Crisis del Coronavirus

Fernando Fernández, una campaña del espárrago a contracorriente

Al atardecer, algunos agricultores abandonan su jornada laboral y otros la inician. En esta época primaveral y con el cambio horario, pasadas las nueve de la noche, las esparragueras comienzan a llenarse hasta pasadas las dos de la madrugada en función del trabajo y la meteorología. Cesta en mano, toca ‘agachar el riñón’ y comenzar a recorrer los surcos para depositar el género en la cooperativa a primera hora de la mañana, una tarea «a la que pocos están acostumbrados».

Fernando Fernández, natural de Pradejón, es uno de estos «pocos» que hace cuatro años quiso recuperar este cultivo tradicional que hacía más de 25 años se había abandonado en la localidad por falta de rentabilidad pero con el que, recuerda, «creció». Bien dicho es que uno siempre vuelve a sus raíces.

Este producto también ha sufrido las consecuencias del confinamiento actual y, por tanto, las dificultades para darle salida porque, en el caso del espárrago fresco, al que se dedica Fernando, el sesenta por ciento de la producción va destinada a la restauración. En sus cerca de tres hectáreas ubicadas en el término municipal de Calahorra, suele recoger de media unos trescientos kilos por noche con la Indicación Geográfica Protegida Espárrago de Navarra.

Es otro ‘trabajador esencial’ del sector agrícola que no ha visto mermada su actividad. Su precio, en cambio, ha bajado entre un veinte y un treinta por ciento: «Al principio de la campaña, coincidiendo con el inicio del estado de alarma, nos planteamos varias veces quitar los plásticos y dejar la esparraguera porque era muy difícil venderlos»

Pero siempre hay que ver la luz al final del tunel: «Justo uno mañana que nos habíamos decidido a arrancar los plásticos protectores porque la situación cada vez era peor, sumado a las lluvias que fastidiaron mucho los cultivos, nos avisó la Cooperativa El Raso de Calahorra que había encontrado una fábrica en Mendavia que compraba los espárragos». Eso fue esta Semana Santa, por lo que Fernando y otros muchos más agricultores vieron un rayo de esperanza. «Eso sí, el precio ni idea porque seguro que se han aprovechado algo de la situación», apunta.

La escasez de mano de obra, como se viene sucediendo durante estos días en otras comunidades autónomas, es otro de los dilemas para el sector. En el caso de Fernando, este año se ha tenido que despedir de tres jienenses que solían venir en estas fechas para cubrir la campaña, pero que «por miedo y precaución han decidido quedarse». Ahora echa mano de su hijo, su hermano y un trabajador que tiene con él durante todo el año, pero es muy escéptico con las medidas planteadas por el Gobierno a la hora de facilitar empleo en el campo para los parados: «¿Quién va a venir a coger espárragos por la noche si no tiene experiencia en el campo? Aquí, además, hace falta estar preparado físicamente para trabajar a la intemperie durante los dos meses que dura la campaña».

Malas previsiones

Desde la Cooperativa El Raso, su gerente, Salvador García, asegura que al menos sus socios, «la mayoría con pequeñas explotaciones», tienen asegurada la venta de los espárragos, «aunque habrá que esperar al precio al que las fábricas y mercados los pagan porque hasta final de campaña no se obtiene ninguna retribución». Un producto que no tiene salida en las grandes cadenas de supermercados y que va directo a los mercados centrales de ciudades como Madrid, Zaragoza y Bilbao, además de las fábricas cercanas, «aunque estas tampoco pueden fabricar al cien por cien porque muchas también han reducido su plantilla».

«En lo que respecta a la calidad del producto y sus provisiones, el espárrago va a terminar la campaña con humedad suficiente y en ese sentido, muy bien. Pero los precios se prevén bastante más bajos que en años anteriores», lamenta Fernando. Además, no es agricultor de un solo cultivo y ya se acerca el tiempo de labrar y espergurar las viñas y preparar las parcelas de hortalizas de verano: «No sé lo que va a pasar dentro de diez o veinte días porque llevamos bastante retraso en el campo riojano y es ahí cuando más se va a notar la falta de mano de obra».

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