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Orgullosos y punto

El Calahorra cae ante el Burgos (1-0) y queda fuera de la pelea por el ascenso a Segunda

Esta crónica la podría terminar con tres palabras y así hacer de copiloto en el viaje de vuelta. Si pudiese ser así, sería: Orgullosos y punto. Pero entonces sonaría el teléfono y el director de este medio me llamaría la atención. Bajamos a Don Benito a contar la historia de un playoff histórico y qué menos que mil palabritas. Así que vamos a ello.

Lo había dicho Diego Martínez durante toda la semana: la clave del partido iban a ser los detalles y así fue. El Calahorra fue mejor que el Burgos prácticamente durante los 120 minutos, seguramente en todas las facetas del juego y aún así se fue sin el premio gordo, una vez más. Pero ese es el final de la historia de un día que quedará para el recuerdo de los aficionados, de los jugadores, de la directiva y de gran parte de La Rioja.

El Calahorra llegaba a Extremadura sin nada que perder y demasiadas cosas que ganar. Los de siempre, los nuevos, los que sólo van a los playoff, todo el mundo era bien recibido este viernes en la expedición rojilla que salpicaba diferentes localidades extremeñas con sus colores y sus cánticos. Algunos comían como los reyes en Trujillo, otros iban de picoteo por Mérida y la mayoría pasaban el día en Don Benito, cerca del campo, guardándolo como si alguien se lo fuese a llevar.

La expedición burgalesa era cuatro veces mayor que la calagurritana. Entraban en el Vicente Sanz como el Cid a lomos de Babieca, victoriosos sin haber empezado aún la batalla. Mientras el Calahorra miraba todo con asombro, como los niños que van por primera vez a un parque de atracciones. No había nada que creerse, todos sabían que el equipo era uno de los más modestos del playoff y que lo que había tocado enfrente era un Goliat de los pies a la cabeza… Pero esta vez Goliat no fue tan fiero como lo pintaban, o al menos David supo jugarle de tú a tú.

El Calahorra fue fiel a su estilo y posiblemente jugó algunos de los mejores minutos de la temporada. La primera parte fue claramente del equipo rojillo que contó con numerosas ocasiones y en la segunda, a pesar de que el Burgos puso una marcha más, demostró que como bien los definió Emilio Remírez, entrenador del club hace 20 años, «es un equipo al que es difícil meterle mano».  Serio en la defensa, con transiciones que desquiciaron en algunos minutos a los burgaleses e intentándolo delante de jugadores que no se arrugaron en ningún momento.

Faltó una pizca de suerte de cara a puerta. Porque ocasiones hubo. Muchas en la primera parte y luego dos de Rayco, especialmente una cerca del final de los 90 minutos que hubiese dado por finiquitado el partido. A casa y de vuelta a Extremadura la próxima semana. Pero no fue así. No se acertó de cara a portería y un detalle en una mala cesión nos costó un penalti que puso al Burgos en la siguiente fase.

Aún así el Calahorra demostró pundonor, lucha, entrega, firmeza en las convicciones que les ha ido metiendo en la cabeza Diego  Martínez. Trabajaron como un bloque sólido y pensaron más en lo colectivo que en lo personal. Todos pero especialmente el de siempre. El partido de su vida, tal y como lo llevaba planeado desde principios de semana, tal y como nos lo había contado («hay que llegar con opciones hasta el último minuto») y sin embargo Cristian tenía que dejar el terreno de juego, sabía que ayudaba más yéndose que quedándose y eso marca la madurez de un jugador que está viviendo su momento álgido en el fútbol.

El resto en su línea. David Soto, inconmensurable; Roberto, seguro como pocos; Borja, excelente como siempre (a pesar del fallo, mil fallos de esos no conseguirían nunca compensar todo lo que ha hecho este jugador esta temporada);  Álvarez y Víctor Andrés, repartiendo juego como ‘crupieres’; Fran Soto y Amorrortu, participativos; el arnedado Jorge, sacrificado; Ramón y Carrique, determinantes. Y los que entraron después, más de lo mismo.

Un Calahorra valiente, sin ningún tipo de complejos que sólo tuvo un error y la pagó demasiado caro. Penalti o no penalti, ni los que lo han visto un par de veces se ponen de acuerdo si la falta es dentro o fuera. Lo que seguro sí fue penalti es lo que le hacen a Nierga en la segunda parte de la prórroga (nos toca a escasos diez metros y de frente, y al menos desde el campo el penalti de libro a pesar de que el jugador burgalés se llevase la peor parte del golpe y tuviese que salir del campo con la boca ensangrentada).

A pesar de todo eso, el Calahorra fue infinitamente mejor y demostró, como vienen diciendo los que mejor conocen a esta equipo, que «puede ganar a cualquiera y hay que pelear mucho para ganarle a él». Y eso tuvo que hacer el Burgos. Simplemente había que ver los últimos minutos del partido con hasta tres jugadores del Burgos tirados en el campo con sobrecargar y calambres quien corrió detrás del balón la mayor parte de los 120 minutos.

Y todo esto tiene tres artífices principales al margen de los jugadores. El primero, Tomás Lorente. No es casualidad que en poco más de seis años haya conseguidos dos ascensos y haya estado a punto de hacerse con el tercero. El segundo es Eduardo Arévalo. Es el arquitecto de los equipos.Es fácil hablar de buenos y malos fichajes sin tener en cuenta la ‘teoría de la manta’ de los equipos humildes y los equipos de Arévalo serán lo que sean, pero siempre con compactos, inteligentes y rocosos a pesar de no faltarles la chispa. El último es Diego Martínez. Ha ido haciendo crecer al equipo conforme iba pasando la temporada y hoy ha sido caza de darle a la afición un broche final con un partido excelentemente planteado, bien estudiado y con una valentía impropia de un equipo que se jugaba tan poco como el Calahorra.

Con la temporada más rara de la historia terminada, el club dice adiós al año con un sobresaliente en el boletín de fin de curso. Ha estado a punto de la matrícula de Honor pero no hay que olvidar que hace apenas tres años el equipo estaba en la tercera riojana. Esa tan denostada por algunos.

Este equipo no ha conseguido el ascenso a Segunda pero merece un recibimiento como si lo hubiese hecho. Con distancias, con mascarillas, pero se merecen recibir todo lo que han dado este año

Ring Ring… «Félez te has pasado de las mil palabras».

Pues eso: Orgullosos y punto.

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