La Rioja

La nueva realidad de Laurel y Bretón: entre el lamento y la resignación

«La Laurel no es como antes, ni por asomo». Es el lamento de Sergio Romero, camarero en La Gota de Vino. Y es que la ‘nueva normalidad’ ha golpeado fuerte a la hostelería logroñesa y, en particular, esta popular calle. «La gente tiene miedo, es una calle estrecha a la que siempre han venido muchos turistas, y la gente todavía no se fía».

Los hosteleros ponen de su parte para espantar los fantasmas, ojo avizor para que la clientela no se aglomere en torno a la barra y recordando que se coloque debidamente la mascarilla cuando se acerque a pedir «por el bien común de todos».

«Con todo lo malo, aún contamos con clientes fijos», agradece tras la barra. Sin embargo, Romero augura un «futuro negro». «Si estamos en verano y estamos así, para septiembre y octubre como se junte el virus con la gripe… pienso que nos volverán a confinar», augura.

Con la entrada en vigor de las nuevas medidas ‘antibrote’, Santiago Barrero (El Soriano) se muestra dividido. Porque entiende que son «necesarias», pero al mismo tiempo considera que «no podemos pagar justos por pecadores». «¿Qué pasa con el botellón? A nosotros el horario de cierre no nos afecta porque cerramos antes, pero creemos que tarde o temprano percibiremos su efecto», señala.

«A nosotros nos influye cómo la gente va a cambiar los hábitos y cómo va a desarrollar su vida, su ocio nocturno», explica su compañero de barra. Así, ambos afirman que sus clientes han cumplido siempre con el uso de mascarilla y la distancia social dentro del bar. Si bien, apuntan que el problema se encuentra en la vía pública, en la calle, ahí donde no tienen autoridad, por lo que creen que es necesaria la contratación de personal de vigilancia.

Bar Soriano (Tavesía del Laurel)/ Foto: Nuria Pajares

Desde el Tío Agus cifran el volumen de trabajo de estos días en torno a «un 35 o 40 por ciento respecto a otros años anteriores». Al otro lado de la barra, Eduardo Mateo explica que «no nos afecta la prohibición de cerrar a la una, pero quizás sí la de acabar de servir a las doce, porque solíamos estar abiertos hasta y media los fines de semana». «Es un mínimo pellizco para nosotros, pero el resto de hostelería lo está sufriendo bastante», asegura. A su juicio, las autoridades deberían explicar mejor las nuevas medidas: «Hay muchas dudas, muchas lagunas que deberían poner en orden porque hay mucha gente que no sabe bien cómo actuar».

La solución pasa por todos

Mateo advierte de que todos, clientes y hosteleros, tienen que arrimar el hombro frenar la pandemia: «Nosotros estamos cumpliendo las medidas al máximo, limpiando todo el rato, tratando que la gente se ponga la mascarilla, pero creo que es el incivismo de la gente lo que ha llevado al Gobierno a tomar estas decisiones de cerrar y de limitar».

Bar Tío Agus (Travesía del Laurel). / Foto: Nuria Pajares

«Esto cambia de un día para otro», se suma Manuel Ilsua, camarero en el Tío Blas. «Esto es el día a día, mañana puede que cerremos». Así, el trabajador afirma que agosto, dentro de lo que cabe, está siendo bueno, pero ni de lejos al nivel de acostumbrado.

Bretón acusa las restricciones

Cercana a la calle Laurel, Bretón de los Herreros cuenta con una variada oferta de bares con amplias terrazas, siempre concurridas y con oferta de copas una vez llega la noche, por lo que se ve afectada ante las nuevas restricciones.

Oliver Fernández (The Club) afirma que está trabajando a la mitad respecto al pasado año y, como sus compañeros de profesión, sin pensar a largo plazo. «El cierre a la una de la madrugada nos afecta bastante, sobre todo los jueves, viernes y sábados, en las horas que la gente sale de cenar», lamenta.

Así, respecto a la prohibición de fumar, Fernández afirma que sus clientes la han acatado mejor que el uso de la mascarilla. «No tuvimos problemas el sábado, y eso que es el día de más trabajo».

The Club (Calle Bretón de los Herreros). / Foto: Nuria Pajares

«De doce a una de la madrugada son las horas en las que más dinero hacemos», lamenta Fabio Cortés (Café Bretón), explicando que «es la hora del cubata, de la gente que ha cenado en La Laurel y viene a tomar algo aquí».

Respecto a la restricción del tabaco, Cortés cree que es demasiado «drástica». «Obviamente hay un alto porcentaje de clientela que fuma y supongo que ahora les tirará para atrás a la hora de acudir una terraza».  «Septiembre será la gran prueba, agosto suele ser paradito, así que el mes que viene veremos cómo es la nueva realidad», detalla.

Café Bretón (Calle Bretón de los Herreros). / Foto: Nuria Pajares

Este mismo martes, el sector ha hecho piña y ha anunciado movilizaciones en todo el país para tratar de que el Gobierno alivie las restricciones a la hostelería. No está siendo una campaña de verano tranquila en el gremio. El difícil equilibrio entre la salud y la economía pone a prueba su capacidad de resistencia en un ejercicio que difícilmente olvidarán algunos de los bares y cafeterías más señeros de la capital riojana.

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