Crisis del Coronavirus

El virus arrasa en la residencia de Ventas Blancas: contagiada casi al completo

El COVID toma la residencia de Ventas Blancas: 77 positivos y seis fallecidos

Cuando el virus entra en una residencia es muy complicado pararlo. Son muchos los casos que se dan entre residentes y trabajadores. «Este bicho no juega en las mismas condiciones con la gente mayor que con la gente joven». Son las declaraciones de Luis Ruiz. Él es el administrador y propietario de la Residencia Ruiz, de Ventas Blancas.

En la primera ola el virus ni los rozó. Desde el primer momento, incluso antes que se decretase el confinamiento domiciliario de marzo, el administrador de este centro supo anticiparse a las medidas pautadas por el Gobierno. Aislaron la residencia de visitas del exterior; se tomaba la temperatura a todo el personal; incrementaron la plantilla de limpieza para labores de desinfección en zonas comunes y practicaron todas las medidas higiénicas posibles.

Lo mismo han seguido haciendo desde entonces, pero los resultados no han sido los mismos. Un total de 77 abuelos han pasado por la enfermedad en estas últimas semanas, seis han fallecido y en estos momentos catorce residentes permanecen ingresados en el hospital San Pedro. Datos que evidencian que la realidad es más tozuda que todas las medidas que se puedan tomar: una vez que entra el virus a través de un asintomático es complicado que no se extienda por una residencia donde los cuidados con los pacientes son muy estrechos.

Fue hace algo más de dos semanas cuando empezaron a tener evidencias de que el virus podía haber entrado en la residencia. El familiar de una trabajadora había dado positivo en COVID, en el rastreo ella también dio positivo pero era asintomática y ahí saltaron todas las alarmas.

Dos cribados

«El mismo día que tuvimos notificación del positivo de la trabajadora empezaron algunos trabajadores con síntomas muy leves y pedimos PCR tanto para los trabajadores como para los abuelos», cuenta. El primer barrido fue demoledor. De los casi 160 test que hicieron en día y medio salieron 17 trabajadores y 43 abuelos positivos.

Todo estaba preparado para que en el momento en el que la residencia pasase por esa situación se sectorizase el centro. «Tenemos tres zonas independientes: una para personas dependientes, otra para no dependientes y otra para personas con Alzheimer; utilizamos esa zona para las personas contagiadas», explica el responsable del centro. Se pusieron en marcha todos los protocolos: equipamiento de protección íntegra para todos los trabajadores, controles para entrar en corredores de COVID y casetas en las que poder cambiarse cuando se salía de la zona afectada irrumpieron en la rutina del centro.

Echaron marcha atrás en el tiempo e intuyeron que el virus podía haber entrado el miércoles o jueves de la semana anterior, así que volvieron a pedir otro rastreo por PCR. «Sabíamos que algunas personas que habían dado negativo podían encontrarse en los primeros días de la enfermedad y que por eso los test no habían determinado el positivo y decidimos que había que asegurarse». De ese segundo rastreo, hace una semana, salieron otros 20 positivos. «Sabemos que son contagios de esa semana inicial porque después el aislamiento por módulos fue total. Es casi seguro que tras ese lunes que hicimos todas las pruebas iniciales no ha habido ningún contagio más», cuenta.

No ha sido fácil. «Sabíamos que en un momento u otro esto podía pasar porque cuando el contagio es masivo fuera de las residencias es muy complicado conseguir que no entre», dice Luis, que agradece a todos sus trabajadores la implicación de estas dos semanas. «No ha habido que pedirles un esfuerzo extra porque todos lo han dado sin necesidad de hacerlo. De repente, ves cómo a una plantilla de 54 personas hay que restarle 17, y a pesar de las contrataciones que hemos hecho, los trabajadores se han portado de una manera ejemplar, siempre pensando en los abuelos», explica. Y en un segundo pone la vista en los que se han ido. Recuerda nombres, vivencias compartidas con ellos, y la tristeza inevitablemente llega muy adentro.

También hubo que ampliar la contratación de sanitarios. «Ha habido un médico por la mañana y otro por la tarde y hemos contado siempre con la colaboración del médico del Centro de Salud, aunque la situación de la residencia no ha sido dramática porque, tal y como nos han confirmado los médicos, la cepa que entró en la residencia ha sido muy contagiosa pero con una carga vírica muy poco importante», cuenta. La mayoría de los abuelos han estado con síntomas muy leves e incluso sin saber que estaban pasando por la enfermedad. «No queríamos asustarlos; por eso la fumigación de las zonas comunes la hemos hecho por las noches, para no crear dramas entre ellos», explica el administrador de la residencia. Pero, por desgracia, otros no han tenido tanta suerte.

«Mientras los abuelos han estado con síntomas leves se han mantenido aquí, para esos a los que no les estaban funcionando los tratamientos que se pueden dar en el centro (oxígeno, cortisona, antibiótico…) en cuestión de 24 o 48 horas se ha pedido permiso a las familias para derivarlos al hospital. La primera abuela que fue ingresada ya la tenemos de vuelta con nosotros».

La fotografía actual

Lo peor parece que ya ha pasado. En estos momentos son siete trabajadores los que están en aislamiento (ya llevan una semana), 20 abuelos los que afrontan su segunda semana de cuarentena y 14 los que se mantienen derivados en el hospital San Pedro. La residencia es la que mayor media de edad tiene de toda La Rioja. «Aquí tenemos a los Gran Reserva de la zona», cuenta Luis Ruiz, recordando que muchos superan el siglo de vida.

Ha sido una situación complicada. Luis lo sabe mejor que nadie porque hay días que prácticamente no ha salido de allí. «A pesar de los datos, puedo decir sin ningún riesgo a equivocarme que si en la primera ola éramos los mejores porque no había habido casos, ahora lo somos aún más porque nos hemos dejado la vida por nuestros abuelos en una situación tan complicada».

Las residencias son sin duda los lugares donde el virus ataca con más fuerza y donde se evidencia que a pesar de tener todas las medidas de seguridad, el virus puede hacer estragos.

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