El Rioja

Los vinos ‘eco’, en progresión hacia un producto «de calidad y honesto»

El Programa de Formación 2021 de la Asociación de Sumilleres de La Rioja dio su paso inaugural el pasado 10 de marzo con la celebración del primer Curso de Formación Técnica para Sumilleres, dedicado en este caso a la vitivinicutura ecológica y, más en concreto, a los vinos ecológicos de Rioja. Durante el encuentro se ahondó en la historia, evolución, retos y cualidades de esta tipología de vinos, descubriendo e interiorizando numerosos conceptos vinculados.

Con el título ‘Logros, retos y curiosidades del vino ecológico en Rioja’, el profesor de Análisis Sensorial de la Universidad de La Rioja y presidente del jurado de los Premios Ecovino, Antonio Palacios, junto al organizador de la cata-concurso de vinos ecológicos certificados, Íñigo Crespo, realizaron una reflexión participativa sobre la agroecología y los vinos ecológicos de Rioja en el Club de Marketing de La Rioja.

«Provoqué a los 25 sumilleres participantes que lograron una plaza para el evento, dadas las restricciones de aforo por el COVID-19, con un juego cooperativo a base de preguntas intrincadas cuyo objetivo no era otro que adquirir conciencia de la dimensión y de la importancia del sector vitivinícola y, en concreto, del subsector ecológico, así como de sus repercusiones sociales, mercadotécnicas y medioambientales», señala Crespo.

Una actividad donde se abarcó, entre otros asuntos, los orígenes de la agroecología y de la permacultura, ciencia multidisciplinar encargada del diseño de hábitats humanos sostenibles y que engloba, además de la vertiente agrícola, otras como la bioconstrucción, las energías renovables, el transporte sostenible, la nutrición, la educación o el ocio.

«También hubo tiempo para destacar la aportación al nacimiento de la ecología por parte de la limnóloga Rachel Carson, gracias a su ‘Revolución Silenciosa’, publicado en 1962 y considerado uno de los libros científicos más importantes de la historia por alertar de las consecuencias de la fumigación masiva con DDT y promover la creación de la ‘Environmental Protection Agency’ (EPA), entre otras cosas», explica el organizador del acto.

Así, jugando a adivinar, salieron a la luz datos como que más de una de cada cuatro bodegas españolas ya está elaborando vinos ecológicos certificados. «Un 27,8 por ciento, para ser más exactos», puntualiza Crespo. «También descubrimos que solo La Rioja cuenta ya con 62 bodegas certificadas, un 6,9 por ciento más que en 2018, y lo que supone aproximadamente un 20 por ciento del total de las bodegas de la región. Y nos sorprendimos con que solo un 2,29 por ciento del viñedo de La Rioja está certificado en ecológico, lo que equivale a 1.088 hectáreas, aunque esta cifra represente un 14,78 por ciento más que en 2018», destaca.

Otras regiones como Murcia ya cuentan con un 55,2 por ciento de su viñedo certificado en ecológico; o Cataluña, que tiene un 33; Baleares, que se coloca con un 30; la Comunidad Valenciana, con un 21; La Mancha, con el 13,1; Aragón, un 10; Castilla-León, un 9,8; Navarra, con el 7,3; o Euskadi, con un 7.

Para no quedarnos solo en los números, el profesor Palacios intercaló entre las preguntas del trivial vitivinícola el análisis sensorial de seis vinos ecológicos de Rioja elegidos entre los mejor valorados en los Premios Ecovino 2020. Así, se cataron Vega Vella Graciano 2017, de Cornelio Dinastía; Don Jacobo Crianza 2017, de Bodegas Corral; La Pasión de Una Vida 2019, de Bodegas Ramón Sáenz; Usoa de Bagordi Tinto 2019, de Bodegas Bagordi; Noralba Blanco 2019, de Castillo de Mendoza, y Carravalseca 2019, de Casa Primicia.

«La valoración fue unánime respecto a la alta calidad de los vinos catados, muestra del alto nivel que en general ofrecen actualmente este tipo de vinos, basados fundamentalmente en la obtención de una uva de máxima calidad e higiene con métodos de cultivo respetuosos con el medio ambiente», recuerda Crespo.

Así, no es de extrañar que el consumo mundial de vino ecológico certificado se haya duplicado entre 2013 y 2019, vendiéndose ya 802 millones de botellas al año en todo el mundo. «Y esto no ha hecho más que empezar. Porque no es tendencia ni moda ni nicho ni pose. Es una realidad necesaria y acuciante de elaborar vinos de calidad y honestos, con expresión auténtica del terruño. Y de hacerlo con el máximo respeto al medio natural y a las generaciones venideras, que reclaman una herencia digna, con un territorio fértil, repleto de vida y de futuro», sentencia.

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