La Rioja

Los establecimientos riojanos, «cada vez con más agujeros en sus bolsillos»

La cuesta de enero se va a hacer dura de superar para muchos establecimientos riojanos. Con las nuevas medidas establecidas por el Gobierno regional, que han entrado en vigor este sábado, y cuya principal restricción es el cierre de toda actividad no esencial a las 17:00 horas, muchos negocios ven un horizonte muy negro por delante. Tan negro como las cifras de la evolución epidemiológica que este jueves arrojaban la peor cifra de contagios diarios desde el inicio de la pandemia.

«Las facturas hay que seguir pagándolas y cada vez es más difícil», relata César, propietario del Café Vigón. Recuerda que en meses normales, durante el ‘pinchopote’ de los viernes, podía hacer cerca de 200 huevos fritos, «mientras que anoche cocinaríamos unos 24». Pero toca aguantar, al menos, estos próximos 15 días. Aunque «el negocio cada vez va más cuesta abajo», César da gracias porque el local sea de su propiedad y no tenga que sufragar nóminas de empleados.

En el caso de Begoña, gerente del comercio textil Tokio, reconoce que las medidas son «necesarias», pero deberían ser unas «unificadas»: «Mientras yo no puedo atender a mis clientes a partir de las 17:00 horas, las grandes superficies que venden productos de alimentación pero también textil, sí puedan estar abiertas».

Begoña, además, insiste en que «toca ser mucho más responsables ahora, sin cargar las cifras de contagios y muertes sobre los dirigentes porque la responsabilidad es de cada uno». Sus ventas sufrieron ya en la temporada de verano, con caídas del 70 por ciento, pero más aún lo hicieron durante el confinamiento de Logroño en noviembre, donde los números bajaron en un 80 por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. «Nuestra única salvación es  que se acelere el proceso de vacunación, porque la gente ya no tiene ganas de salir ni de comprar», lamenta.

Desde la Federación de Empresas de La Rioja, su presidente Jaime García-Calzada remarca que, «aunque se va viendo poco a poco una luz al final del túnel, es una luz que todavía no alcanza realmente esa claridad porque quizá no nos estamos tomando las cosas como deberíamos y porque tampoco creemos que exista una dirección establecida con una hoja de ruta seria que nos permita enfrentarnos a este virus».

García-Calzada incide en la necesidad de que lleguen unas ayudas directas a esos negocios que van a ver más afectada su actividad con las recientes limitaciones horarias: «En España no se está tratando de la misma forma que en la Unión Europea al sector empresarial. En otros países, el cierre de los negocios va ligado a un apoyo económico y aquí, tras diez meses de pandemia y soportando una complicada situación, muchas empresas tienen demasiados agujeros ya en sus bolsillos».

«Parece que es difícil equilibrar la salud con la economía», añade, «pero lo cierto es que para muchos miles de pymes y autónomos ya no existe liquidez suficiente para aguantar los próximos meses». El presidente de la FER se muestra optimista y espera que «para este verano la situación haya cambiado, para lo cual se necesita que el proceso de vacunación se agilice, aunque las últimas noticias sobre el proceso no son muy halagüeñas».

El presidente García-Calzada vaticina un trimestre «muy duro, porque ya a mediados de enero no se aprecia que las perspectivas de negocio vayan a mejorar a corto plazo a la vista de la evolución epidemiológica». La esperanza, por tanto, se fija a partir del segundo semestre, con la llegada del verano: «Esperemos que poco a poco vayamos controlando la pandemia para que el turismo, un sector líder a nivel mundial que ya nos salvó de crisis pasadas, empiece a reaccionar cuanto antes. En el momento en que pueda echar a andar va a suponer un aporte muy importante a la economía».

Desde la FER aclaran que desconocen el número exacto de negocios que han tirado la toalla y han bajado la persiana definitivamente en la comunidad ante las dificultades económicas, «ese dato se conocerá una vez acabe esta situación excepcional». Ante una situación «muy delicada», García-Calzada insiste en que «al Gobierno le sale más barato mantener hibernadas a las empresas que hacer frente al paro que generará un cierre masivo de establecimientos por falta de protección económica».

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