Crisis del Coronavirus

La reapertura de las piscinas, a debate entre los ayuntamientos riojanos

Todavía no hay una fecha fijada para la reapertura de las piscinas municipales, pero el Ministerio de Sanidad ya ha publicado un protocolo de seguridad. Entrará en vigor «única y exclusivamente» cuando el plan de transición hacia esa “nueva normalidad” lo permita. La ventilación, así como la limpieza y posterior desinfección se presentan como aspectos claves para poder volver a usar estos espacios.

La última decisión, en el caso de las piscinas municipales, la tienen los propios ayuntamientos. Hay posturas contrapuestas entre unos y otros respecto a si es factible o no abrir. Varios municipios de La Rioja Baja y de la comarca alta del valle del Cidacos coinciden en que «es una temeridad preparar las piscinas para esta temporada». El alcalde de Arnedo, Javier García, considera que «lo importante es encontrar el equilibrio entre cuidar la salud pública y reactivar la economía. En este caso, la reapertura de las piscinas no ayuda en ninguna de las dos cosas».

Un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) descarta el riesgo alto de contagio en el agua. Los desinfectantes utilizados, como el cloro, harían difícil la supervivencia del virus. Sin embargo, García insiste en que el vector de contagio se encuentra, precisamente, fuera del agua. El contacto con barandillas, mobiliario, papeleras y espacios cerrados como vestuarios o aseos. «Tras dos meses con los colegios y comercios cerrados, ¿vamos a dar un paso en falso y correr el riesgo de volver a provocar un rebrote?».

«Si el Gobierno de España cree que este es un servicio esencial, ha de dotarnos de recursos para ejercer control y poder sostener la brecha económica que conlleva, así como responsabilizarse de las consecuencias que tenga a medio plazo en la salud pública y del trabajo y presión que va a conllevar a lo empleados de la instalación trabajar bajo estas condiciones», sentencia García.

El alcalde de Arnedo, además, recalca que este servicio, «deficitario» en condiciones normales, «va a ser una ruina para los ayuntamientos» en una situación de crisis sanitaria y económica sin precedentes. «Va a haber más miedo y eso va a frenar a la población a la hora de acudir a estos focos. Eso sin tener en cuenta que el dinero que se invierte en la reapertura de las piscinas se podría destinar a comprar más mascarillas o facilitar más ayudas de carácter social», apunta.

García pide que exista consenso entre los ayuntamientos riojanos, aunque la opinión inicial de no abrir es generalizada. El alcalde de Torrecilla, Sergio Martínez, defiende su postura «bajo un criterio de salud pública» y reseña que «no se abrirá a menos que la situación cambie drásticamente». El consistorio camerano ve «complicado»cumplir con las recomendaciones y restricciones de seguridad en estos espacios, aunque las labores de acondicionamiento y reparaciones de las instalaciones se llevarán a cabo independientemente de la decisión final.

Son ya varios los municipios que están «trabajando en la puesta a punto de las piscinas», aunque a la espera de recibir órdenes directas. El alcalde de Nájera, Jonás Olarte, coincide en la «dificultad de controlar las medidas de seguridad, como el aforo o la desinfección de las zonas verdes». «Si no hay una orden directa por parte del Gobierno, los ayuntamientos vamos a tener que cargar con toda la responsabilidad y en esta cuestión sanitaria hay que ser cautos», reseña. Olarte recuerda también el «agujero económico en el van a caer los consistorios en el caso de abrir».

Desde Cornago, el alcalde Jesús Ángel Rezola tampoco lo tiene claro, aunque su decisión depende en parte de «esa gente que no es del pueblo, que en verano suele ser mucha, ya que lo importante es controlar esos movimientos desde el origen». Sergio Tudelilla, alcalde de Alberite, sí mantiene su propósito de abrir, «siempre y cuando las condiciones de salud y los límites de aforo lo permitan». Los municipios del Valle del Iregua se han reunido esta semana y todos ellos coinciden en «hacer lo que establezca el Gobierno, pero actuando todos los pueblos al unísono, al menos los de esta zona».

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