Crisis del Coronavirus

La fuerza de ‘Caparrón’: supera el coronavirus con más de 100 años

Domingo Miguel Ruana supera el coronavirus con más de 100 años

Cuando el pasado 20 de diciembre Domingo Miguel Ruana sopló de forma simbólica las cien velas de su tarta de cumpleaños, cualquiera podría pensar que ya había hecho más por reforzar su espíritu de supervivencia que el común de los mortales. Convertirse en centenario es una meta solo accesible para algunos privilegiados, que logran sortear los obstáculos que la enfermedad pone a nuestro paso, pero los genes de Domingo no se daban entonces por satisfechos.

Ninguno de los asistentes a la fiesta de su cumpleaños podía entonces imaginar que Haro y, en particular, su residencia iban a plantar batalla a la emergencia sanitaria más severa que Domingo había conocido en sus cien años de vida, y eso que nació en plena incidencia de la ‘Gripe española’. Ni la Guerra Civil, que le sorprendió a las puertas de la mayoría de edad, ni las penurias de la posguerra fueron comparables con la pandemia que en los últimos dos meses ha azotado con especial virulencia a Haro y su comarca. Para más inri, con las personas mayores como colectivo más vulnerable, pues los usuarios de residencias de ancianos acaparan más de la mitad de las defunciones por COVID-19.

A este vecino de Castañares de Rioja la epidemia, conocido cariñosamente como ‘Caparrón’ le sorprendió, como a otro centenar de personas mayores, en la residencia Viamed Los Jazmines de Haro. El foco identificado en la capital riojalteña a principios de marzo y su exponencial expansión al resto de la comarca propició que los centros sociosanitarios se pusieran en guardia ante la amenaza en ciernes. Las medidas adoptadas por los responsables del centro, en coordinación con las autoridades sanitarias, permitió contener el avance de las transmisiones entre residentes, sin evitar que varias decenas de ellos cayeran enfermos por coronavirus, pero Domingo estaba dispuesto a plantar batalla.

«El marzo le hicieron el frotis (test PCR) y dio un resultado negativo», explica su hijo, que aún no sale de la sorpresa por lo que iban a deparar los acontecimientos. Cuando la Consejería de Salud ordenó que se intensificasen las pruebas en los centros sociosanitarios con pernoctación, los resultados de las analíticos confirmaron que Domingo está hecho de otra pasta: «La semana pasada le practicaron un test serológico y su resultado ha sido positivo, pero mi padre no ha experimentado síntomas compatibles con la enfermedad en ningún momento, lo que significa que ha desarrollado anticuerpos».

Al recibir la noticia, su familia se sumió en un cóctel de sensaciones. «Por encima de todo, lo recibimos con alegría porque significa que ha superado la enfermedad, pero al mismo tiempo existe la lógica preocupación por saber que ha estado en contacto con el virus», señala su hijo, también llamado Domingo. «La preocupación viene por saber la edad que tiene el hombre y porque con todo lo que ha pasado llevamos dos meses sin poder visitarle», añade.

El secreto de la «buena vida»

Los familiares del centenario confirman la capacidad de resistencia de su ser querido, que «siempre ha sido una persona muy sana, que ha tenido algún achaque pero poco más». De hecho, su hijo asegura que «nunca ha tomado medicamentos y ahora, con más de cien años, no toma medicinas porque no las necesita». Alguna pequeña dosis de tranquilizantes para ayudar a conciliar el sueño de forma muy puntual es todo cuanto consta en su historial clínico.

¿Cuál es el secreto para pasar inadvertido a la enfermedad? Su hijo no lo tiene claro, pero sospecha que la clave radica en «la buena vida». Darle a las cosas su importancia precisa y evitar disgustos innecesarios han sido los dogmas vitales de este exsecretario de la Hermandad de Labradores, que ayudaba a los agricultores en sus trámites administrativos décadas antes de poder presumir de que el coronavirus no le ha provocado ni un triste catarro.

En el plano asistencial, su familia pone el foco en la capacidad de anticipación de los responsables de la residencia ante lo que estaba por venir. «Haro fue uno de los primeros focos de la epidemia en La Rioja y la dirección optó por cerrar la residencia una semana antes de que lo decretase el Gobierno. Y a Dios gracias, porque estoy convencido de que eso impidió que la situación fuera a peor», explica Domingo.

Además de eso, agradece la disposición de todo el personal de Los Jazmines para fomentar la comunicación de los residentes con sus familiares –aunque «mi padre no interactúa demasiado con la tecnología cuando se programan videollamadas»– y para mantener puntualmente informados a los seres queridos de todo cuanto sucede en el centro. «Han optado por la transparencia y no hay un solo día en que la residencia no nos envíe un correo explicándonos que ha sucedido a lo largo de la jornada». «Lo que nos transmiten ahora es que la situación está muy controlada», explica Domingo, que puede presumir de tener un padre centenario con una salud a prueba de epidemias.

Subir