La Rioja

Los obstáculos del teletrabajo en La Rioja: «A veces hay que esperar cinco horas para internet»

La Rioja es una tierra de contrastes. Mientras el valle del Ebro centra la mayoría de la actividad socioeconómica de la región, la sierra trata de sobrevivir. Sin lujos, con muchas carencias y en plena naturaleza; muchos pueblos se enfrentan a la difícil realidad de la España vaciada: masculinización, envejecimiento, poca fertilidad, dificultades para abrir negocios… Sin embargo, la crisis derivada del coronavirus ofrece una ventana de esperanza: el teletrabajo. Huir de las aglomeraciones y respirar aire puro es posible, siempre que exista una buena conexión a Internet.

La cuestión es que en estos lugares la red global no es la mejor. El diario El País ha viajado hasta Trevijano y Nieva de Cameros para comprobarlo. Pocas veces un medio de esta trascendencia llega a estos lugares. El primero, situado en pleno Cañón del Río Leza, ha visto incrementada su población tras el estado de alarma, pero sus problemas son evidentes. Verónica Munilla, funcionaria en la Consejería de Agricultura del Gobierno de La Rioja, los expone: «A veces hay que esperar cinco horas para el internet. He llegado a tardar cuatro horas en procesar un vídeo de cuarenta segundos».

Munilla solía trabajar en Logroño, pero decidió viajar hacia la sierra: «En la Consejería nos pusieron facilidades para teletrabajar. En un principio, podíamos hacerlo las madres con hijos menores de 12 años. Yo tengo dos: uno de seis y otro de cuatro. Cuando vine aquí, no sabía si iba a tener cobertura para trabajar». La funcionaria define como «odisea» su proceso hasta conseguir un trabajo de calidad y clama porque se escuche a los pueblos pequeños: «No sé si es porque no tenemos ayuntamiento propio (aldea de Soto en Cameros), pero los pueblos pequeños estamos un poco abandonados».

Nadie mejor que el informático Luis Luzondo para analizar la situación en Trevijano: «Tenemos un problema con la centralita porque Soto en Cameros está limitado a tres megas». Junto a él, reside su hermana Alba (profesora de traducción) e Ivonne Falcón (administrativa). «No podíamos trabajar tres personas», explica Luzondo, que tuvo que llamar a Movistar para conseguir su objetivo. Con tesón e insistencia, logró la instalación del Internet Radio, necesario para acceder a conexiones globales: «Su política es que si no tienes roto el Internet, no te ponen otra cosa».

Seguir adelante con limitaciones

Para su profesión, Alba no requiere de un internet ultrarrápido: «Mi trabajo sobre todo es correo electrónico. La conexión que teníamos era bastante lenta, me servía para eso y para el Netflix por la noche». La mejora tardó dos meses, pero asegura que otros vecinos deben bajar a Logroño solo para conectarse. Es el caso de Ivonne, encargada del área de automatización de una empresa industrial. La pandemia le obligó a emplearse a distancia y tuvo que esperar a tener mejorada la conexión para poder establecerse: «Antes veníamos solo los fines de semana».

Laura Gorostiza, comercial en comunicación de Bodegas LAN es otra víctima de esta ‘pobreza digital’. Está obligada a bajar a la capital si quiere trabajar. Harta de la situación, llamó al 1004: «Me dijeron que en dos días estaría todo solucionado. Su sorpresa fue mayúscula cuando una semana más tarde, volvió a contactar con el servicio técnico y hubo que volver a empezar: «La chica no tenía procesado el pedido y me pidió todos los datos».´

Roberto Sánchez, secretario de Estado de Telecomunicaciones e Infraestructuras Digitales, se encarga de tratar estas demandas. Afirma querer llegar a toda la población en 2025 y augura un trabajo «costoso» para alcanzar los núcleos más aislados. El 87 por ciento de la población rural ya tiene al menos treinta megas, mientras que el 46 por ciento alcanza los cien. Y es que entre vacas y extensos bosques también puede labrarse un futuro.

SOS Cameros: Nieva

Unos kilómetros al sur, la agricultura y la ganadería son las actividades más frecuentes en Nieva de Cameros. El municipio destila cultura rural por todos los rincones, pero no es ajeno al paso del tiempo. Inmaculada Sáenz es su alcaldesa e impulsa también la plataforma ‘SOS Cameros’: «Censados tenemos 83 vecinos, viviendo todo el año hemos tenido veinticinco personas en Nieva y diez en Montemediano, la aldea». Unas cifras que se han duplicado con el confinamiento hasta los sesenta residentes en el núcleo principal y cuarenta en el secundario.

«Estas personas normalmente no viven aquí y han tenido muchas dificultades. Vinieron a instalar la fibra óptica y no sabemos si está puesta o no. Intentamos ponernos en contacto con Telefónica, pero no responden llamadas ni nada. Hemos pensado en no pagar un mes a ver si nos explican por qué estamos con sistemas tan precarios», subraya Sáenz. Ante este panorama, el consistorio habilitó un servicio de wifi gratuito para realizar tareas como la impresión de los deberes de los niños.

También llegan buenas noticias: «Un chico de Murcia vino a trabajar por la zona, compró una casa aquí y se queda va a quedar. Apostemos por dotar a estos municipios de este tipo de cobertura. Necesitamos vida», explica la regidora. Savia nueva como Betty Fernández, estudiante de un Grado Medio de Administración: «Justo cuando se acabó el curso me tocaron la prácticas, no se pudieron hacer y me mandaron unos proyectos». Al empezar la fase 1 de la desescalada, ella decidió trasladarse a Nieva con su caballo.

«Íbamos a estar mucho mejor. Yo tendría una casa más grande y él más espacio. Si puedo hacer el grado superior a distancia y mantener algunas clases, sí me gustaría pasar gran parte del tiempo aquí», continúa. Ejemplos como el de esta joven dan sentido las zonas rurales. Ilusión para la España más desconocida, aquella que lejos de las autopistas, los centros comerciales y los edificios de veinte plantas, lucha por conservar su esencia adaptándose al siglo XXI.

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