El Rioja

Así se marida un vino: Montecillo desmonta cinco mitos para esta Navidad

El mundo del vino se ha convertido en una corriente cultural de la que muchas personas hablan, pero no siempre con acierto. Esto ha originado un buen número de mitos sobre el vino que proceden, en su mayoría, de su consumo y disfrute. Estos días, además, con la llegada de las comidas y cenas de Navidad, aún se confunden más.

Por eso, Bodegas Montecillo, la tercera bodega más antigua de la DOCa Rioja y con 150 años de historia, desmonta cinco falsos mitos sobre el vino y su forma de maridar que serán muy útiles para saber qué vino elegir y sorprender a los comensales. Su enóloga y miembro del Consejo Regulador de Denominación de Origen Calificada Rioja, Mercedes García Rupérez, lanza las recomendaciones.

– Pasta con salsa, cualquier opción es buena

Si hay un plato versátil en la gastronomía ese es la pasta. Se marida con cualquier bebida, y cuando se de vinos, no iba a ser menos. La realidad es que depende de cómo se cocine la pasta, se puede acompañar de una variedad u otra. «Así, la más tradicional elaborada con tomate sí necesita un tinto con mayor tanino para compensar la acidez de la salsa. Sin embargo, si la salsa que acompaña está cocinada a base de quesos, boletus, pesto, carbonara o diferentes hortalizas; entonces su mejor compañero será un vino blanco, más fresco y con sabor afrutado».

Desde la Bodega recomiendan Montecillo Singladuras Rueda o ​Montecillo Rose, «ideales» para este tipo de platos. Se trata de vinos con textura y cuerpo, elegantes y con carácter que potencian el sabor de estas salsas.

– El pescado, también con tintos

Siempre se piensa que el marisco o el pescado conjugan mejor con vinos blancos secos por la ausencia de tanino en estos vinos, que permite potenciar mejor el sabor delicado de estos mariscos y pescados. Pero no tiene por qué ser así. Para saber si un pescado combina mejor con un tinto o un blanco, se debe conocer primero la acidez del mismo, su contenido en grasa o la intensidad de su sabor.

«Así, por ejemplo, si escogemos un pescado graso como el salmón o semigraso como la trucha o la dorada, lo ideal es acompañarlos de un tinto como ​Montecillo Crianza​. Es untuoso, vivaz y envolvente, con un tanino sedoso y una acidez muy elegante con evidentes notas de madera de gran calidad. Por otro lado, otro pescado azul como el atún puede ser perfecto para un ​Montecillo Edición Limitada ​por su potencia y refinada acidez», apunta.

La bodega también recomienda que «los pescados blancos como el bacalao, la lubina o el lenguado con menor contenido graso se potencian con vinos tintos muy afrutados y aromáticos, pero suaves, que acompañen pero no pisen. Por ejemplo, ​Montecillo Reserva acompaña estos platos gracias a su acidez equilibrada y tanino muy domado. Su gran intensidad frutal y la suavidad en el trago hacen que no reste protagonismo a estos pescados que tienen menos potencia de sabor».

– El tinto con la carne, depende

Es cierto que la carne roja marida perfectamente con vinos tintos «como un Montecillo Gran Reserva o ​Montecillo 22 barricas Gran Reserva​, pero las aves como el pollo, las carnes blancas como el cordero o las ahumadas y especiadas encajan mejor con un vino blanco, a pesar de lo que estamos acostumbrados. Un blanco perfecto para estas ocasiones es ​Montecillo Singladuras Albariño, un vino muy versátil cuya nota salina predomina en el postgusto, en armonía con la intensidad de la fruta blanca y el albaricoque maduro. Un conjunto capaz de favorecer estos sabores».

– El jamón ibérico, mejor con vino blanco

Al igual que las carnes rojas, muchas veces por extensión también se cree que el jamón cien por cien ibérico de bellota debe maridar con un vino tinto. «Sin embargo, no siempre es así. Los vinos tintos cuentan con mayor presencia de taninos (lo que les aporta mayor amargor) que diluyen el sabor del jamón. Por ello, recomendamos un vino blanco (o tinto que no sea reserva o gran reserva) suave, bajo en taninos y con un toque de acidez».

Como puede ser ​Montecillo Blanco fermentado en barrica​, un vino elegante y fresco, con la acidez justa. Otra opción es el recién lanzado ​Viña Monty Viura-Tempranillo Blanco Reserva 2016, uno de gran cuerpo y densidad en boca, con una acidez sublime y un grado alcohólico que lo hacen fresco y frutal. Ambos ayudan a eliminar la grasa del jamón de la boca y fomentan más su sabor, haciéndolo más intenso y persistente.

– Los tintos también son para los postres

Idealmente el postre se acompaña con vinos espumosos, que a su vez son perfectos para el momento aperitivo, pero en este caso todas las opciones son válidas. Desde un vino dulce, hasta uno blanco seco o incluso continuar disfrutando del vino tinto de la comida.

Desde Bodegas Montecillo proponen una opción «arriesgada y diferente, pero que sin duda sorprenderá a más de un paladar»: «Prueba un ​Montecillo Gran Reserva ​con un postre en el que el ingrediente principal es el chocolate negro, una tarta con frutos rojos, por ejemplo. Se trata de un tinto muy intenso cuyas notas de canela y frutas escarchadas en nariz harán que se complemente a la perfección con el aroma amargo del chocolate y su sabor sutil hará todavía más agradable la experiencia».

Y si la opción tiende hacia postres con quesos variados, «el gran aliado está en los vinos más vivos y con tanino más joven como ​Viña Monty Garnacha Reserva 2015​, con el tanino maduro suficiente para ensalzar los sabores de los distintos quesos curados».

“​Lo más importante es ser conscientes de que lo fundamental a la hora de escoger un vino que maride con una comida específica es que ambos se complementen, pero no se pisen, que se potencien el uno al otro y encuentren un equilibrio perfecto en el que puede haber contrastes y no ser armónico completamente. Eso, unido a los gustos de cada uno, saltándose a veces lo ortodoxo, es éxito asegurado”​.

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