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‘Todo hombre tiene un punto de ruptura’

Sergio Rodríguez llegó al vestuario del Logroñés en silencio. Se sentó, y sin necesidad de alzar la voz, habló de forma pausada a unos jugadores con carita de perdedores. Les dijo exactamente aquellas cosas que esos futbolistas sí sabían hacer para ganar aquel primer partido con el descenso a Tercera excesivamente cercano. Y el equipo ganó aquel primer partido.

Dejó a un lado el estilo de su antecesor con esa vieja forma de hacer donde la mano izquierda no sabe nunca lo que hace y piensa la derecha y al revés, y es que hay quien tiene la capacidad de decirle a cada lo que quiere oír aunque sea mentira porque la verdad solo surge en cuanto se da la espalda.

Entonces, Sergio Rodríguez empezó a hablar de forma diferente, a la cara, y a usar además la primera persona del plural: el nosotros por encima del ego. Dejó a un lado el personalismo, el “yo estoy en lo cierto y el resto está radicalmente equivocado porque sois unos provincianos” afectados por el “Rumor City”. Y funcionó. Vaya si le ha funcionado a Sergio Rodríguez.

Aquellos últimos diez partidos con Coulibaly haciendo las delicias de los seguidores fueron toda una inspiración: a algunos se nos ocurrió pensar incluso que igual tendríamos la suerte de vivir una historia perfecta, ésa en la que un tío de la casa logra lo que nadie había hecho hasta ahora, ascender. Y para un club sin raíces ni mucha historia parecían motivos lo suficientemente importantes como para al menos internarlo. Revuelta, Guerreros e Isasi lo tuvieron claro. Que deje Escolapios y demuestre si realmente quiere ser entrenador tras tres encuentros en interinidad de buenos resultados.

Y Sergio Rodríguez ha logrado muchas cosas, también que un director deportivo lleve tres años en un club y aún no sepamos cuál hubiera sido el técnico elegido, el que hubiera venido con él de la mano de no haber estado ya Sergio Rodríguez. Y es que Carlos Lasheras ya se encontró con Sergio Rodríguez cuando firmó por el Logroñés. «Carlos me ha hecho mejor entrenador, me ha ofrecido una visión distinta del fútbol y ha sido de gran ayuda», dijo Sergio Rodríguez sobre Carlos Lasheras (nadie le preguntó por su ‘jefe’) en aquella rueda de prensa en La Rosaleda nada más haber ganado la gran final por el ascenso.

Hasta ahora no sabemos qué entrenador hubiera venido a Logroño para ayudar a que Carlos Lasheras cumpliera su objetivo, ése que explicó cuando llegó a Logroño: «Tengo por delante tres años para lograr el ascenso a Segunda y en tres años estaremos en Segunda». Mejoró sus predicciones. En dos años, con Sergio Rodríguez en el banquillo, Lasheras sumó otro ascenso de Segunda B a Segunda, que es el mayor de los retos en el fútbol español más allá de ganar un título en la élite. No sabemos qué entrenador hubiera traído Carlos Lasheras, pero no resultaría raro que cuando la etapa de ambos en Logroño llegue a su fin, ambos se reencuentren en algún otro escenario futbolístico.

El respeto se gana y lo mejor es que se conserva cuando surge desde dos personalidades tan discretas, directas, educadas y honestas como las que nos ocupa. Ha tenido buena selección de personal el equipo riojano, al menos hasta ahora. Y eso que el fútbol nos ha demostrado que le sobran cualidades para joderlo prácticamente todo, hasta el deseo de que un chaval de Lobete logre mantener al equipo de su vida en el fútbol profesional… con todo lo que ha costado situarlo ahí de nuevo, incluida la desaparición del histórico.

Pero todo el mundo tiene un punto de ruptura. Ahora solo queda descifrar si el de Sergio Rodríguez se ha producido tras una mala cesión de cabeza de Iñaki, si se ha producido tras las dudas de Miño para dejar su larguero y salir de a recoger esa pelota. Conviene saber si al técnico se le ha roto el corazón tras un mal marcaje de Petcoff con Yanis a su espalda. Si ha llegado después de no hacer reaccionar al equipo en todo el segundo tiempo ante el Málaga. Convendría saber si a Sergio Rodríguez se le ha roto su discurso al sentar a Bogusz una y otra vez, si se le han acabado los recursos futbolísticos y por eso tomó la decisión errónea de acumular gente en el área sin darse cuenta de que había quitado a su único centrador, Paulino, junto a Iñaki. Y si nadie pone balones nadie puede rematar absolutamente. Igual, el punto de ruptura de Sergio Rodríguez está en ver la sucesión constante de lesiones musculares. Porque todo el mundo tiene un punto de ruptura. No hay cuerpo que aguante una única victoria en quince jornadas. Sumar 8 de los últimos 45 puntos te come por dentro, tanto que no haber ganado aún en esta segunda vuelta pasa a un segundo plano, porque el asunto viene siendo grave desde hace demasiado tiempo.

El punto de ruptura se produce cuando las circunstancias te superan, como a Carlos Pouso tras aquella derrota en Navalcarnero, donde reconoció en sala de prensa que estaba tan cansado desde la eliminación en ‘El Secarral Sevillano’ que necesitaba parar y coger aire, como le apuntó en su momento a Félix Revuelta, que no tomó en consideración. Y ahí acabó su historia, pero aun así duró un poco más de lo necesario, porque querido lector, en este nuevo Logroñés de Félix Revuelta, la confianza es lo primero, y amortizar un puesto de trabajo antes de la conclusión de los contratos no es marca de la casa. Ahora, pobre de aquel que abuse de esa confianza. Así es este nuevo Logroñés: certidumbre, seguridad, pasos firmes, pero también lentitud para adaptarse a los cambios bruscos tan habituales en estos del fútbol.

¿La derrota ante el Málaga en Las Gaunas supone un punto de ruptura para Sergio Rodríguez? ¿Está superado por las circunstancias? ¿Se le ha puesto a sus jugadores esa misma cara de perdedores que vio Sergio cuando se presentó por primera vez en aquel vestuario que le había dejado Berges tras la dimisión en diferido de Pouso? La rueda de prensa del pasado domingo denota frustración, temor y agobio. Reconoció muchas cosas, también que seguía “teniendo fuerzas”. El cansancio pudo con Carlos Pouso. No será la razón por la que salga Sergio Rodríguez del banquillo del primer equipo o de este club. Le sobra energía.

Ahora bien, en la virtud puede encontrarse el talón de Aquiles del técnico riojano para revertir esta situación porque este Logroñés es su gran obra. Él ha sido uno de los principales orfebres de este capricho futbolístico tras veinte años de baratijas. Y en ocasiones, y más en este del fútbol, es inevitable caer rendido de puro amor. El amor duele cuando los resultados no acompañan. El bloqueo, entonces, se instala para la toma correcta de decisiones porque ha costado tanto llegar hasta aquí que perderlo ahora debe romper por dentro a quien ha trabajado tanto para conseguirlo.

Pero lo evidente es que mientras tanto a los jugadores se les está poniendo carita de perdedores, porque no hay cuerpo que aguante tantas derrotas, tantos golpes en una categoría que te exige el 120 % en cada partido. Solo Sergio Rodríguez sabe si aún tienen capacidad para sentarse, como aquel primer día, en medio del vestuario, y sin levantar la voz, resetear las cabezas para estos últimos 13 partidos y volver a seducir a unos futbolistas que podrían haber dejado de creer en el trabajo que se está haciendo. El gol de Ortuño ha hecho más daño del que podíamos imaginar.
Solo Sergio Rodríguez sabe si realmente se ha alcanzado el punto de ruptura. Eso que todo hombre tiene o todavía está en disposición de reconducir esta situación con las señas de identidad que le han llevado al éxito: trabajo, ilusión y compromiso, que fue precisamente lo que faltó le faltó a su equipo y a sus decisiones en la segunda parte ante el Málaga.

Ahora bien, aquel primer vestuario en el que se sentó Sergio Rodríguez estaba más lejos del fútbol profesional de lo que se está ahora mismo. Y si se vuelve al barro con Sergio Rodríguez o con otro entrenador, este Logroñés será mejor que aquel que él heredó y que todavía estaba sin cimentar. Ahora ya tienes un pisito donde vivir, por mucho que insistas en pedirle a Sergio Rodríguez que te devuelva las llaves. Sergio Rodríguez acabará por romperse, pero te habrá dejado un club de fútbol.

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