El Rioja

Bodegas Montecillo desde 1870: la tercera bodega de la DOCa Rioja

La tercera bodega más antigua de Rioja reivindica sus orígenes

Mercedes García, enóloga de Bodegas Montecillo

Ya son 150 más uno. La caprichosa pandemia que llamó a la puerta sin avisar fraguó todos los planes que la histórica firma de Rioja tenía pensados para celebrar su aniversario. Pero, aun con mascarillas, el Gran Reserva 2005 salió a la luz como homenaje a ese 150 cumpleaños después de tres lustros de guarda. Un vino de esos que la tercera bodega más antigua de la DOCa Rioja cataloga como añadas históricas.

Pero si hay que hablar de historia, la que sustenta Bodegas Montecillo es curiosa se mire por donde se mire. Su fundador no era un viticultor de los de antes que un día decidió echarse a los lagares y experimentar con el mosto. Más bien era un panadero de Fuenmayor apasionado de la política que en 1864 heredó unas viñas de su suegra. Celestino Navajas llegó a ser alcalde, juez municipal y capitán de las milicias del municipio en las III Guerras Carlistas y constituir una de las más importantes familias de la villa, pero ese legado vitícola le hizo sospechar de una interesante línea de negocio en una época en la que los franceses azotados por la filoxera aterrizaban en La Rioja para llevarse el vino.

Comenzaba así la andadura de Bodegas Montecillo con su fundación en 1870 en el centro del municipio y bajo un apellido que dio mucho que hablar en Fuenmayor con las generaciones posteriores. Su primogénito Alejandro fue un visionario de la época que entró por la puerta grande de la industria de la dinamita, la eléctrica y la naviera, dejando gran parte de sus beneficios en la localidad riojana (entre otras inversiones, construyó el Salto eléctrico de Buicio en 1898 o el Cine-Teatro en 1931).

El cambio de manos llegaría en 1973 cuando José Luis Navajas, tercera generación de la bodega y enólogo formado en Borgoña, decide confiar el legado a la Familia Osborne ante la falta de relevo generacional. «Otra centenaria firma vitivinícola que ha preservado y potenciado las grandes virtudes de Montecillo». Con esta nueva propiedad, la bodega se trasladó fuera de Fuenmayor para concebir una vinificación cuidadosa de vinos de larga guarda bajo el paraguas de la calidad, la tradición y la innovación.

Un extenso relato con el que Fernando Umbría, jefe de Administración e historiador de la firma, podría escribir un libro y con el que la enóloga, Mercedes García, trabaja para reflejar esa esencia en unos vinos que expresan la huella del territorio. «Porque lo fundamental es el orgullo de pertenecer a ello y saber transmitir desde el respeto esas raíces de los fundadores al producto final. Se construyó la bodega actual a imagen de la antigua, con sus calados subterráneros, donde albergar los depósitos de cemento, las salas de crianza de barrica y los botelleros con sus Grandes Reservas, todo ello controlando minuciosamente humedad y temperatura…», destaca.

Mercedes García y Fernando Umbría muestran una de las añadas de la histórica marca Viña Monty.

Concretamente, el nombre de Montecillo hace honor a las primeras viñas que adquirió la familia con una singularidad orográfica especial que caracteriza su botellero. Azotadas por un clima predominantemente continental e influencia atlántica, las cerca de 800 hectáreas con las que trabaja la bodega consolidan una filosofía de viñedos viejos, de pequeñas dimensiones y con un gran potencial de guarda. «Todas ellas son propiedad de viticultores de la zona con los que trabajamos desde hace años y que ya forman parte de la familia Montecillo, de ahí la versatilidad de nuestros vinos», apunta Mercedes.

Desde sus añadas históricas, aquellas que solo salen de cosechas muy especiales y tras 15 años de reposo, hasta su nuevo lanzamiento el pasado año con Viña Monty, un guiño a la antigua marca creada por José Luis Navajas para potenciar sus vino en el extranjero. Una gama que ha merecido el reconocimiento fuera de las fronteras nacionales con sus tres varietales arropados en botella borgoñona y con el verde menta como color insignia de Montecillo. Unos vinos, además, que enraizan con cepas centenarias a orillas del Najerilla.

Mercedes García recorre el viñedo Los Blancos, en lo alto de Fuenmayor.

Antes de regresar a bodegas, Mercedes camina por la tierra recién labrada de los Blancos, un viñedo de 47 años plantado en vaso en lo alto de Fuenmayor donde el viento que golpea las cepas aporta una sanidad espectacular a una de las parcelas más especiales para el equipo: «Gran parte de esta finca se destina a elaborar nuestro vino de autor Edición Limitada donde prima el tempranillo con un elevado porcentaje de graciano que lo hace un vino muy especial y de estilo más moderno. Una viña, además, trabajada por el hijo del antiguo jefe del botellero y segunda generación trabajando en Montecillo, algo que le aporta además mayor valor sentimental».

Sobre ese mar de botellas que hasta hace unos meses Tomás (maestro apilador, jubilado el año pasado y trabajador veterano que estuvo ya en sus comienzos trabajando en la Bodega de Fuenmayor con la familia Navajas) colocaba a mano, una a una, camina con cuidado la enóloga de Montecillo. 800.000 botellas de Gran Reserva cuyo tiempo de doma es clave para alcanzar un resultado final exquisito. La irrupción de Mercedes en la bodega llegó en 2008, pero no fue hasta seis años después cuando asumió la responsabilidad técnica, derivando en un punto de inflexión para los vinos de la firma familiar, con una fruta bien marcada, respetando el color potente, de ahí el empleo de depósitos Ganímede para la
gama crianza donde la elaboración que aportan da como resultado taninos más suaves y menos agresivos para crear unos vinos redondos. El estilo de vinificación siempre lo marcará la procedencia de la uva y además de este sistema cuentan con depósitos convencionales de distintas capacidades para hacer vinos «versátiles».

«Lo que siempre pretendemos en un vino es que refleje esa simbiosis donde la fruta y el tanino de la madera se complementen entre ellos, buscando en todo momento no sólo la sanidad sino la expresión del origen, franqueza y elegancia. Por ello introdujimos sistemas novedosos de desinfección como la limpieza con ozono en nuestro tren de barricas. La madera es otro de los componentes clave, de ahí los exhaustivos controles microbiológicos que llevamos a cabo, con catas a ciegas anuales para evaluar las diferentes barricas de nuestras tonelerías de confianza y los tiempos de crianza para cada tipo de vino y variedad, que siempre son superiores a los mínimos definidos por el Consejo Regulador por la forma de elaborar y la materia prima que nos caracteriza», recalca.

«Pero ante todo queremos que un vino esté hecho para el disfrute, que sea limpio y solo encuentres lo que viene de la viña y el aporte de las notas de la crianza si
es uno envejecido, que plasme la personalidad de la bodega pero sin mostrar defectos en ningún momento de su creación». Mercedes tiene clara la huella que deja en sus creaciones, donde el respeto a la uva y la tierra es un pilar inquebrantable, «sin agredir en ningún momento del proceso de elaboración a la uva, nuestra materia prima, sino unirla con la nobleza de la madera y luego dejarla descansar en botella para darle forma manteniendo su esencia».

De ahí que los reconocimientos y premios sean una constante año a año. Número 1 en el ranking anual del ‘Top 100 Best Buy’ de la prestigiosa publicación vinícola ‘Wine Enthusiast’ para su Montecillo Crianza 2016, galardonado con 90 puntos el pasado año, mientras que el Montecillo Rioja Reserva 2013 alcanzaba el puesto 25 entre los cien mejores vinos de 2020, según la revista ‘Wine Spectator’. «Por no hablar de la gama Viña Monty, que desde su relanzamiento esta acogiendo grandes puntuaciones desde la crítica nacional e internacional».

La innovación y la apertura a nuevas líneas de crecimiento ha acompañado a Montecillo desde sus comienzos, con técnicas pioneras como la vinificación en frío. Ahora, Mercedes apuesta por lanzar una gama bio de gran prestigio con un viñedo de nueva plantación que crecerá ya como ecológico dentro de las instalaciones de la bodega. Un proyecto a corto plazo que, además de sostenible de alta calidad, será ornamentalmente capaz de atraer a público, ya que centrará parte de nuestra oferta enoturística. Sin frenos, la histórica bodega avanza en su apuesta por el desarrollo de la mano de unas raíces que se aferran con fuerza a su origen.

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