadores del Gonzalo de Berceo estaban, todos, inmunizados «y eso se notó mucho emocionalmente». A primeros de marzo le tocó el turno a los usuarios y en poco tiempo «ya estábamos todos vacunados». Comenzaba así su particular desescalada. Pero Elena se ha enfrentado de cerca con el virus y sabe cómo se las gasta, así que «no podemos relajarnos en ningún momento ni rebajar las medidas, pero sí empezar a socializar poco a poco».

Foto: Clara Larrea

Porque, como para todos -más si cabe para los mayores-, el afecto, la cercanía, el contacto físico y la comunicación tanto verbal como no verbal son imprescindibles. Y este paso al frente también lo notan los trabajadores del centro. Para ellos, «siendo una profesión muy vocacional, ha sido muy difícil tratar a los usuarios sin poder darles una caricia o un abrazo. Eso ha sido muy duro y ahora podemos permitirnos ese pequeño lujo».

La factura de la movilidad restringida

El cierre de estas instalaciones durante varios meses el pasado año, sumado a las restricciones y, por supuesto, al miedo, han hecho que numerosos mayores lleven mucho tiempo en sus casas a la espera de la ansiada vacuna, lo que ha acelerado el empeoramiento de su estado físico. «Es increíble la diferencia que hemos notado entre las personas que han seguido viniendo al centro desde que volvimos a abrir y las que no. Se nota mucho la rehabilitación que han estado recibiendo; sin embargo, los que han estado tanto tiempo encerrados en casa llegan mucho más frágiles y deteriorados».

Foto: Clara Larrea

La falta de movilidad se ha sentido, pero la estimulación congnitiva, más aún. «Durante estos meses muchos de nuestros mayores se sentaban en el sofá, se quedaban dormidos y así hasta la noche, que se iban o les llevaban a la cama. No había apenas socialización y esas conversaciones que tenían en el centro con sus compañeros, contándose todos los días los mismos ‘chascarrillos’, les ha faltado, porque necesitan expresarse y relacionarse. El ocio en los mayores es fundamental».

¿Y el bingo? Eso no puede faltar: «Es la actividad estrella, les encanta. Además de pintar y hacer gimnasia. Esto último les motiva mucho y se sienten muy bien cuando se ven capaces de conseguirlo». Con la pandemia se han reducido al máximo las actividades que el centro llevaba a cabo. Terapia con animales, robótica, charlas con profesionales de diversos sectores que «les daban un contacto con el exterior… Ahora nos limitamos a las propias del centro, eso sí, programando cada día diferentes para que estén siempre entretenidos».

Foto: Clara Larrea

El centro sigue trabajado a través de la diferenciación por salas según capacidades cognitivas. «Los usuarios están separados por grados de dependencia: muy severos, severos y leves. Nos fijamos en las habilidades intelectuales porque puede haber una persona físicamente mal pero xon la cabeza la tiene perfecta y viceversa. Además de las actividades comunes, a cada usuario se le atiende individualmente según sus necesidades».

Además, el centro Gonzalo de Berceo cuenta con el Servicio de Promoción de Autonomía Personal, inaugurado a finales de 2019 y que ha seguido funcionando durante toda la pandemia: «Es un servicio dirigido a personas mayores que no quieren perder la autonomía que tienen, que se valen por sí mismas y no tiene ningún grado de dependencia. Quieren conservar sus capacidades pese a que empiezan a tener ligeros problemas de memoria o ciertos achaques físicos que pueden tratarse con ejercicios y rehabilitación».

Foto: Clara Larrea

Elena García reconoce que tomar la decisión de llevar a un familiar a un centro de día puede ser difícil para algunas personas, pero «es necesario que sepan que, aunque no podemos hacer milagros, sí podemos mantener las capacidades tanto físicas como cognitivas, y eso se nota mucho en el desarrollo de una enfermedad». La directora tampoco se olvida de las familias, «que necesitan su momento, cuidarse, sentir que pueden permitirse vivir teniendo a sus mayores bien cuidados y atendidos».

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