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Dos playoff, dos oportunidades históricas y veinte años de diferencia

A veces merece la pena echar la vista atrás para ver la importancia del momento en el que vivimos. Y estos días, así lo hace Calahorra. El destino ha querido que el playoff de ascenso a Segunda del equipo rojillo coincida con el veinte aniversario de su primera intentona. El fútbol de Segunda B nada tiene que ver con lo que era entonces, todo ha cambiado demasiado, pero es imposible hablar de lo que va a suceder el sábado en Extremadura sin echar la vista atrás y recordar lo que pasó hace viente años cuando el Calahorra estuvo a punto de entrar en el Olimpo del fútbol profesional.

Acababa de comenzar el siglo XXI, pronto nos íbamos a acostumbrar a contar en euros cuando, un grupo de chavales hizo vivir a los calagurritanos una de las primaveras más gloriosas del deporte de la ciudad. Como esta vez, casi sin hacerse uno a la idea, el equipo se coló entre los mejores de la categoría. Fue en El Plantío, como esta vez contra el Burgos, en un partido épico que todo aficionado al fútbol de la ciudad recuerda. El equipo consiguió remontar un encuentro que pocos pensaban que se podía ganar. Dos goles del calagurritano Juan Cruz Ochoa metieron al equipo en un playoff en el que, como esta vez, no había nada que perder y sí mucho que ganar.

Dirigidos por Emilio Remírez, los rojillos hicieron un playoff sensacional. Victorias a equipos como el Atlético de Madrid B o el Español B le pusieron a dos partidos de conseguir el premio de estar en la categoría de plata del fútbol español.

Quedaba el empujón final: el doble partido frente al Club Polideportivo Ejido. En Calahorra, los andaluces se impusieron por 0-2. Y llegó el último partido, donde los riojanos tenían opciones de subir si ganaban en la tierra de los invernaderos. El calagurritano Adrián adelantó a los visitantes en el minuto 53, dando a los rojillos el ascenso momentáneo. El grupo de aficionados que se pegó el palizón de bajar hasta Almería en autobús no daba crédito. En Calahorra, mientras, los aficionados que se habían quedado a guardar el fuerte estaban pegados a los transistores siguiendo jugada a jugada lo que pasaba a cientos de kilómetros.

Por desgracia, los almerienses empataron en el minuto 60. «Un atraco histórico». Así recuerdan los aficionados calagurritanos ese partido en una tarde de calor insoportable en unas gradas repletas de aficionados andaluces y con una representación calagurritana que volvió a casa con la cabeza muy alta a pesar de las lágrimas.

Nadie olvida ni el escandaloso gol anulado, ni un claro penalti para los rojillos. Todos recuerdan la expulsión de Dulce. Nadie entendía nada en el campo, pero los calagurritanos siempre tuvieron la sensación del que el Calahorra no perdió el que hubiese sido un ascenso histórico en el campo, sino en otro lugar muy lejano a los terrenos de juego.

El delantero titular…

Uno de los héroes de aquella temporada fue, sin duda, David Acaz. Quizás a muchos este nombre no les diga nada pero si hablamos de Txiki la cosa cambia. Aún la grada canturrea, de vez en cuando, eso de «Beramendi la prepara… Txiki, Txiki mete gol». Una canción que pudiera ser el germen primigenio de lo que hoy es Crianza Rojilla. Cogemos el teléfono, veinte años después…

«Fueron años maravillosos, éramos un grupo de amigos, una piña. Nosotros íbamos dos coches de Pamplona a Calahorra. Recuerdo que entonces entrenábamos tres o cuatro días a la semana, por la tarde, porque cada uno tenía su trabajo. Nadie éramos profesionales. ¡Cómo ha cambiado la película!», se extraña él mismo al recordar aquellos años.

«El fútbol era nuestra pasión, pero era tan grande que se consiguieron cosas importantes», dice con la voz llena de recuerdos de aquella época. «Yo me levantaba cada mañana a las siete a trabajar y después de ocho horas por la tarde tiraba para Calahorra a entrenar. Nunca fuimos conscientes de que estábamos escribiendo parte de la historia del club».

«No recuerdo que el objetivo de subir estuviese en nuestros planes ni siquiera una vez clasificados para el playoff. Nos enfrentábamos a equipos muy potentes y queríamos disfrutar de esa experiencia». Recuerda los campos, el orden de los partidos, los resultados, quien marcó en cada uno de ellos como si el maestro de la escuela se lo hubiese obligado a memorizar de carrerilla.

«Creo que ni el club, ni los jugadores, ni Emilio, ni siquiera la afición era consciente del cambio que hubiese supuesto para todos haber conseguido ese ascenso», reflexiona con el paso de los años.

Emilio Remírez

Recuerda que el partido contra El Ejido en casa se jugó un viernes por la tarde. «Ese viernes yo me levanté a las seis de la mañana a trabajar y la mayoría de mis compañeros hicieron lo mismo, pero la emoción y la ilusión era tanta… «, dice casi emocionado al rememorar aquellos días.

Mucho se ha hablado entre los aficionados del club de esos dos partidos. «Yo en ese primer partido no fui consciente de que pasara nada raro, luego con el tiempo sí empiezas a recordar cosas que te hacen planteártelo. En el partido de vuelta sin embargo todo fue muy evidente, ya desde dentro llegó un momento en el que pensé que hiciésemos lo que hiciésemos ese partido no lo íbamos a ganar», recuerda. Tiene un recuerdo grabado en la memoria. «Cuando volvíamos para casa en el autobús íbamos escuchando a Jose María García y dijo que iba a investigar ese partido porque había visto cosas muy raras». Aún tiene la voz de García esa noche grabada en la memoria.

Va detallando casi cada minuto del partido. «Nada más empezar rematé yo de cabeza a puerta y la sacó un defensa con la mano, ahí ya vi que la cosa no pintaba nada bien. Era penalti y expulsión y no pitó nada. Luego el gol de los papelitos que nos anularon. Después de nuestro gol no sé ni la cantidad de faltas que se pitaron al borde del área para que marcase Patri, que fue al final quien marcó. Lo tengo todo tan grabado… pero nadie pudo demostrar nunca nada», se lamenta.

Sin duda ese fue su recuerdo más amargo de los cuatro años que estuvo en Calahorra. «Lo demás todo fueron momentos extraordinarios, por los compañeros, por la afición… yo solo puedo tener palabras de agradecimiento porque gracias al Calahorra luego fui profesional». Entre los mejores momentos recuerda la victoria contra el Barcelona B de Iniesta, Babangida y Victor Valdés y una experiencia diferente: «Siempre recordaré el partido de Cuenca para salvarnos del playoff de descenso. Vinieron cuatro autobuses desde Calahorra. Nos dieron un baño. Perdimos 4-0 y me acerqué al público a pedirles disculpas y la gente no dejaba de animarme. Yo no daba crédito, pocas aficiones hay de esas».

Ahora Txiki es entrenador del Iruña. «Estoy convencido de que algún día entrenaré en Calahorra, es un equipo al que llevo muy dentro por todo lo que me dio esos años». El callado y espigado delantero rubio, ya ni es callado, ni es delantero y su pelo ya no es de ese rubio casi platino que hacía que el aficionado lo distinguiese a la primera entre los 21 restantes. Eso sí, sigue teniendo una pasión por el fútbol que no mucha gente ha podido sentir y un cariño por la ciudad que le hace estar al tanto de todo lo que va pasando en la ciudad. El cordón umbilical sigue fuerte. «Justo antes de la pandemia habíamos hablado algunos jugadores de esa época para ir a Calahorra, teníamos ganas de pisar otra vez La Planilla juntos, habrá que esperar a otra temporada», dice.

Seguro que es recibido con los brazos abiertos como parte de la historia de un club que sabe agradecer lo dado. Ahora manda todo el apoyo del mundo al club. «Que disfruten los chavales, que lo hagan igual de bien que lo han hecho durante toda la temporada, si es así seguro que tienen opciones». Lo tiene clarísimo.

Y el portero suplente

En un segundo plano otro jugador estuvo también allí. No muchos recordarán que Miguel Martínez de Corta era el portero suplente de esa temporada. Allí andaba dando guerra, recién salido de juvenil. Lo recuerda como si fuera ayer. «Yo llegué a Calahorra cedido por el Barça, fue mi primer año jugando en el fútbol semiprofesional. Estaba en Barcelona y el club estaba apostando claramente por dos porteros: Reina y Valdés». Casi nada. Recuerdo que me llamó Juan Carlos Gutiérrez para preguntarme si me interesaría venir a Calahorra y no lo dudé ni un momento». La pretemporada ya había empezado pero pronto hizo piña con el resto del equipo. «Era mi primera experiencia fuera de juvenil y estuvimos a nada de conseguir el ascenso. De dos partidos, con ganar uno lo teníamos hecho, pero no pudo ser», recuerda.

La diferencia es clara para él con respecto al fútbol de ahora. «Allí todo el mundo tenía otro trabajo, el fútbol era para la mayoría más una afición que una profesión. Entrenábamos muy tarde porque la gente trabajaba. Éramos tres o cuatro de Logroño, otros tantos de Calahorra y el resto de Pamplona. Hoy en día no puedes pensar eso en una Segunda B, pero el grupo era cojonudo, fue la tormenta perfecta: el grupo era muy bueno, el entrenador supo exprimir lo mejor de cada uno y a pesar de que tuvimos problemas de cobros se consiguieron cosas importantes, lo tuvimos a punto de caramelo».

El grupo era tan bueno que todos de ahí despegaron hacia destinos insospechados entonces. «Txki llegó al Eibar, Otxoa fíjate cómo tiró para arriba, Cuéllar llegó a ser un jugadorazo, yo tuve la suerte de ir a Zaragoza y llegar al primer equipo… Fue todo una temporada perfecta teniendo en cuenta las limitaciones que había en el club».

Calahorra siempre recordará el playoff de hace veinte años y la realidad demuestra que los jugadores protagonistas de la gesta tampoco lo han olvidado. Lo más probable es que dentro de veinte años serán los Cristian, los Rayco, los Fran Sota, los Tarsi o los Carrique los que recuerden estos días que vive con intensidad la familia rojilla.

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