La Rioja

Oleada de robos de terneros en la sierra: «Aquí tenemos lobos de dos patas»

Mientras unos han guardado el confinamiento con buena letra, otros lo han aprovechado para lucrarse a costa de terceros. Desde que se relajaron las medidas de movilidad los ganaderos de Castroviejo han sufrido una oleada de robos de terneros recién nacidos, en concreto, calculan que cerca de unos diez.

«Los implicados son gente bien entendida en ganadería, porque se los llevan cuando todavía no puede correr para engordarlos durante cinco o seis meses y luego venderlos de forma ilegal. Distraen a las vacas que los protegen, las encierran en las cuadras que hay por la sierra y meten a los terneros en los vehículos», apunta el alcalde del municipio y también ganadero, José Domingo Ceniceros.

Los alrededores de la presa de Yalde y la ermita de Las Santitas, «abarcando un radio de unos diez kilómetros», es donde actúan estos grupos de personas, «por las noches y durante el fin de semana, sobre todo los domingos, cuando la gente se vuelve a la ciudad», apunta. «Los ganaderos de las Viniegras dicen que aquí no nos pega el lobo, pero aquí lo que tenemos son lobos de dos patas».

El alcalde de Castroviejo asegura que son «gente de la zona que es o ha sido antes ganadera porque saben manejar a los animales y que cuenta con cuadras o instalaciones viejas e ilegales para albergar a las piezas hasta venderlos, luego se los reparten entre ellos o bien los venden».

«Sus compradores creemos que son musulmanes que demandan este tipo de piezas para matarlas ellos mismos sin un matadero ni una carnicería de por medio», indica Ceniceros alegando que ya antes ellos mismos han atenido a estas personas que demandaban terneros para matarlos bajo sus tradiciones.

Valle de Yalde.

Los ganaderos del Valle del Río Yalde ya han puesto en conocimiento de la Guardia Civil lo sucedido durante el último mes, pero el problema se encuentra en que dichos animales carecen de un bolo o chip de identificación, como los que poseen los corderos, por lo que, en caso de localizarlos, es complicado averiguar a quién pertenecen.

«Muchos se los llevan sin crotales, por lo que tampoco están marcados. Me canso ya de pedirle a la Administración que  permita incluir un microchip en las vacas y terneros porque  estos tiene un valor de 500 euros y una vaca, el de diez ovejas. Al menos para poder recuperar a nuestros animales en el caso de que aparezcan en algún sitio», reclama Ceniceros.

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