La Rioja

Eusebio Díez: «Junto a la adversidad, siempre queda la música»

La música ha sido la compañía y desahogo de nuestros hogares en los últimos meses. Métodos de evasión individual o compartidos desde los balcones y ventanas con el vecindario. Las canciones nos han acompañado e intentado hacer más felices. Este domingo toca reconocer la gran labor de sus artistas en el Día de la Música.

Como cada año desde hace diecinueve veranos, la academia logroñesa Piccolo y Saxo subirá a varios de sus músicos a los balcones de la Plaza de San Bartolomé para deleitar a los presentes con un concierto. Primera cita musical de la academia tras el confinamiento. «Es el momento de juntarnos todos con la ciudad. Hace unos días tuvimos el ensayo general, guardando las distancias de seguridad, y yo como director, al acabar, pude apreciar esas caras de satisfacción. Por fin estamos juntos», suspira Eusebio Díez, director de la academia.

El concierto irá en agradecimiento a aquellos músicos que han animado los patios de luces y comunidades vecinales de la capital riojana. La hora, por supuesto, no podría ser otra: las ocho de la tarde.

«Ha sido muy gratificante», cuenta Díez, quien fue uno de los que se asomó todos los días tras los aplausos a su ventana con su flauta, su dulzaina o su saxofón para alegrar a sus vecinos. «Empecé el primer día a tocar. Solo se asomaron unos poquitos, pero en seguida comenzó a asomarse toda la plaza y empecé a recibir mensajes. Hasta que propuse el 14 de abril hacer una fiesta con globos y disfraces y que me hicieran peticiones de canciones a través del correo electrónico», rememora con una sonrisa.

«Ese mes y medio fue muy intenso. Después nos hemos ido encontrando por la calle y muchos me han parado diciendo que viven al fondo». «Ha sido compartir emociones y sensaciones. Todos me han dicho lo bonito que ha sido juntarnos a las ocho». Este domingo, por fin, compartirá balcón y música con sus compañeros. «Llevamos colaborando muchos años. Son profesionales». Dos horas de ensayo y su complicidad han sido suficientes. «Va a ser una explosión de ganas».

Alumnos de Piccolo y Saxo durante un ensayo. /Foto: Nuria Pajares

Desde la propia escuela, los alumnos también pusieron su granito de arena para amenizar el confinamiento elaborando vídeos desde sus casas. «Coros, orquestas, agrupaciones, combos…», enumera su director ante el laborioso trabajo de cuadrar todos los sonidos en una sola pieza. «Se les mandaba la base, todos se ponían sus auriculares y se grababan con el móvil en vídeo. Lo recibíamos e intentábamos ir juntando. En el caso de la orquesta, por ejemplo, hay casi cincuenta instrumentos». No es la primera vez que estos artistas muestran su solidaridad, habiendo ya actuado para ASPACE, Gotas para el Níger, FARO o Intermón.

En este concierto los diecinueve músicos que actuarán en San Bartolomé han tenido que elegir su repertorio entre temas clásicos de jazz y pop. «La cantante Terela Gardín ha elegido seis. Va a sorprender cómo suena, la fuerza que tienen es que son temas fáciles de escuchar y de disfrutar», explica Díez.

La canción que no podía faltar la tenían todos clara: Low Rider, de Paul Clark, himno de la academia. «Desde que se abrió la escuela hace veintiséis años, los alumnos han querido tocarlo. Le mandamos un correo a Clark con un vídeo interpretando su canción desde el confinamiento y nos respondió a la hora con una carta preciosa», agradece. «Nos dijo que, cuando uno hace una partitura es papel pero es cuando los músicos la interpretamos cuando tiene sentido».

Asimismo, como regalo a sus alumnos, interpretarán en primicia «Ante la adversidad», un tema especial con ritmo funky compuesto por Andrés Díez, hijo del director. «Junto a la adversidad, siempre queda la música», reivindica Díez tomando como referencia un verso de la canción. «Creo que ha roto la rutina de todo el mundo en sus casas».

La música de Piccolo y Saxo sigue sonando 

La semana del 11 de marzo, con el cierre de los centros docentes, Piccolo y Saxo se inició en la docencia online por videollamada, manteniendo al ochenta por ciento de su alumnado. «Puedo decir que ha sido un éxito de respuesta y de la progresión del alumnado. Al estar en casa, han estudiado mucho más».

«Me han llegado mensajes de agradecimiento de los padres de los alumnos más pequeños. Para sus hijos ha sido el momento esperado. Era salir de casa a través de su cámara y su pantalla, entrar en contacto con sus compañeros, cantar canciones…», cuenta Díez. De vuelta al curso que viene, el director piensa en una nueva posibilidad: la asistencia a las aulas con una placa de fibra de metacrilato menos para los alumnos más pequeños: «Ahí tiene que haber contacto, abrazos».

«Estamos contentos por la forma en la que ha acabado el curso. En septiembre veremos cómo va todo», dice con incertidumbre. «Gracias a ese ochenta por ciento la academia sigue viva».

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