La Rioja

Pablo Aranda: «En la política a pequeña escala no se refleja la crispación nacional»

A Pablo Aranda, alcalde de Alcanadre, le pilló la decisión de cerrar los colegios el 10 de marzo trabajando. Salió de su puesto de trabajo, perdió esas horas de su sueldo y se volvió a Alcanadre a organizarlo todo. Desde ese momento hasta hoy han sido miles de horas de trabajo y de desvelos por estar a la altura de la situación que le tocaba vivir como alcalde de su municipio. Entregado a ayudar en todo lo posible y ahora orgulloso de pertenecer a la Mesa para la desescalada rural de La Rioja, hablamos unos minutos con él sobre cómo han pasado el pico de la pandemia y qué retos se afrontan ahora desde los municipios pequeños.

-¿Cómo os pilla en el ayuntamiento la llegada de las primeras medidas para paliar la curva provocada por el COVID-19?

– A mí personalmente me pilla trabajando. Dejé todo y me volví a Alcanadre, la consejera de Salud había decretado el cierre de los colegios, pero en Alcanadre además tenemos Escuela Infantil y había que tomar decisiones. Al Ayuntamiento de Alcanadre, como creo que al resto, nos pilla de sopetón. Era algo nuevo que nunca habíamos vivido y el reto era enorme, pero creo que supimos actuar en una situación tan complicada. Decidimos cerrar todo ese mismo día. Nos reunimos con AMPAS, trabajadores, asociaciones y entre todos tomamos la decisión. Quizás nos precipitamos o, quien sabe, quizás evitamos que el virus se propagase por el municipio. La gente lo entendió perfectamente y eso es de agradecer. Se cerró el Hogar y su servicio de bar, la casa de cultura… creo que le ganamos tres o cuatro días a la pandemia.

– La realidad es que en Alcanadre ha habido pocos casos. ¿Ha sido fácil que el pueblo cumpliese con las medidas de confinamiento?

– Es verdad que en Alcanadre hemos tenido cuatro casos, pero la mitad era de gente que está empadronada y no vive aquí. En el pueblo hemos tenido un par de ellos en personas muy jóvenes y de forma totalmente asintomática. Hay que agradecer a esas personas y a sus familias su responsabilidad y su buen comportamiento y al resto del municipio lo mismo. La gente entendió desde el principio que teníamos que ir todos a una, que aunque no hubiese prácticamente casos había que seguir las indicaciones de las autoridades, y así fue. Tener cuartel de la Guardia Civil también fue positivo en nuestro caso porque ellos han sido los encargados de solventar dudas y de educar a la gente en la responsabilidad.

– Una de las medidas que se tomó fue la contratación de una empresa para desinfectar el municipio. 

– Sí, han venido cada viernes durante nueve semanas. Sabíamos que la UME lo estaba haciendo en los municipios, pero entendíamos que a lo mejor no llegaban a todo y por eso tomamos esa decisión. Al principio, como muchos otros municipios, pensamos en que fuesen los agricultores los que lo hiciesen, pero hablamos con Delegación de Gobierno y nos pidieron que descartásemos la idea. No querían tener a la gente por la calle y era preferible que lo hiciesen profesionales. Nos dimos cuenta de que llevaban razón y no estábamos por la labor de poner en peligro a nuestros agricultores. Así que se lo explicamos y aunque había gente dispuesta a hacerlo, lo entendieron muy bien. Ahora que la cosa está más tranquila esa limpieza la hacen los operarios municipales además los retenes de forestales han venido durante este tiempo varias veces, cosa que agradecemos enormemente.

– También se han tomado ya medidas económicas.

– Antes de que terminase marzo tomamos varias decisiones. Entre ellas suspender el cobro de varias tasas durante todo este año para que las familias, PYMES y empresas de la localidad puedan mantener, en la medida de lo posible, el poder adquisitivo en esta situación de crisis sanitaria. En concreto han sido la tasa de agua, alcantarillado y basura. También anulamos el pago de la tasa anual de utilización de vía pública para terrazas para todos los bares y restaurantes.

– Como alcalde ¿qué miedos le surgieron?

– Mi mayor preocupación era hacer todo bien. Siempre quieres hacerlo bien pero en este caso era fundamental no tomar una decisión en falso. Me preocupaba mucho que mis decisiones pudiesen afectar a la salud de mis vecinos. No estar a la altura era mi mayor preocupación.

– ¿En qué consistió el trabajo de esos días?

– Intentamos que la gente cumpliese las normas de forma tajante, además fuimos haciendo actividades para que la gente estuviese entretenida en casa y que así no se les pasase por la cabeza salir de casa.

– Alcanadre limita con Navarra. A cuatro kilómetros está Lodosa, localidad con la que su municipios tiene grandes relaciones. ¿Cómo se lleva no poder pasar al otro lado del Ebro?

– Pues al principio la gente no lo entendió: se podía ir a Haro pero no a Lodosa donde hay muchos familiares o se suelen hacer algunas compras. Lo explicamos bien y la gente entendió que era la única forma de no poner en peligro ni a Alcanadre ni a Lodosa. Ahora lo llevan con más resignación.

– Personalmente, usted también tiene relaciones personales en Navarra. ¿Cómo se lleva eso de no poder pasar?

– Efectivamente, mi pareja es alcaldesa de un pueblecito de Navarra además de sanitaria. El 7 de marzo comí con ella por última vez y allí ya decidimos que no era conveniente pasar ni ella a Alcanadre ni yo allí. Desde entonces no nos hemos visto. No es fácil, pero es lo que toca en estos momentos.

– Hace unas semanas lo llamaron desde el gobierno regional para participar en la Mesa para la desescalada rural de La Rioja junto a otros quince alcaldes. ¿Cómo se tomó esa llamada?

– Para nosotros (creo que yo estoy allí representando a todos mis vecinos) es un reconocimiento y también una responsabilidad. Me parece una idea estupenda que se cuenta con los municipios pequeños para estas cosas.

– ¿Y ahora qué?

– Pues personalmente creo que esto lo tenemos que ver como una oportunidad para los municipios pequeños. Puede ser una tabla de salvación. En estos municipios casi no ha habido casos y puede haber mucha gente que quiera venir pasar el verano o incluso a vivir. Hay que aprovechar la oportunidad que nos brinda esta situación. Habrá que tomar medida para dar servicio a la gente que llegue y ofrecerles servicios de calidad, favorecer el acceso a la vivienda para que pueda venir gente que no ha venido nunca. El reto está en que esa llegada sea con la mayor de las seguridades, tenemos que ser muy responsables.

– ¿Las decisiones ahora se toman en décimas de segundo?

– Es que la pandemia no lleva los mismos ritmos que la administración ni la sociedad en general. Lo que ayer valía hoy no vale y hay que tomar esas decisiones a otro ritmo. Nosotros lo tenemos claro. Lo primero es la salud, después poder echar una mano a esas personas a las que les va a afectar más la crisis que se nos viene encima y después todo lo demás.

– ¿Qué es lo que más agradece de estos días vividos?

– Pues lo primero la cercanía del gobierno autonómico, también tengo que decir que quiero creer que cualquier otro gobierno hubiese actuado en el mismo sentido. No ha habido llamada que no haya sido respondida. A cualquier hora, cualquier día, con cualquier persona. Desde la presidenta hasta cualquier consejero siempre han estado a nuestra disposición. Nosotros queríamos ofrecer información veraz y la única forma de hacerlo es que ellos nos la diesen. Nunca ha habido ningún problema.

– ¿Y lo que más ha echado de menos?

– La unidad política a nivel nacional. Por otra parte tengo que decir que en la política a pequeña escala no se refleja esa crispación. Estos días he tenido contacto con los alcaldes cercanos de cualquier partido y todo ha sido unidad, tirar juntos del carro, intentar aconsejar, ver lo que había hecho uno para seguir en la misma línea si le había ido bien. En la Mesa para la desescalada rural estamos 16 alcaldes, cada uno de un partido, y todos hemos ido con el propósito de arrimar el hombro. Fue impresionante ver que todos íbamos en la misma línea y eso lo tiene que saber también el ciudadano.

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