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UD Logroñés

‘Para fútbol, la calle Oviedo’

Aquel mollete de jamón con pan caliente y media Fanta naranja. ¡Qué maravilla! Así superábamos mi hermano y yo las derrotas del ya desaparecido Club Deportivo Logroñés en aquel fútbol profesional de final de los ochenta. Ateridos de frío y con olor a puro en nuestras ropas, acudíamos, pijama por debajo del pantalón, a la calle Oviedo para afrontar el final de un domingo más. La idea era volver a casa con un sabor bastante más gratificante que el captado durante el último partido jugado en Las Gaunas.

Aquel viejo Logroñés, habitualmente, perdía ante los mejores. Y la rutina consistía en volver a casa con el cuerpo a tono para superar, con un mollete caliente de jamón, el frío del estadio y un nuevo sinsabor deportivo familiar. Un delicioso bocado calentito en aquel Logroño de rizos permanentes y hombreras vaqueras donde llovía en otoño tanto como ahora, en una rutina deportiva quincenal en la que el Logroñés perdía tanto como ahora. Porque hay cosas que no cambian: en Logroño llueve siempre y más durante los fines de semana de otoño, aquel Logroñés perdía tanto como lo hace ahora este nuevo Logroñés, y el césped de Las Gaunas sigue en tan mal estado como entonces, a pesar de haber dado el salto al otro lado de la circunvalación.

La  calle Oviedo y aquel espacio a media luz se conformó en una especie de liturgia post derrota. Se perdiera contra quien se perdiera, en domingo de partido, mi familia zanjaba el fin de semana en aquel pequeño bar de madera y piedra de la calle Oviedo de Logroño, donde se podía aparcar en doble fila (como buen logroñés) mientras nos aplicábamos un mollete de pan caliente rebosante de jamón y una Fanta naranja a ‘pachas’ con mi hermano, porque la Coca-Cola, sabido es, estaba prohibida los domingos por la tarde: «Ya sabéis que luego no podéis dormir, y mañana hay que ir al cole». Consejo que pasa de abuelos a padres y que sigue perdurando en la actualidad… o eso espero.

El bar de la calle Oviedo siempre estaba hasta arriba. O al menos es el recuerdo que yo tengo. Es la memoria captada por la mirada de un niño de metro y medio que trataba de abrirse un hueco, protegido por los cuerpos de sus padres, entre traseros adultos que iban y venían, mollete y vino en mano, con la misma intención que mis padres: cerrar el domingo con mejor sabor de boca tras haber visitado el viejo Las Gaunas. Los cristales empañados impedían la visión de lo que sucedía en el exterior, así que te podías evadir fácilmente de lo sucedido en Las Gaunas y de que al día siguiente había que ir al colegio. El lugar más confortable de Logroño los domingos por la tarde sabía a cerveza, vino, y cigarro; olía a pan caliente; sabía a jamón salado; y se transitaba hacia un lunes más sobre serrín pegajoso.

Era nuestro espacio habitual en la tardes lluviosas del otoño e invierno logroñeses. Es mi configuración personal de uno de los últimos recuerdos felices de aquel primer paso del fútbol profesional por La Rioja y por la historia íntima de mi familia. Se fumaba, se bebía, se comía… y no había toque de queda. Un recuerdo tan lejano que hasta era normal acudir al estadio para ver el fútbol y hacerlo en familia. Era tan normal este recuerdo como las derrotas riojanas y blanquirrojas en el fútbol de verdad. La vuelta a casa en coche consistía en oír el resultado del Logroñés en el Carrusel Deportivo de la Cadena SER a la espera de que llegara el partido contra el Real Madrid para que por fin saliera Las Gaunas en la tele.

Treinta años después, nada parece haber cambiado. Revuelta, como el viejo Eguizabal, «se lo tiene que estar llevando porque esta plantilla no cuesta ese dinero». Sergio Rodríguez, como entonces el entrenador de turno, es un «matao». Aquel Logroñés pierde tanto como este nuevo Logroñés. Y solo nos mencionan en la tele para explicar que el césped de Las Gaunas está en «malas condiciones».

Nada parece haber cambiado; y sin embargo, no podemos acudir al estadio, no nos dejan jugar en domingo, no podemos cerrar el fin de semana con un mollete de pan caliente en la calle Oviedo. Pero… tenemos de nuevo fútbol profesional en La Rioja, seguimos perdiendo contra casi todos, hay muchos goles en Las Gaunas en Carrusel Deportivo, y, sobre todo, sigue lloviendo un domingo de otoño cualquier en Logroño.

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