Crisis del Coronavirus

Los otros efectos secundarios del COVID: más fracaso y abandono escolar entre los jóvenes

Otros efectos del COVID: más fracaso y abandono escolar

En la Grecia clásica ya se hablaba de los jóvenes como personas totalmente incontrolables, que no ceden el sitio a los ancianos, que protestan y hablan demasiado alto. La adolescencia es por definición un periodo de «desligamiento del grupo familiar. Un periodo para someter a juicio las normas que nos marcan; de salidas del hogar; y de establecimiento de relaciones con los iguales», explica Javier Ortuño, profesor del Área de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de La Rioja.

Y toda esta definición, con la pandemia, «se les está privando. Decir que ahora los adolescentes son peores que antes no es verdad. Claro que hay condicionantes, otras estructuras familiares y sociales, pero la idea de salir, de quedar con amigos y ser un poco más disruptivos es común a la adolescencia de épocas anteriores». Y todos hemos pasado por esta fase. Sin duda se trata de una etapa compleja, pero eso no quiere decir que los más jóvenes no sufran las consecuencias de la crisis por la que está atravesando el mundo.

Algunos dicen que es uno de los sectores de la población que peor lo está pasando, pero «las generalizaciones no son buenas. Hay adolescentes que tienen más aguante y resiliencia a ciertas situaciones y otros no tanta». Es cierto que es una etapa especialmente relevante en el desarrollo donde puede haber más vulnerabilidad y se puede estar más expuesto a problemas psicológicos y, en este caso, «con este escenario prolongado en el tiempo, sin tener contacto social, o sin hacer las prácticas deportivas habituales, es más peligroso».

Ortuño señala que está habiendo un incremento del número de problemas psicológicos en la población infanto-juvenil, «pero esto no significa que les pase a todos. La mayoría no van a tener problemas psicológicos de depresión, pero claro que hay casos donde, en situación de mayor vulnerabilidad con ciertos problemas emocionales, la ansiedad y depresión pueden aparecer».

El profesor de la UR confía en el poder de esta generación y sabe que es una muy buena oportunidad para que enfoquen esta pandemia como un reto, «como algo que pueden superar y durante el camino aprovechen para aprender otras cosas. Además, pueden utilizar la ocasión para hacerse más fuertes de cara a su experiencia vital y a su futuro. Para los padres, otro consejo: «Que entiendan las circunstancias y particularidades de la etapa adolescente y hagan un ejercicio de empatía para entender cómo se pueden sentir sus hijos».

Además, Javier Ortuño advierte de la necesidad de que los jóvenes apuesten por afianzar actividades como la lectura o el ejercicio físico y por supuesto, aprovechar el tiempo para descansar y pasar más tiempo con la familia. «El peligro se centra en el uso de las nuevas tecnologías. Está claro que ahora las redes sociales son la principal manera de relación, pero el problema viene cuando el uso se convierte en abuso. Hay una línea muy fina entre la utilización que nos permite continuar con nuestras relaciones y lo que empieza a ser dependencia».

Foto: Intel Free Press (Flickr)

Pandemia y educación juvenil: «Fracasar ahora es fracasar en el futuro»

La situación de inestabilidad socioeconómica en los últimos meses ha desembocado en rápidos cambios educativos que han puesto de manifiesto «un sistema educativa débil en dos aspectos: el fracaso escolar, que representa a los alumnos que no finalizan la educación obligatoria, y el abandono escolar temprano del sistema educativo que supone cierta vulnerabilidad de los jóvenes para el acceso al mercado laboral», explica María Ángeles Díaz, profesional del Área de Sociología y Educación de la UR.

Asimismo, la situación de aislamiento provocada por la pandemia ha evidenciado que «no todas las personas tienen el mismo acceso a la educación, debido principalmente a la brecha económica. Esto se refleja en la ausencia de herramientas básicas para el rendimiento escolar. La distribución es muy desigual según el nivel socioeconómico de los alumnos: en el nivel bajo, el 14 por ciento de los alumnos no tienen ordenador en casa, mientras que un 44 por ciento solo tiene uno. Estas cifras contrastan con las del grupo socioeconómico alto, donde el 61 por ciento dispone de tres o más ordenadores en casa, mientras el 31 por ciento dispone de dos y únicamente un 8 por ciento tiene tan solo uno.

La socióloga ha destacado que la pandemia ha puesto en relieve los problemas reales que tiene la escuela en todos los niveles, quedando aún muchos problemas sociales y educativos que mejorar, como por ejemplo, «la falta de equidad para superar las vicisitudes educativas y laborales, ambas reforzada por la brecha digital, económica y social que ha generado el estado de crisis actual».

La desmotivación, la desigualdad en los conceptos adquiridos durante la pandemia y el malestar físico y mental que están sufriendo los jóvenes han traído consigo un impacto negativo sobre el aprendizaje de todo el alumnado y su forma de ver el empleo. «El mercado laboral actual está desalentando a muchos jóvenes, sobre todo de contextos más desfavorecidos. No nos damos cuenta de que fracasar ahora significa fracasar en el futuro».

Díaz advierte también que la disminución de las relaciones sociales producen insatisfacción y estrés, evitando que se enfrenten a los problemas de forma objetiva. Además, aparte de la escuela y los iguales como referentes socializadores, la familia, es el pilar básico en el que el joven se apoya y en el que busca seguridad y apoyo. El problema viene cuando ese núcleo falla. «Esta pandemia nos está desestabilizando a todos, y si el adolescente ve a algún progenitor triste, depresivo o enfermo, aumenta el desequilibrio y el momento de vulnerabilidad acaba influyendo en su rendimiento educativo y laboral».

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