El Rioja

Con un pie en la viña y otro en la cooperativa, vendimia a pleno rendimiento

El presidente de la cooperativa, Ramón Vargas, junto a los tractores que esperan descargar la uva en la Cooperativa Señorío de Valbornedo.

Ritmo frenético en las cooperativas de La Rioja. Desde primera hora de la mañana, las labores en el interior de la bodega no cesan para dar cobertura a la ingente cantidad de tractores que visitan diariamente las básculas para, seguido, descargar las uvas. Unos ochenta de media, apunta el bodeguero de la Cooperativa Señorío de Valbornedo de Navarrete, David Díez, mientras que los kilos que entran suelen rondar los 200.000. A vendimia cerrada se espera que la cantidad de uva depositada en bodega ascienda a los 2,2 millones de kilos.

Mientras, potentes máquinas que parecen traídas del futuro analizan el grado alcohólico y otros parámetros de calidad como el pH, el potasio o el ácido glucónico. «Una muestra de grado por debajo de trece se penaliza porque lo que pretendemos en bodega es sacar unos depósitos de calidad previamente ya seleccionados», apunta Díez. Se conoce la cooperativa como la palma de su mano después de llevar en ella casi los 20 años que hace que se fundó, pero cada campaña sigue siendo «un auténtico circo, por lo que es clave organizar todo bien».

Esperan una «vendimia larga» pero con una «uva muy sana» según lo analizado durante los cinco días de apertura. En concreto, la bodega estima sacar cerca de un millón y medio de litros, la mayoría vendidos a Coto de Rioja, del Grupo Barón de Ley, mientras que un diez por ciento permanecerá, como cada año, en las instalaciones para hacer su propio embotellado.

A pie de viña, los cuerpos tampoco descansan (excepto para echar un ‘bocado’ y reponer fuerzas). En ‘las Balsas’, zona fresca de Navarrete, una cuadrilla recorre de arriba abajo cepas de malvasía (plantadas en la zona somera) y tempranillo tinto. Javier Pérez, viticultor y socio de la cooperativa, es el dueño de esta hectárea y media de viñedo plantado al vaso y sus perspectivas también son buenas: «Sale muy buena uva, tersa y con gran madurez, gracias también a la edad de la viña, por eso frente a las nuevas plantaciones que se ponen en espaldera, no queremos arrancar estas de gran calidad».

Javier Pérez, viticultor y socio, en una viña de tempranillo tinto y malvasía en Navarrete.

Este año, sin embargo, las conversaciones del sector vitivinicultor tienen un hilo conductor: el precio. «Es evidente que la situación del mercado es complicada y que los precios que perciban los viticultores serán algo más bajos que los de la anterior campaña. Pero quienes lo van a pasar mal van a ser los que carecen de relaciones estables. Por ello, aunque exista competencia entre unas bodegas y otras por ver quién paga más, es en estos momentos cuando las cooperativas salen reforzadas porque amparan mucho más a las personas que la componen que una empresa privada que mira por los números», señala la gerente de Valbonerdo, Raquel Fernández.

Esta cooperativa, a diferencia de otras bodegas cuenta con la ventaja de no tener excedente de vino ya que, durante el estad de alarma, pudieron dar salida a todo lo que tenían vendido. «Partimos, por tanto, de una buena situación, también dentro del municipio. Además, la bodega que nos compra el vino tiene una situación de mercado favorable gracias a su actividad en el extranjero, por lo que los socios pueden estar tranquilos», señala.

Raquel Fernández en la torre de la bodega con Navarrete al fondo.

Aun así, el precio todavía no está fijado aunque el contrato con Coto de Rioja se mantiene estable después de varios años. “Vendemos el vino referenciado a los precios de otras bodegas, lo que significa que más o menos vamos a vender siempre a precio de mercado», señala Fernández y añade: «Las uvas de 2018 se pagaron en torno a un euros, pero este año se espera que sea bastante menos, a pesar de que se escuchan mejores valoraciones que en agosto».

Eso sí, los socios lo tienen claro: «Las bodegas que se descolgaron con unos contratos que no cubrían costes de producción solo provocaron que el sector se les echase encima. Si se quiere defender Rioja y el trabajo bien hecho, hay que poner un precio que así lo reconozca para que los viticultores quieran continuar «.

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