La Rioja

Comunidad cuidadora, economía circular y almas solidarias

La pandemia deriva en un movimiento de participación comunitaria conformado por diferentes redes de apoyo social

Ana Isabel Fernández y Raquel Ramírez en una de sus huertas comunitarias en Nalda.

Una de las tantas características que identifican el ámbito rural es la solidaridad en mayúsculas que se materializa en el apoyo mutuo que ejercen los habitantes de este entorno, algo que constituye por así decirlo el ADN de la identidad rural. Desde su irrupción, la pandemia de COVID-19 ha intensificado la solidaridad tejida durante décadas en el medio rural. Fue en un momento de miedo e incertidumbre cuando ese sentimiento se consolidó en un movimiento de participación comunitaria más grande a nivel macro y micro conformado por diferentes redes de apoyo social que actuaron (y actúan) en aras de un bien común, como agentes en busca de ese bienestar y salud para la ciudadanía rural.

En este contexto nació La Rioja Próxima, como proyecto para potenciar la participación social y el enfoque  comunitario desde un contexto más cercano, en el propio territorio y contando con sus gentes para mejorar el bienestar de los habitantes de los distintos pueblos de La Rioja. El gran reto de COVID-19 hizo que las redes de apoyo existentes y las que se generaron de forma espontánea se pusieran manos a la obra. Los doce Comités de Desarrollo y Cuidados Rurales en los que se articula La Rioja Próxima, distribuidos por toda la geografía rural del territorio, han sido catalizadores del proceso comunitario en el ámbito rural. Estimulando, asesorando, acompañando, apoyando, ayudando y reforzando las redes de apoyo social existentes en los municipios antes de la
pandemia, las creadas con motivo de COVID-19, así como las futuras iniciativas que se puedan generar.

Un objetivo que solo se alcanzará con una visión globalizada del territorio que ayude a identificar, entender y generar los procesos necesarios que marquen las líneas de acción en los distintos pueblos de La Rioja. Como experta en este modelo de trabajo se sitúa Raquel Ramírez, miembro de FADEMUR, de la Asociación El Colletero, la Asociación de Protección del Patrimonio de Nalda y desde hace unos meses también del proyecto ‘La Rioja Próxima’. Su labor para con los demás es amplia, no cabe duda, pero quiere más. Quiere hacer una sociedad justa, comunitaria y solidaria.

Defiende esa filosofía de retroalimentación en una “comunidad cuidadora”, como prefiere llamarlo ella, “una especie de hacer comunidad alrededor del cuidado tanto de las personas como del medio ambiente». De ahí que las tareas agrícolas tampoco se le escapen y ya cuenten con cerca de cuatro hectáreas de huertas comunitarias recuperadas donde fomentan la agroecología al mismo tiempo que forman a los más vulnerables para que sean ellos quienes se cultiven sus propios alimentos fomentando una “metodología circular” o de trueque. Pero su interés principal es ayudar en la búsqueda de empleo como vía para favorecer el desarrollo humano, «brecha a partir de la cual se desencadenan el resto de riesgos».

Raquel Ramírez y Ana Isabel Fernández.

«Parece que ahora está de moda hablar del medio rural, pero también es bueno que se hable, por lo menos así vamos avanzando, aunque estas prácticas ya eran habituales entre nuestros ancestros», apunta Raquel, mientras Ana Isabel Fernández, miembro de El Colletero, aplaude el impulso de proyectos como ‘La Rioja Próxima’, «con el que se crean grupos más unidos para conseguir que nuestro mensaje llegue a más gente y se trabaje del territorio a lo global, no al revés». Algo, añade la socia, «que se debería enseñar en los colegios también». Una forma de ampliar su red de trabajos comunitarios que desde hace dos décadas estas mujeres ya venían realizando sin hacer mucho ruido.

Urbina Aguilar es otro nexo de unión entre las zonas básicas de Salud de Arnedo y Cervera del Río Alhama y los Comités de Desarrollo y Cuidados Rurales de ambas localidades en las reuniones periódicas que mantienen. Transmitir las inquietudes de índole sanitaria y social a estos equipos se ha convertido en su día a día. «Soy una representante más que trabaja para coordinar las actuaciones, transmitir la información y atender y cubrir las necesidades psicosociales», indica. Pero su trabajo va más allá. Miembro de un grupo de voluntariado, Urbina participa desde el inicio de la pandemia en el apoyo a personas mayores y vulnerables que viven solas a la hora de ofrecer atención sociosanitaria.

También es mediadora intercultural en Arnedo, donde el índice de inmigración es muy elevado: «Tratamos de solventar las dificultades lingüísticas de determinados sectores de la población para que la información llegue a todos por igual». Urbina considera que la colaboración comunitaria es clave «para salir todos juntos de esta, sin que ningún pueblo se quede atrás y todos cuenten con los mismos recursos y servicios básicos», añade.

Almas solidarias

En esos primeros días de la pandemia, cuando el confinamiento domiciliario pilló a muchos con lo puesto, Adolfo tuvo una idea que nada más lejos de la realidad se imaginaba que pudiera convertirse en el proyecto que representa ahora. Unos simples ‘clicks’ en redes sociales para compartir la publicación de un vecino que pedía ayuda para poder conseguir alimentos sin gluten u otro matrimonio de avanzada edad que necesitaba que alguien le subiera la compra a casa. Necesidades personales que se amontonaban en estas plataformas a golpe de ‘like’ y comentarios de apoyo vecinal a rebosar. «Fue entonces cuando vi que tenía que crear un grupo de Facebook para canalizar todas estas ayudas, así como para ofrecer información oficial sobre la evolución epidemiológica».

Adolfo Fernández, coordinador de Cruz Roja y miembro del Comité de Desarrollo y Cuidados Rurales de Nájera valle, impulsó así en mayo la Asociación Nájera Solidaria, de la que ahora ejerce como presidente y que comenzó con la confección de las primeras mascarillas de algodón. Después vendría mucho más: creación de EPI y pantallas, recogida de alimentos y artículos de higiene donados por particulares y empresas para los más vulnerables, colaboración con otros municipios a la hora de ceder los patrones de confección, donaciones de tablets a residencias de ancianos para que pudieran realizar videollamadas con sus familias, atención psicológica vía telefónica…

Una serie de actuaciones que se han adaptado al desarrollo de la pandemia y las necesidades cambiantes de la sociedad y que han sido posibles gracias a la involucración económica social: «Desde marzo hemos llegado a recaudar casi 19.000 euros entre las donaciones realizadas a las huchas colocadas por los voluntarios, a través de la cuenta GoFundMe o las aportaciones varias de los vecinos. Ahora el presupuesto ya se ha mermado, sobre todo con la ayuda a familias que venimos realizando desde entonces, y no sabemos durante cuánto tiempo más se necesitará de nuestra ayuda porque la situación no mejora». Adolfo, sin embargo, es consciente de que el espíritu solidario por el que se fundó la asociación persistirá en el municipio con y sin pandemia.

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