El Rioja

Días de vino y rosas: Aldeanueva comienza con el tinto

Aldeanueva de Ebro comienza sus días más importantes del año. El sol empieza a calentar a pesar de que son las nueve de la mañana y los primeros tractores llegan al peso de la cooperativa. Cuanto más fresca llegue la uva, mejor. Estos días se recogen los primeros granos tintos de la campaña. Los más tempranos, los que han madurado algo más rápido que el resto, los que ya tienen los grados necesarios para entrar en bodega, esos más adelantadillos que como el listo de la clase siempre levantan la mano el primero.

Rioja Oriental inicia la campaña del tempranillo en una tierra que estos días no sabe de horarios ni de jornadas en rojo en el calendario. Casi ni distingue entre el día y la noche porque lo importante es recoger el fruto del trabajo de todo el año. Veinte días que marcarán la calidad de una cosecha en una tierra en la que cada vez se ven menos cunachos y corquetes, pero que sigue oliendo a polvo en el camino y cuyo tacto es el de las manos ásperas y agrietadas por el trabajo de años a la intemperie. Días de vino y rosas, días de nervios y vendimia, días de tierra, de almuerzo en el campo, de bota en la mano, de recuerdos de antaño y de pasión por una forma de vida que da alma a esta tierra.

Abel Torres es el gerente de la cooperativa más grande de toda La Rioja: Aldeanueva. Han recogido ya dos millones de kilos de uva blanca en los días previos, pero les esperan en torno a veinte millones de kilos de tinta en las próximas dos semanas y media. Montarse en el coche con Abel y recorrer los campos aldeanos es como pasear por la calle principal de un municipio en día de fiesta. Todo el mundo le saluda. Todos tienen algo que decirle, algo que comentarle. Muchos lo paran como el padre que quiere alardear de sus hijos para hacerlo de sus uvas. ¿Has visto como están?

La cooperativa de Aldeanueva no solo se nutre de uvas de tierras aldeanas y siempre las más tempranas son las que están en el término municipal de Alfaro. Llevan días haciendo muestreos y las uvas del terruño al que nos dirigimos están ya en su punto más óptimo. Hasta llegar allí ese mar de viñas del que tanto presumen los aldeanos. Imposible coger referencias con el coche. Todo es verde. Todo son viñas alrededor. «Este año tienen mucha más hoja porque ha sido una primavera muy húmeda», comenta Abel, que señala la zona inferior de las cepas. «¿Ves? la viña ya está empezando a sufrir, ahora es el momento en el que la planta ya sólo se dedica a fabricar azúcar en el fruto. Es clave que la planta ya no trabaje en otra cosa. Estos días son los más importantes del año».

Y sin querer la vista se le va al cielo. Azul y con el bochorno como protagonista del día, pero con mañanas y noches de temperaturas frescas. El tiempo ideal para la vendimia para que la uva madure a fuego lento, como cualquier plato de un restaurante con estrellas Michelín. Siempre mirando al cielo y especialmente en los próximos 20 días. Cualquier complicación puede echar al traste el trabajo de los agricultores pero también la economía del municipio. «Más del cincuenta por ciento de la economía de Aldeanueva de Ebro tiene relación con el mundo del vino. Es ahora cuando nos lo jugamos todo», dice conocedor de la responsabilidad que tiene sobre las espaldas.

La sanidad de la uva es perfecta. Los agricultores han luchado a fondo contra el mildiu y el oídio (para ellos el COVID no ha sido el único bicho) y si nada cambia se espera una cosecha muy buena y además con más cantidad que la del año pasado. Estamos en los días claves. «Esto es como una merluza al horno. Puedes tener el mejor producto, tratarla con esmero, pero si se te pasa o si se te queda corto el punto de cocción, no tienes un plato excelente». Y buscando la excelencia se encuentran estos días los agricultores. «Todo lo que se acerque a los 14 grados está ya para entrar en bodega», dice.

Llegamos al campo. Con Yerga al fondo. Allí en esas fincas que ahora se ven lejanas terminará la vendimia dentro de unos días. El ‘Fernando Alonso’ de las cosechadoras va y viene entre las hileras de viñas. Mientras el patrón mira desde una finca contigua. En el suelo se ve la huella del exceso de producción de este año. «Las fincas en las que hay que quitar excedente habitualmente maduran antes», cuenta Abel. Estamos casi en Alfaro. «No, estamos en Alfaro», puntualiza el agricultor. «¿Quieres subirte al remolque a ver como descarga?». Mientras, él utiliza un medidor para hacerse una idea del grado que puede sacar el fruto que se acaba de recoger. 14.30-14.40-14.30. Tres mediciones. Por si acaso. Luego en el ‘pincho’ volverá a medirse, esta vez ya oficialmente. «Había que recogerla ya, que si no te zurran en la bodega», dice. El grado marca el precio al que se pagará la uva, cuanto más se aleje de 14 por encima o por debajo, peor para el agricultor.

El lunes se generalizará la vendimia en el municipio. «Es un año diferente», comenta sin obviar el COVID en la conversación. «Nos jugamos tanto estos días que no nos podemos permitir contagios», resume. El campo no le da tanto miedo. «Al final mucha gente, incluso la que siempre apostaba por la vendimia a mano, este año ha optado por la máquina, y en caso de positivos en el campo es más fácil apañarse entre unos y otros». La preocupación está en la bodega. «El trabajo es muy específico, el de todos y cada uno, y ahora mismo no podemos prescindir de nadie». El protocolo en el que llevan trabajando semanas ha hecho que se reestructuren las oficinas, que en cada zona lleven unas camisetas de distinto color, que incluso haya un enólogo de reserva por si el ‘oficial’ cae por COVID o tiene que aislarse por algún motivo. No hay posibilidad de fallo porque la uva no sabe de cuarentenas. No espera.

A partir del lunes llegarán los días más importantes en La Rioja. Días de vendimia. Días de recordar que la tierra es lo que nos da arraigo, lo que nos hace ser lo que somos, lo que nos hace darnos a conocer en todo el mundo. A partir del lunes todos los riojanos miraremos al cielo porque una buena vendimia siempre es una buena noticia.

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