CARTA AL DIRECTOR

‘El arte de generalizar’

Con la deriva ideológica que nos regala en su oleaje la pandemia, estamos asistiendo a un hecho único: la conformación de una conciencia colectiva de juventud. Quien puede pertenecer a esta colectividad es ya harina de otro costal, y se corresponde más bien con el amor propio de cada uno.

Este nuevo e incipiente gregarismo entre los jóvenes juega sus movimientos como el peón que toma al alfil y vuelve rápido a su casilla inicial: cualquier crítica general al comportamiento cívico de este grupo viene inmediatamente devorada por su yermo sindicalismo.

Afirmar, así, que son generalmente los jóvenes los más proclives a las irresponsabilidades se toma como un ataque individual y personalizado a cada integrante del grupo, según la referencia matemática e infalible del «darse por aludido».

Si, como es natural, pensamos que el anuncio de Córdoba contra la violencia machista – el de «De mayor quiero no quiero ser como mi papá» – debe ser interpretado como una acusación hacia aquellos progenitores violentos y viles y no contra todos los padres de la prole humana, no se concibe por qué las críticas a la juventud no deben seguir el mismo cauce hermenéutico.

Del mismo modo, en suma, que se deduce que el padre ofendido por el cartel cordobés esconde el polvo familiar debajo de la alfombra, se debería inferir también que el mozo al que le hieren el orgullo las noticias sobre la irresponsabilidad juvenil deja, en el mejor de los casos, la naricilla por encima de la mascarilla. No vendría mal tampoco preguntarse si acaso la lleva sobre los ojos.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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