La Rioja

Bastida: «Tuve que bajar a un fallecido de su habitación al coche de la funeraria»

Catalina Bastida ha sido probablemente la alcaldesa más reivindicativa de La Rioja con respecto a la crisis sanitaria. Desde Autol y desde el escaño que ocupa en el Parlamento, no ha parado de pedir que los mayores fuesen trasladados a los hospitales. Y es que ella gestiona la residencia Nuestra Señora de Yerga, cuya titularidad recae en el Ayuntamiento de la localidad. Enérgica y tenaz, se emociona aún recordando alguno de los peores días de esta crisis sanitaria que tanto dolor ha causado en toda La Rioja y también en su municipio.

– ¿Cómo le pilla la pandemia a Catalina Bastida como alcaldesa?

– Nos pilla a todos desprevenidos. El 12 de febrero yo confiné a una persona en Autol. Venía de China. Yo ya vi lo que pasaba. Fui al consultorio, llamé al 112, llamé a Logroño… nadie me decía nada. Venía del foco de China y nadie sabía cómo actuar. Llevaba un mes confinado en China y le hice quedarse aquí otros quince días. Nadie le preguntó. Nadie le llamó. Nadie le hizo seguimiento excepto yo. No había protocolos. Le decían que podía hacer la vida normal. Tampoco hubo instrucciones para los jóvenes que vinieron de Italia. Muchos veíamos cosas desde febrero, pero… Yo no evité que se celebrase el Día de la Mujer (8-M) porque me hubiesen tachado de… vete tú a saber.  Lo que sí hice fue evitar una manifestación que había de UGT el día 14 de marzo. Me costó varias llamadas a la Delegación de Gobierno, pero ya se lo dije: «Si no lo evitáis, me planto en la plaza y me encargo yo de que no se haga». No me puedo creer que antes del estado de alarma no hubiese ningún tipo de información o de alerta, que nos dieran la opción a los ayuntamientos de poder suspender actos y tomar medidas. Nos ha pillado desinformados, totalmente desinformados. Nadie nos dijo lo que íbamos a pasar. Esto iba a ser como una gripe. Si nos hubiesen dicho que iba a haber miles de muertos… no hubiese habido tantos. No se ha prevenido ni se ha coordinado.

– ¿Qué medidas tuvo que tomar como alcaldesa?

– La residencia la cerré cuatro días antes de que llegase la orden de la Consejería y, sin embargo, entró el virus. A los trabajadores no se les hizo el test hasta el 22 de abril. Además, hicimos acopio de material desde que vimos que la cosa se ponía fea. Vacié todas las empresas que había a mi disposición para que me ayudarán. Me dieron lo que tenían: buzos, batas, mascarillas, calzas. Soy la presidenta la de Mancomunidad del Cidacos y me encargué de dar material a mis trabajadores (incluidos los de la residencia) y a los trabajadores de la mancomunidad. No les ha faltado de nada. En Autol se empezaron a hacer mascarillas desde el primer momento. Al principio, cien al día. Luego doscientas. Nos dieron telas desde Calahorra y la gente empezó a coser. Las primeras mascarillas de Autol eran de Ágata Ruiz de la Prada porque fueron las telas que nos dejaron. Repartimos guantes, llevamos a otras mancomunidades, me llegaron a llamar del hospital de Calahorra para que bajase material, mandé calzas a la residencia de Arnedo… llegó un momento en que ya no podíamos surtir a más gente. El acopio era para nosotros y para la mancomunidad. Hasta el 3 de abril no llegaron las primeras EPI a la residencia desde el Gobierno de La Rioja. Desde el 14 de marzo… Además tuve a mi secretario un mes de baja y no sabía qué cosas tenían que ir por Pleno o cuáles por comisión, así que he hecho más decretos que Pedro Sánchez.

– ¿Catalina Bastida ha sido quizás la voz más crítica de esta pandemia?

– No se si he sido la voz crítica, pero sí he sido la voz más alta con el tema de las residencias. Yo hablaba con la consejera de este tema dos y tres veces al día. Al principio eran llamadas para organizarnos. Terminaron siendo llamadas de auxilio. Veía que se estaba empezando a morir la gente y no los derivaban a los hospitales. Luego dejé de llamarla.

– Esa ha sido una de sus principales reinvindicaciones

– Yo creía que todo el mundo que se puso enfermo se tenía que haber llevado a un hospital como se ha hecho toda la vida. En la residencia de Autol, si un abuelo se pone enfermo, se ingresa, lo reviven y de vuelta para casa. Así ha sido toda la vida. Después de mi carta a Concha Andreu, se ingresó a dos personas. Antes a ninguno. Es verdad que hubo una muerte antes en el Hospital de Calahorra, pero esa persona había sido ingresada antes del estado de alarma y antes de que las residencias fuesen tuteladas por la comunidad. Si hay un muerto con COVID en una residencia, lo normal hubiese sido hacer test a todos los residentes. Era 21 de marzo. A partir de ahí no se produce ningún ingreso hasta el día de la carta a la presidenta. Se dijo que yo había criticado que trajesen a pacientes de Soria, que alguien titulase eso fue deplorable. Yo quería que a mis abuelos los llevasen al hospital que para eso la consejera decía que teníamos músculo suficiente.

– ¿Cuál ha sido el peor día para Catalina Bastida?

– Yo he estado presente cuando a todos los abuelos se los han llevado de la residencia. Me quedaba en la calle, pero allí estaba cuando la funeraria se los llevaba. El segundo fallecido de la residencia lo tuve que bajar yo de su habitación hasta el coche de la funeraria porque los trabajadores de la funeraria se negaban a entrar. A las trabajadoras de la residencia las habíamos convertido en médicos y en enfermeras. No podíamos consentir que también fuesen personal de funerarias. Si unos no subían a la habitación y otras no bajaban, alguien tenía que sacar a la abuela hasta el coche, así que mi concejala y yo nos pusimos las EPI y nos bajamos a por la abuela porque lo siguiente hubiese sido que la UME se encontrara a los abuelos fallecidos en las habitaciones y ese será uno de los motivos por los que se los encontraron en Madrid. Las funerarias no subían a las habitaciones. Pregunté por qué a las casas subían y a las residencias no y la contestación con la que me encontré fue: o me baja a la fallecida o nos vamos. No nos dejaron ni su camilla.

– Es duro recordar esas cosas

– Sí porque estábamos hablando de fallecidos, de personas, de nuestros abuelos. Ha sido mucho dolor, mucha impotencia. Detrás de esos abuelos había mucha gente, muchas personas. Cogí a la abuela, la metí en sus dos sacos como mandaba el protocolo y la puse en una camilla, que no había forma de manejarla porque pesaba muchísimo. La bajamos como pudimos y así se la llevaron. Estaba dispuesta a seguir así, pero al día siguiente llamé a otra funeraria. Al principio se resistían, pero al final accedieron a subir a por los abuelos. Lo hice una vez y lo hubiese hecho mil. Pero ha habido muchos momentos malos. He visto sufrir a mi gente y a muchas familias. Aquí hubo un día que se nos murieron tres abuelos.

– ¿Cree que hubo alguna orden de que no se enviase a personas mayores a los hospitales para no colapsar el sistema?

– No. Creo que el problema fue que no se tomaron decisiones. Sí que he visto un informe del 5 de marzo que decía que a los abuelos había que tenerlos el mayor tiempo posible en sus habitaciones. Yo no entiendo de esas cosas. Yo creo en las decisiones. Si la residencia hubiese estado en mis manos, mi decisión hubiese sido que todos iban al hospital. Y de hecho la que fue al hospital está viva. Les dije «o la deriváis o la bajo yo con mi coche». Y está viva. Si no la hubiesen derivado la hubiese cargado en mi coche y la hubiese bajado yo al hospital. Y que tenga alguien valor de no ingresarla… Pero la ingresaron. A mí Ana Santos me llamó Judas en sede parlamentaria. Ya le dije: «Vamos a tomarnos un café sin que a ti nadie te diga que me llames Judas y sin que a mí nadie me diga que te hable de muertos. De tú a tú». No me gustó nada lo de Judas. Hay mensajes guardados. Me escribió Juan Calvo, el médico de Podemos, para decirme: «Tú que eres fuerte, llama a gerencia del Hospital de Calahorra». Él tampoco estaba de acuerdo con lo que estaba pasando. Siempre he creído en la buena voluntad de Ana Santos, pero es que con voluntades no se salvan vidas. Yo fui la que le dije a Ana Santos que utilizase al personal de los centros de días en las residencias, que estábamos teniendo unos problemas monstruosos de personal. Sin hacerles test, en cuanto una de mis trabajadoras le dolía la cabeza, la mandaba a casa sin saber si tenía COVID o no.

– Y esos problemas de personal, ¿cómo se solventaron?

– Se ha contratado a mucha gente, pero yo ya tenía todo preparado para entrar a trabajar. Le dije a la directora que no se preocupase que no iba a haber vacantes sin cubrir y si no hubiese encontrado gente hubiese subido yo a trabajar allí. Yo no soy auxiliar, pero sé limpiar. Con lo cual, las que limpian que saben tratar a un abuelo porque llevan tiempo viéndolo hacer hubiesen cuidado a los abuelos y yo me hubiese puesto a limpiar. Ya estaba todo preparado por si había que hacerlo. Nos fallaron las cocineras y se nos prestaron desde el restaurante Coliseo de Calahorra a cocinar para la residencia. Estuvo quince días. Nos hemos apañado, pero nos hemos encontrado solos.

– ¿Y luego llegó un requerimiento a su residencia?

Sí, llegó un requerimiento político. Vergonzoso. Era Domingo de Pascua. Nos dijeron que nos había llegado un requerimiento, pero como era fiesta nosotros no tuvimos acceso a él hasta el martes porque eran días festivos. El lunes de Pascua sale Chus Del Río (portavoz del Gobierno) en una rueda de prensa diciendo que gracias a esos requerimientos se habían tomado medidas. Casi me da un infarto. No se tomó ninguna medida porque no había ninguna medida que tomar. Nos decían que la Unidad Militar de Emergencias (UME) había dicho que no estábamos utilizando bien las EPI. Yo llamé a la UME y me dijeron que eso era mentira. Así que vamos a pedir ese informe oficialmente. Qué casualidad que nos hicieran un requerimiento a mí y a Sagrario Loza, las dos que estábamos siendo más reivindicativas. ¿Cómo no las mandaron a Los Jazmines o a Santa Justa? En mi residencia ha habido once fallecidos, pero en La Rioja ha habido más de doscientos, que son muchos. Ellos eran los que tenían que haber hecho test y no hicieron. Ellos eran los que tenían que haber enviado EPI a tiempo y no las enviaron. Ellos eran los que tenían que haber sectorizado y no lo hicieron. Y me mandan el requerimiento a mí. Yo ofrecí el hostal del municipio para haber pasado allí a los abuelos negativos… aún estoy esperando una respuesta. Tenían que haber hecho test constantemente a las trabajadoras. Cuando el 22 de abril se hicieron en esta residencia los test, salieron siete con COVID con test PCR. Es una barbaridad. Nosotros desde el ayuntamiento hemos hecho test serológico a todos los trabajadores.

– También se le echó en cara que entraba y salía de la residencia a su antojo.

– Eso es mentira. Subí el día del muerto y se acabó. Iba todos los días. Por la mañana, por la tarde y por la noche… pero me quedaba en la puerta. Y sigo yendo. Pito con el coche, la directora sale y hablamos. Jamás he subido a la residencia. Sólo el día que me tocó bajar al muerto. Y lo volvería a hacer mil veces.

– Muchos optan por la opción de medicalizar las residencias.

– Lo he dicho siempre: las residencias no son hospitales. Me niego rotundamente a medicalizar una residencia porque las residencias son moradas. Son lugares amables. En las residencias se cuida a las personas, en los hospitales es donde se las cura.

– Otra de sus reivindicaciones ha sido la falta de datos por municipios.

– Es que ha habido silencio total. Nos dicen que no daban datos por no crear caos, pero no nos daban datos porque no les daba la gana. Porque eran demoledores. Aún me dijeron: «Ni se los hemos dado ni se los vamos a dar porque los datos en sus manos son una bomba de relojería». ¿A ti te parece normal?

– Catalina Bastida también ha sufrido COVID-19

– Sí, yo también he tenido COVID. Es lo que tiene estar en primera línea. No me enteré y estuve en mi casa malísima. Llame al médico tres o cuatro veces y no vino nadie. Empecé el lunes y el viernes me fui a Logroño a un seguro. Tampoco me atendieron y el miércoles volví a trabajar sin saber si era COVID o no. Debía ser porque me han salido anticuerpos hasta en el carnet de identidad.

– Autol ha sido uno de los municipios más afectados en La Rioja Baja, aunque hay que tener en cuenta que poca gente pudo dejar de trabajar.

– Efectivamente. No se ha parado de trabajar ni un minuto. Autol ha sido parte de la cadena alimentaria, Autol ha dado de comer a mucha gente en España. No se ha parado ni un segundo. Aquí ha trabajado todo el mundo desde el principio.

– ¿La desescalada ha sido lo mas caótico?

– Nos han vuelto locos. Ha habido mucha confusión. Nos decían: no podéis hacer esto, pero tampoco nos daban una solución. Lo mismo pasó con los agricultores y la limpieza con los tractores. La UME no llegaba a todas las calles de Autol ni todos los días. Cada vez que los agricultores salían a limpiar, psicológicamente daba tranquilidad al municipio. Hemos estado muy confundidos. Si nos hubiesen sacado féretros en las imágenes, ahora la gente se lo tomaría más en serio. Esto no ha sido una fiesta y lo que nos viene ahora también va a ser muy grave. Es muy bonito decir: vamos a trabajar para que nadie se quede atrás. Pero es que ya hay gente atrás y más que se van a quedar. Y el gobierno con decir que la oposición crispa lo tiene todo solucionado, pero no es así. Cuando se cuenta la verdad, la gente está más tranquila. Pero de momento no conocemos la verdad. No sabemos si tenemos 27,000 muertos o 50.000. Yo quiero la verdad porque con la verdad a mis vecinos les podré justificar mejor porqué no abro las piscinas… pero claro si los vecinos han estado celebrando cumpleaños por los balcones, pues es más difícil ahora decirles que no tienen piscinas.

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