Crisis del Coronavirus

La pandemia modifica la cordada contra la ELA, pero no logra romperla

Los montañeros son personas habituadas al cambio de última hora. Un giro en el pronóstico meteorológico o problemas logísticos imprevistos les obligan a detener su ruta, analizar la situación y buscar una alternativa sin perder de vista la cima. Por eso no es de extrañar que la expedición más solidaria del norte de España se haya resistido a tirar la toalla ante el imprevisto más notable del siglo en todo el planeta.

A finales de enero contamos en estas mismas páginas cómo La Rioja -a través de asociaciones como la Toloño de Haro- se sumaba a la gran cordada solidaria contra la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). El Bretón de Haro iba a ser el escenario de una gran gala señalada para el 28 de marzo, en la que dar a conocer la iniciativa ‘Dar Dar Elama Dablam’, cuyo objetivo no era otro que coronar el Ama Dablam (uno de los grandes picos del Himalaya) con una expedición de diez montañeros, entre los que se encontraba el jarrero Juanra Calvo.

Por todos es sabido que la gala tuvo que cancelarse por la alta incidencia que la primera ola del coronavirus dejó en Haro y toda La Rioja Alta, pero los organizadores de la expedición hicieron acopio de la resiliencia que les caracteriza y han encontrado la ruta alternativa para llevar la cordada al éxito deseado.

En este caso, no será el Ama Dablam la cima que busquen coronar (la favorita de Pablo Olmos, amigo íntimo de Calvo y afectado por ELA). Las dificultades derivadas por la evolución de la pandemia les ha llevado a fijarse un nuevo objetivo: el pico más alto de España. Así, bajo el nombre ‘TeidELAruta 04’, los montañeros (cuatro de ellos, enfermos de la patología) atacarán la cima del Teide desde el nivel del mar del 26 al 29 de octubre, esperando alcanzar los 3.718 metros de la cumbre el miércoles 28.

Nadie se queda atrás

Entre las singularidades del proyecto, que pretende visibilizar la crudeza de una enfermedad degenerativa que afecta en La Rioja a menos de una decena de personas, destaca el hecho de que dos de los montañeros (Pablo Olmos e Itziar Santisteban) son pacientes de ELA, en un estadio que les limita por completo su movilidad. Pero ello no impide que sean partícipes de la ruta, pues un equipo multidisciplinar de grabación en montaña les hará llegar las imágenes de las cuatro jornadas de la expedición en tiempo real.

«Conseguir hollar la cima de esta montaña es algo más que un reto deportivo; es lanzar al mundo un mensaje de unidad, superación y esperanza para conseguir derrotar a la enfermedad», subrayan los organizadores, recalcando que la iniciativa propicia el desarrollo de empatía con las personas que tienen la enfermedad, la importancia del esfuerzo y el afán de superación; el desarrollo de una actitud optimista ante las dificultades de la vida; y de valores como el trabajo en equipo, el compañerismo, la solidaridad y la amistad. Todos ellos, valores esenciales en la montaña, que aspiran también a serlo para la erradicación de la enfermedad, que reduce paulatinamente la movilidad de quienes la padecen pero -para muestra, un botón- no logra mermar la ambición de sobreponerse a las adversidades. Por muy grandes que sean.

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