El Rioja

Orube: la niña mimada que se convierte en mujer

De izquierda a derecha, Vanesa Pérez, Vanesa Insausti y María Moreno

De vino de autor en 2009 a ser la cabeza de una gama de cuatro marcas que ponen nombre y esencia a más de ochenta años de historia. Orube —solar en euskera— es la niña mimada de Bodegas Solar Viejo en Laguardia. Niña porque detrás de su elaboración hay nombres en femenino con larga trayectoria vitivinícola. Las riendas las tiene una figura con gran experiencia en cada una de las tres zonas geográficas de Rioja y cuya presencia ha supuesto un antes y un después para los vinos de la firma.

Vanesa Insausti es logroñesa y ese olor a lagar en plenas vendimias de las de antes le acompaña desde pequeña. Trece años en Solar Viejo dan para mucho y ella reconoce que su aportación como enóloga de la bodega a la gama Orube reposa en la sensibilidad aromática de sus vinos. “El toque femenino se aprecia en las notas frutales, florales y dulces que, considero, las mujeres somos capaces de remarcar más, tal vez por los perfumes que usamos”.

La enóloga Vanesa Insausti.

La verdadera apuesta por estos vinos, sin embargo, alcanza su máximo esplendor con el cambio de grupo directivo desde julio de 2019. Así, Solar Viejo dice adiós a Freixenet, donde «ocupaba una pieza más del puzzle de un universo que no le correspondía», para situarse como el valor principal de una firma independiente bajo el nombre Ferrer Miranda, creada por Pedro Ferrer. «Ahora somos la bodega que más interés genera dentro del grupo porque tenemos la mayor producción de vinos», apunta la responsable de comunicación, Vanesa Pérez.

«Este grupo vinícola apuesta por los vinos tranquilos y de reconocidas Denominaciones de Origen (está presente en Rioja, Ribera del Duero, Rías Baixas y Mendoza) de la mano de profesionales con gran arraigo al sector y que han permitido dar un fuerte impulso a la nueva carta de Solar Viejo para crear un producto de gran calidad y capacidad de guarda», remarca la enóloga. Es tiempo de catar el buen trabajo para ver el punto de partida y aventurar la meta siempre, eso sí, con la frutosidad como caballo de batalla.

A más de 600 metros de altitud y con buena orientación con la Sierra Cantabria como cobijo, las 8.500 botellas de Orube Selección de Familia reflejan el minucioso trabajo en campo para explotar el gran potencial de la zona, con un manejo de la floración clave para destapar ese valor añadido que rebosa en volumen y potencia. Vanesa recuerda que la añada de 2018 saldrá con la categoría de ‘Vino de municipio’ para revalorizar (más si cabe) la propia región de Laguardia.

Sin la madera como componente predominante, “como en el antiguo estilo de los vinos de Rioja”, es la uva la que adquiere el protagonismo que merece, también de cara al consumidor. Y ahí reposa su labor, en las siete hectáreas propiedad de Solar Viejo que componen la finca ‘Los Molinos’ (que se suman a las once arrendadas y las cerca de cien de viñedo que asesoran con viticultores de la zona). De sus cepas jóvenes de tempranillo plantadas en el 2011 sale el vino de autor que ya ha recibido el reconocimiento internacional con la Medalla de Oro y sus 95 puntos en el ‘International Wine and Spirit Competition’ de Reino Unido.

Sus sucesivos se desarrollan progresivamente a partir de 2012, cuando comienzan a elaborar Orube Crianza, “el producto estrella de la marca con unas 250.000 botellas”, para continuar después con el Orube Blanco Fermentado en Barrica lanzado al mercado en 2019 y, de reciente creación, con el Orube Garnacha. Todos ellos guardan la esencia de la frutosidad y la elegancia como matices principales sin olvidar en sus etiquetas la alusión al viñedo como base de la calidad.

«Lo definimos como el Rioja elegante por su crianza, además de que es muy fácil de beber y tiene un toque más moderno que los vinos tradicionales», apunta la responsable de laboratorio, María Moreno, al hablar del Crianza. «En boca es suave y sedoso, desprendiendo notas de fruta golosa, guindas licorosas, cacaos y toques tostados y florales con un color no muy intenso», apunta Insausti tras catar el Garnacha. El Blanco de viura, aunque con un toque de tempranillo y chardonnay «para hacerlo más complejo», reposa sobre frescura y cítricos tropicales que le dan esa elegancia característica de Orube.

Pero Orube tiene todavía mucho potencial por explotar a nivel de marca. «Nos falta dar a conocer el gran volumen de estos vinos porque es lo que demanda el consumidor, tanto a nivel nacional como internacional», destaca Vanesa Pérez. Presentes en Japón, Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Alemania, el mercado de exportación de Solar Viejo apenas representa el 15 por ciento, aunque las tendencias van ‘in crescendo’ al mismo tiempo que la recuperación de ventas a pesar de la pandemia. «El estar presente en los lineales de supermercados nos ha favorecido durante los peores meses, y ahora apreciamos también una leve mejoría en los números finales».

Con la vendimia finalizada desde el 10 de octubre, Solar Viejo hace balance también a nivel de calidad tras la que ha sido una campaña «diferente» en su desarrollo, «pero sanísima» en cuanto al estado de la uva. «Hubo fuerte presión de mildiu que los viticultores supieron controlar casi al 98 por ciento y las primeras lluvias de vendimias no favorecieron mucho a la primera uva que entró en bodega, pero la conclusión final es satisfactoria. Creo que vamos por muy buen camino y que podemos llegar a repetir la calificación de ‘excelente’ que el Consejo Regulador emitió en 2019», sentencia con seguridad Insausti.

Pasado, presente y futuro

“Laguardia tiene una segunda ciudad escondida bajo tierra que antiguamente se usaba para pasar de un lado a otro de la villa en periodos de guerra”. En momentos de paz, también se usaba para elaborar vino. Solar Viejo evoca a esos históricos solares construidos con piedra de sillería típicos del norte del país que en 1937 se erige como una bodega familiar con sus calados dentro de las antiguas murallas.

Pero si la intención es pasar a embotellar y crecer en volumen, unos calados del siglo XVI y XVII no son muy prácticos, así que la histórica Solar Viejo se traslada a las afueras del pueblo, en el camino ‘La Hoya’, donde un yacimiento celtíbero demuestra que la actividad vinícola estaba ya presente en la villa por aquel entonces tras descubrir unas vasijas para el almacenamiento del vino. Nuevas instalaciones pero misma tradición para dar voz a vinos de larga guarda con el tempranillo como base.

Con el modelo vitivinícola sostenible como nueva meta, la firma apuesta ahora por el cultivo ecológico y la instalación de placas solares en busca del ahorro energético dentro de la bodega. Y de vuelta a los orígenes ya tienen en marcha un proyecto para construir una pequeña bodega destinada exclusivamente a la elaboración de Orube sin olvidar el toque enoturístico en el que pretenden enfocar todos sus esfuerzos. Sin dejar tampoco atrás el pasado familiar de Solar Viejo desde sus antiguos calados, la firma se adapta, crece y aprende de las nuevas tendencias.

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