El Rioja

El enoturismo despierta en Rioja con tiento y energía tras el estado de alarma

Las bodegas afrontan una nueva etapa tras el fin del estado de alarma

Enoturismo en Bodegas Martínez Lacuesta

Restricciones tras restricciones, el enoturismo comienza a despertar después de un letargo que se ha prolongado durante meses y que ha dejado a las bodegas con el contador de visitas prácticamente a cero. La apertura de fronteras entre comunidades ha disparado las reservas para las próximas semanas y el ritmo de trabajo, aunque lejos de ser frenético, comienza a palparse en las tiendas y ‘winebars’.

El teléfono de Martínez Lacuesta no ha dejado de sonar durante los últimos días. Las previsiones de recuperación apuntan a un 75 por ciento de aumento en el número de reservas, según la responsable de enoturismo de la bodega jarrera, Lourdes Moral, después de permanecer cerrado el servicio de vistas casi al cien por cien. Durante todo este tiempo el foco de atención se ha centrado en manejar la tienda ‘online’, así como el bar de vinos y la vermutería con terraza, «tendencias actuales en el sector».

Lourdes Moral en Bodegas Martínez Lacuesta.

«Tenemos muchas ganas de recibir a los turistas para que conozcan de primera mano quiénes somos y qué hacemos, siempre velando por la seguridad tanto de ellos como de los empleados. Es momento de mantener la calidad enoturística y seguir explotando el paisaje del viñedo como grandes fuertes de Rioja», insiste Lourdes, al tiempo que recuerda la especialidad de la casa: «Buñuelos de bacalao con Reserva Ventilla 71, seguido de una visita con cata de dos vinos y un vermut o bien con una comida en bodega».

A orillas del Ebro, Hacienda López de Haro abre sus puertas del enoturismo todavía con calma pero hacen balance de los cambios de tendencias durante los últimos meses. «Ahora las reservas son, sobre todo, de última hora y el perfil de los visitantes en el último año ha pasado de ser uno de mayor edad y amante del vino a uno más familiar donde el ‘eno’ ya no es el motor conductor, sino que lo es el ‘turismo'», explica la responsable de enoturismo de la bodega, Ainhoa Mouriz.

Incide, sin embargo, que la pedagogía en torno al vino sigue manteniéndose. «Hemos buscado actividades para un publico más amplio que no solo esta interesado en el vino o que no es conocedor del vino. Hemos incorporado otros elementos a las visitas más vinculados al exterior y su emplazamiento, es decir, lo que hay de muros hacia afuera». Unos cambios «positivos para la marca Rioja» y que vienen para quedarse «porque el vino ha dejado de ser meramente una bebida para convertirse en algo más y establecer una vinculación emocional con lago mucho más amplio».

Rentabilidad en grupo

Lejos de vender estuches de vino a cada turista que pone un pie en bodega, el foco está ahora en rentabilizar las visitas a futuro. Iñaki Murillo Viteri insiste en que «hay que dejar huella en el turista» una vez abandona la bodega: «Rentabilizar la visita en el momento es muy difícil, así que la clave está en mantener el contacto y crear vínculos a posteriori, que se vayan con la marca grabada en la cabeza y en el corazón».

Además, en esa búsqueda de la rentabilidad de la actividad enoturística, el interés individual se echa a un lado y ahora el trabajo se hace en equipo mirando por el bien común. «Es un error que el público venga a ver una bodega y se marche. Tenemos que sumar esfuerzos y oferta, nada de hacer la guerra por nuestra cuenta, sino trabajar conjuntamente bodegas, hostelería y alojamientos turísticos. Se trata de ganar todos y que el cliente conozca los diferentes recursos de un pueblo o comarca. Que cuando esté en su casa y descorche una botella recuerde aquel momento», apunta Iñaki.

Iñaki y Andrea Murillo Viteri

Desde Cenicero, el consistorio trabaja en la definición de una estrategia para potenciar el enoturismo en común, donde la presentación de un ticket único para acceder a las bodegas del municipio podría ser una opción con el fin de facilitar la visita al cliente, ofrecerle todo tipo de comodidades y fomentar su estancia durante más tiempo en el entorno.

Bodegas Murillo Viteri, por su parte, sigue apostando por «la visita de calidad», huyendo de la masificación: «Preferimos hacer una visita de cuatro personas donde se lleven la marca a su casa que atender un autobús que solo venga para comprar vino. Por eso toda nuestra visita está diseñada para una atención prolongada, relacionando la historia de la bodega con anécdotas. Ya vale de hablar del tempranillo, el mazuelo o el graciano; ahora la gente quiere aventuras que generen experiencias positivas con el vino».

Iñaki, además, recupera el concepto de las tiendas de las bodegas que desde el Valle de Napa, en California, ponen en valor: «Allí es digno de ver la proporcionalidad de la tienda con la bodega. Le dan muchísima importancia tanto en tamaño como en tiempo dedicado. Creo que aquí nos falta entender esa perspectiva de que el turista tiene que disfrutar en la visita para conseguir hacerla rentable, ofreciéndole todo el tipo de facilidades».

Subir