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Aceite Valentín: un paso de cero a cien en honor a la familia

José Luis Martínez, en su olivar de Murillo

Un salto generacional de abuelos a nietos reflejado en el sentimiento de preservar la ilusión de antaño pero con las técnicas del ahora. Así surge Aceite Valentín, un Virgen Extra ecológico enmarcado dentro de la Denominación de Origen Protegida Aceite de La Rioja desde 2005 y creado de la mano de tres hermanos ajenos al mundo agrícola. Un aparejador, una arquitecta y una abogada forman ahora parte de un pequeño proyecto muy personal que nace desde cero y propicia a su vez ese arraigo por la vida rural.

Cinco hectáreas de olivos de variedad arbequina plantados en intensivo se erigen en la finca «El Jardín», ubicada en el término de Murillo de Río Leza sobre unas llanuras donde predominan los suelos calizos y pedregosos de secano. José Luis Martínez, aparejador de profesión y agricultor en sus ratos libres, es uno de los nietos que puso sobre la mesa esfuerzo y confianza para empezar desde cero en el campo y, desde 2007, también en la comercialización.

«Solo teníamos la finca, que antiguamente estaba de cereal. Así que la inversión fue importante porque tuvimos que hacernos con maquinaria para poder trabajarla», explica. Los sinsabores en esta aventura le han acompañado tanto a pie de olivar, cuando una nevada rajó ramas por doquier dejando la parcela devastada, como en lo que a elaboración se refiere: «Nos costó sacar el aceite que queríamos». Piedras en el camino que no han hecho más que reforzar esa decisión, de ahí que su sueño sea que los descendientes mantengan «lo que tanto trabajo ha llevado».

El campo se quedó en manos de José Luis, mientras que su hermana arquitecta se encargó del diseño de la botella y la serigrafía y la abogada, de todos los aspectos legales de la marca. El nombre no podía ser otro que el de la figura agrícola de la familia, su abuelo Valentín. El combo perfecto que da como resultado un aceite «de alta expresión» que se cuelga la medalla al Segundo Premio en la categoría de Ecológico, entregado el pasado mes de julio durante el ‘IV Concurso a la calidad del mejor Aceite de La Rioja’.

«Cosechamos temprano, para comienzos de septiembre, y así obtenemos un aceite muy verde, con unos matices muy potentes y un amargor y picor algo más altos. El aroma que desprende una vez que abres la botella no te deja indiferente», describe José Luis. Unos sabores, sin embargo, que solo se pueden conseguir con rendimientos muy bajos. El pasado año esta finca produjo 8.000 kilos de aceituna, de los que se sacaron 1.300 litros.

Todo ello se comercializa, principalmente a particulares, personas que conocen el producto gracias a mercados y ferias y al boca a boca. «Saben diferenciar un buen aceite pero es difícil comercializarlo porque tiene poca rotación y poca gente está dispuesta a pagar por ello», apunta. Sin embargo, sus ventas se mantienen estables a pesar de la irrupción del COVID-19, ya que sus clientes no se encuentran dentro del canal de restauración.

Apenas seis horas y los algo más de 4.000 olivos plantados ya habrán sido recorridos por la cosechadora. Siguiente paso, transportar la aceituna a la Almazara Valle del Iregua, en Albelda. La mecanización de la plantación no era una opción para José Luis porque tenía claro qué tipo de trabajo quería darle: «Dedicarte hoy en día a la agricultura sin tener todo mecanizada, aunque sea a pequeña escala, es totalmente inviable. Además, el tipo de plantación, bien sea convencional o en intensivo, no influye en la calidad de la aceituna, que este año viene muy sana».

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