Agricultura

Nuevas apuestas por la fruta ecológica: «Hay que vencer el desconocimiento»

Agricultores de la SAT Valle de Rincón trabajan en una finca de ensayo con frutales en ecológico

Adolfo Nájera, presidente de la SAT Valle de Rincón

No todos los ensayos experimentales vienen de la mano de personal con bata blanca. En algunos casos, sus promotores calzan botas aptas para el barro. Aunque el móvil es el mismo: salir de lo cotidiano, de esa zona de confort, para abordar nuevos escenarios que puedan ser mejores a futuro.

Eso fue justamente lo que motivó a un grupo de agricultores, miembros de la SAT Valle de Rincón, a innovar en su sector hace tres años. Entre ellos, Adolfo Nájera, presidente de la cooperativa que junto a siete socios de la Junta Rectora se metió de cabeza en una finca de ensayo de diferentes cultivos frutales para convertirlos a ecológicos. «Atendimos a las demandas del mercado, siempre con la premisa de reconducir la producción hacia una mayor rentabilidad para el agricultor», señala.

El proyecto todavía se halla en un periodo de transición antes de que puedan colocar el género en los canales de comercialización, tarea prevista para el próximo año. Mientras tanto, el equipo pretende que esta iniciativa sirva también de camino para el resto de socios que conforman la SAT, «para que conozcan qué se necesita y qué exige este tipo de cultivo, porque realmente existe miedo a esa conversión y hay vencer el desconocimiento».

Adolfo valora como «positivos y satisfactorios» los resultados recogidos hasta ahora, «pero la valoración completa habrá que hacerla más adelante, conforme se obtengan datos de rentabilidad y producción para decidir si es viable o no en función también de la acogida que tenga entre el público». Las explotaciones experimentales que trabajan acogen unas nueve hectáreas de perales, albaricoqueros, ciruelos y también algún que otro almendro asentadas en Rincón de Soto.

«Queremos, al igual que hacemos ya en la cooperativa, potenciar la diversificación del cultivo en ecológico para conocer los diferentes comportamientos y ofrecer más fuentes de ingresos para que el productor no depende de un solo cultivo en concreto. Por otro lado, con los frutales en convencional también llevamos a cabo una producción integrada además de contar con diferentes certificados de calidad, como el Global GAP. Esta gestión tan controlada hace que no nos suponga tanto esfuerzo adaptarnos a lo ecológico», asegura el presidente de Valle de Rincón.

En su caso ha aportado al ensayo dos hectáreas y media de perales y ciruelos de las casi 20 que gestiona en total en el municipio riojabajeño. Adolfo resalta que con este proyecto se busca también esa «regeneración de los suelos, la vuelta a los terrenos de antaño con microorganismos que aporten una materia orgánica natural». Pero detrás está una mayor inversión de tiempo a la hora de gestionar el manejo: «Toca estar muy encima y tener un gran conocimiento del cultivo en sí».

Para ello, la SAT Valle de Rincón organiza diversos cursos formativos dirigidos a sus socios para profesionalizar más este sector y romper barreras culturales. Y es que la superficie dedicada al cultivo de frutales en convencional en La Rioja se ha hundido en los 30 años últimos, con el melocotonero y el manzano a la cabeza (un 83 y un 70 por ciento menos, respectivamente). La excepción se encuentra en el peral, que ha disparado su extensión en un 47 por ciento más.

En la otra cara de la moneda se encuentra el frutal en ecológico, que avanza poco a poco y ya ronda las 172 hectáreas para colocarse como el cuarto cultivo en ecológico con más presencia en La Rioja (por detrás de la viña, el almendro y el olivar). Cabe destacar que la superficie total cultivada en ecológico en La Rioja creció casi un 12 por ciento entre 2018 (3.575 ha) y 2019 (4.000 ha). «El pasado mes de diciembre eran 425 los miembros registrados en el Consejo de la Producción Agraria Ecológica, 33 en fruta de pepita, 16 en la hueso y ocho en otros frutales, aunque muchos de ellos comparten cultivo», apunta la directora del CPAER, Silvia Gallo.

El «continuo» crecimiento en el número de operadores, asegura, «va de la mano con el aumento de la demanda del consumidor hacia un producto más natural y respetuoso con el medio ambiente». Silvia añade que el perfil de los productores que cada vez apuestan más por innovar en materia de sostenibilidad es muy variado: «Los jóvenes agricultores igual están más concienciados o ven ahí un nicho de mercado interesante, pero también hay profesionales más veteranos inscritos desde hace tiempo en los registros del CPAER».

En cifras, el manzano en La Rioja es el frutal con mayor porcentaje de árboles en ecológico respecto al total de su superficie plantada, con un 9,5 por ciento. Le sigue el peral (3,94), el melocotón (3,46), la ciruela (1,32) y el cerezo (1,32). En cuanto a la dimensión adquirida por estos frutales ecológicos entre los años 2018 y 2019 (última actualización facilitada por la Consejería de Agricultura), se aprecia la evolución positiva (a excepción del cerezo, que perdió unas 2 hectáreas en ese periodo) con la que coinciden los protagonistas que gestionan este sector en primera persona, destacando la escalada de la pera con 37 hectáreas más plantadas en ese periodo de tiempo.

El presidente de la SAT Valle de Rincón confía en que los actuales canales de comercialización que emplea la cooperativa (principalmente grandes cadenas) sirvan también para introducir su género ecológico, junto con las tiendas especializadas y el comercio ‘online’. «El consumidor es más exigente y está más concienciado, además de que está dispuesto a pagar más si le aseguras que lo que compra es sano. Algo que va ligado al interés del agricultor por cuidar lo máximo posible la tierra y dar el mejor alimento al público. Ahí es donde tenemos una labor importante por hacer» resalta.

Adolfo no se aventura a hablar de que el cultivo en ecológico conlleva más costes económicos para el agricultor que el convencional. «Lo que sí implica es una mayor vigilancia, una mayor dedicación y un mayor control de la cubierta vegetal. En tratamientos sí ahorras porque evitas todos los herbicidas, pero luego toca trabajar con feromonas para la confusión sexual. Por otro lado, la maquinaria empleada es similar pero se emplea de forma diferente. La clave, eso sí, siempre está en el suelo», incide.

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